El derecho de asilo

Por Venezuela Real - 28 de Septiembre, 2008, 11:35, Categoría: Derechos Humanos

SIMÓN ALBERTO CONSALVI
El Nacional
28 de septiembre de 2008

No es extraño que los regímenes autoritarios, providenciales, dictatoriales, o como se les quiera llamar (según el catálogo de los que se fundan en la fuerza), impugnen o vulneren el derecho de asilo. No es extraño, porque si no fuera por ellos, los inquisitoriales, los intolerantes, los totalitarios, el derecho de asilo no existiría.

Hubo un momento en que fueron las iglesias los lugares donde se refugiaban los perseguidos. La antigua institución se fue perfilando como una conquista de la civilización política. Esto explica por qué el Derecho Internacional que se refiere a los derechos humanos consagra el derecho de asilo. En América Latina, desde mediados del siglo XIX, se dieron los primeros pasos para su regulación. Marcó un hito la Convención de La Habana de 1928.Vino después la Convención sobre Asilo Diplomático de 1954, en Caracas. La Declaración Americana de los Derechos y Deberes del Hombre (de 1948) establece que toda persona tiene el derecho de buscar y recibir asilo en territorio extranjero.

Algo muy semejante consagra la Convención Americana sobre Derechos Humanos de 1969. Abundan sobre la materia documentos de tanta jerarquía como la Declaración Universal de los Derechos Humanos. Entre los países latinoamericanos que han consagrado el derecho de asilo está Venezuela, acogido por la Constitución de 1999, como antes lo fue por las de 1947 y 1961.

Un breve recuento histórico podría ilustrar lo que ha sido la conducta de los gobiernos de fuerza. Meses después de haber suscrito la Declaración Americana, como jefe de la delegación de Venezuela a la Conferencia de Bogotá en 1948, Rómulo Betancourt se vio precisado a invocarla, al buscar asilo en la embajada de Colombia, a raíz del golpe militar que derrocó al presidente Rómulo Gallegos, el 24 de noviembre de ese año funesto.

Quienes derrocaron a Gallegos buscaban a Betancourt para matarlo, porque era el "enemigo histórico" y el hombre que debía ser exterminado. El odio al gran líder es un denominador común de los profesionales de golpes de Estado y de los regímenes militaristas. Ahora Betancourt es tan odiado por la cúpula bolivariana como lo fue por Pérez Jiménez.

Por feliz coincidencia, leo ahora (en sus originales) una excelente investigación de la historiadora Mirela Quero de Trinca, Un caso de asilo diplomático / Rómulo Betancourt 1948-1949.

El primer párrafo comienza como una novela de suspenso, y será el suspenso lo que dominará el proceso de asilo y la concesión posterior del salvoconducto: "Al atardecer del 1º de diciembre de 1948, Rómulo Betancourt llegó a las puertas de la Embajada de Colombia en Caracas, e inmediatamente se le concedió asilo". El ex presidente de la Junta Revolucionaria de Gobierno tocó primero las puertas de la Embajada de Suiza, pero luego fue a la de Colombia. Mirela Quero rescató viejos papeles que relatan los apremios del político para burlar a los perros de presa.

En la embajada se había asilado también Domingo Alberto Rangel. Fui a llevarle unos papeles que le enviaba su padre, y en esa ocasión vi por primera vez a Betancourt. En esta investigación histórica se registra la ruptura de relaciones de Chile con Venezuela por la demora del gobierno militar de conceder el salvoconducto a Betancourt y a los otros asilados. En febrero de 1949, la junta militar concedió el polémico salvoconducto. Había negociado la salida de Betancourt con el reconocimiento del régimen.

Los gobiernos autocráticos no conceden los salvoconductos hasta no persuadirse de que deben pagar algún precio por su burla al derecho de asilo. El caso del líder peruano Víctor Raúl Haya de la Torre, asilado en la Embajada de Colombia en Lima, el 3 de enero de 1949, luego del golpe de Estado del general Manuel Apolinario Odría, marcó época en los anales del asilo y de las maquinaciones dictatoriales.

Haya de la Torre estuvo confinado en la embajada colombiana durante cinco años y tres meses, impedido de salir de Perú por el general Manuel Apolinario, profesor y guía de un alumno muy aprovechado llamado Marcos Pérez Jiménez.

El 29 de octubre del 48, Odría dio el golpe de Estado contra el presidente Bustamante y Rivero. Ilegalizó el APRA y el Partido Comunista. Veintitantos días después, el 24 de noviembre, el alumno de Odría derrocaba a Rómulo Gallegos. Para salvar sus vidas, se asilaron Haya de la Torre y Rómulo Betancourt.

Si por Pérez Jiménez hubiera sido, Betancourt no habría salido nunca de la embajada de Campo Alegre.

Así es la historia de esta admirable institución humanitaria, adulterada, abominada mientras los todopoderosos están en el poder, pero a la cual recurren sus enemigos cada vez que el azar los sanciona. (La historia es una montaña rusa, unos arriba y otros abajo). Paciencia, Nixon Moreno, que por lo pronto salvaste la vida. ¡Paciencia, que todos los caminos conducen a Roma!.






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