Liquidar contratistas petroleros

Por Venezuela Real - 25 de Septiembre, 2008, 10:13, Categoría: Petróleo/Energía

Heliodoro Quintero
TalCual
25 de septiembre de 2008

El Estado debe tener el control estratégico de la principal riqueza nacional; pero controlar su actividad conexa es propender a la creación del mayor foco de corrupción e ineficiencia que se pueda imaginar

La intención gubernamental de estatizar, o lo que es lo mismo, convertir al Estado en único propietario de las empresas que prestan servicios a Petróleos de Venezuela, representa una alerta adicional sobre la voracidad del Gobierno y su inequívoco deseo de controlar a su antojo toda la actividad productiva de nuestro país. Lo grave es que esta vez, las consecuencias de la estatización añadirían el único ingrediente faltante para la definitiva y total destrucción de nuestra principal industria nacional.

Es innegable (a pesar de todos los inconvenientes que ello pueda tener), que el Estado debe tener el control de una actividad netamente estratégica como la extracción y comercialización de la principal riqueza nacional; pero controlar su actividad conexa, es decir, imponer las decisiones sobre el suministro de servicios a dicha actividad es, cuando menos, propender a la creación del mayor foco de corrupción e ineficiencia del que podamos tener memoria. Y por si eso fuera poco, la carga que para el Estado representará tanto el aumento de su nómina, ya brutalmente abultada, como los costos laborales que ello implica, desembocará en uno de los peores desaciertos de esta administración.

INEFICIENCIA HISTÓRICA

Históricamente todas las empresas manejadas por los gobiernos tienen una marcada tendencia a la ineficiencia, producto y efecto de la carga burocrática que reviste el empleo público. Por ello, los esfuerzos que deben emplearse para revertirla, son dramáticamente mayores que los empleados por las sociedades en manos privadas.

Claros ejemplos hay de ello; una vez que el Estado se apropia de un bien no lo maneja en términos de eficiencia, pues el Estado es un aparato de fuerza, de coerción y represión que no da cuenta alguna de sus actos, siempre y cuando justifique tales actos como herramienta para el bien común.

Pero lo cierto es que el bien común no es el fi! n, sino el medio para conseguir otros propósitos muy diferentes, pues el Estado no sirve al ciudadano, sino que vela por los grupos de presión y por él mismo.

LOS INTERESES ESTATALES

El Estado, como hemos visto en el caso de Pdvsa, no tiene transparencia alguna; sus cuentas son oscuras y muy difíciles de conseguir. Mientras las actividades de servicios estén en manos privadas, intentarán salir bien en la foto de sus balances. Una empresa privada no vive solamente de sus cuentas, sino de la voluntad del consumidor y del dueño del capital; podrán realizar toda la contabilidad creativa que quieran, pero cuando el consumidor deja de confiar en ellas, las empresas cerrarán dando paso a otras que sepan escuchar mucho mejor a su demanda.

Las empresas del Estado, por el contrario, no tienen ningún compromiso con el consumidor directo, ni con el dueño del capital (contribuyente). O, lo que es lo mismo, en el caso del Estado la atención al cliente y la gestión del capital desaparecen para ser sustituidas por la burocracia, dejando al mercado bajo la voluntad de una especie de "reyezuelo de la producción". Cuando una empresa pública acumula continuas pérdidas no cierra, sino que se le amplía la partida presupuestaria para ayudarla. Así, se drena el dinero de los particulares.

Por ello, la gestión pública no evita el mal, sino sólo disimula la cuenta de resultados. De manera que el Estado, al no estar orientado a su propio cliente, es incapaz de compensar o equilibrar siquiera el costo con el valor final; llega un momento en el que necesita usar de su fuerza para retroalimentarse usando fuentes indirectas, tales como la creación de impuestos o aumento de la deuda. La gestión del Estado no podría nunca garantizar empresas económicamente sanas, pues su gestión se basa en el derroche y de él, sólo emana déficit e ineficiencia. Por otra parte, muestreos llevados a cabo en varios países latinoame! ricanos, entre ellos el nuestro, demuestran que el 90% de los casos de corrupción se registran en las empresas estatizadas, o en aquéllas en donde la intervención del Estado provoca las decisiones definitivas.

Es indudable que la corrupción tiene efectos sobre el desarrollo de un país, al afectar negativamente tanto la inversión como el gasto social, además de empeorar la distribución del ingreso y la eficiencia de la institucionalidad política y económica.

Venezuela presenta una tendencia negativa en términos de la corrupción en sus instituciones, pues el número y los montos de los casos de corrupción registrados en los últimos años advierten el deterioro en la honestidad con que se realiza la gestión pública.

En resumen, la avidez del actual gobierno por tomar el control de las empresas que abastecen al sector petrolero no sólo aumentará la nómina del estado, sino además desbocará los cuatro jinetes del apocalipsis económico: corrupción, ineficiencia empresarial, gasto burocrático y represión legislativa.








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