Valijagate: frenesí en una sala repleta de dólares

Por Venezuela Real - 29 de Septiembre, 2008, 17:56, Categoría: Prensa Internacional

Hugo Alconada Mon
La Nación - Argentina
29 de septiembre de 2008

MIAMI.- "¡Uuuuuuuh!", exclamaron los pasajeros y la comida voló por los aires. No llevaban 30 minutos en el aire cuando el vuelo que pasaría a la historia comenzó a darles dolores de cabeza. Ruth Behrens lloró del susto, Nelly Cardozo calmó sus nervios limpiando todo y Exequiel Espinoza no volvió a hablar hasta Buenos Aires.

A Guido Alejandro Antonini Wilson, fanático de los aviones, la turbulencia le reportó problemas de otro tipo. Debió decirle adiós a su idea de conversar de negocios con Claudio Uberti durante la travesía. El referente económico de la Casa Rosada para Venezuela se concentró en una película: El Padrino.

El único que parecía divertirse era Daniel Uzcátegui, que seguía con sus flirteos con Victoria Bereziuk, la atractiva asistente de Uberti. Ante la justicia argentina ella declaró que no recuerda que el vuelo fuera agitado. Más aún, que disfrutó de un conveniente sueño. No fue así, según reconstruyó La Nacion. Y hay fotos que lo atestiguan.

El problema decisivo se daría a las 2.30. El Cessna Citation N5113S no pudo aterrizar en el sector militar, donde los aviones vinculados a Pdvsa gozaban de poco menos que una zona liberada, contaron a LA NACION fuentes del sector. Esta vez, esa zona sin escáneres incómodos estaba ocupada.

Buenos Aires los recibió con cara de pocos amigos en Aeroparque. Los pasajeros marcharon a una sala de espera, donde esperaron hasta que llegaron las valijas. Antonini primero fue al baño.

Tres fuentes consultadas por LA NACION coinciden en que hubo valijas que no pasaron por control alguno. Entre ellas, una grande que el gerente de seguridad de Pdvsa, Rafael Reiter, le dio a Uberti antes de despegar de Caracas.

La agente de la Policía de Seguridad Aeroportuaria (PSA), María Luján Telpuk, dijo a LA NACION que las valijas llegaron en una sola tanda y que revisaron todas, pero lo relativizó el jueves pasado ante la Justicia. Otros testigos coinciden en que llegaron en tandas, y dos hablaron de un juego de valijas: una grande y otra chica, la de los 800.000 dólares.

El jueves, en Miami, Antonini afirmó: "Las mujeres se quedaron fumando, mientras que los hombres cargamos las valijas", y que él volvía de llevar su propia valija y otra más, cuando manoteó el carry-on negro que Bereziuk se aprestaba a cargar. Un gesto galante del que aún debe arrepentirse.

Telpuk y las fuentes consultadas por LA NACION coinciden en que su pregunta fue simple: "Señor, ¿qué lleva ahí?". Pero difieren en la respuesta.

Ella afirma que Antonini dijo: "Libros, algunos papelitos". El testificó en Miami que replicó que no sabía. "Pero deben de ser libros porque es pesada".

-Póngala sobre la mesa.

La abrieron. Seis ladrillos de billetes de 50 dólares ocupaban toda la valija. Nada más: ni ropa ni libros. Nada.

-¿Y estos papelitos? -habría sido la irónica pregunta del oficial de la Aduana que también estaba allí, Jorge Lamastra. El le preguntó si llevaba pasaporte diplomático. "No", contestó.

Otra vez, las versiones se bifurcan. Un relato que circuló por Buenos Aires sostiene que Antonini también dijo que era "un soldado", que no diría nada y que se repartieran el dinero. Pero que el indignado agente de la PSA Daniel Ingrosso lo habría parado en seco.

La otra versión, que Antonini ofreció en Miami y anticipó a dos fuentes venezolanas de las que luego abrevó LA NACION, es distinta: que él dijo que el dinero no era suyo y que horas después encontró a Ingrosso junto a Uzcátegui manoteando dinero de la valija decomisada.

"Mientras estuvo conmigo, no dijo nada", dijo Telpuk a LA NACION.

"Sólo saludó como una persona ubicada y el muchacho [por Uzcátegui] siempre estuvo calladito. Es más: hablando con mis compañeros los días siguientes estábamos sorprendidos porque nadie lo oyó decir eso [del soldado], como apareció en los medios."

Antonini, en cambio, sí dijo que había unos US$ 60.000, pero que lo lanzó como una estimación de alguien con incontinencia verbal. Telpuk y Lamastra dicen que el "Gordo" no reaccionó indignado, buscando al real dueño de la valija. Antonini dice que buscó con su mirada a Uberti, que volvía a la terminal e hizo un gesto que expresaba "no sé" o "lo siento".

Dos de las fuentes consultadas por LA NACION coinciden en que el protagonista clave de la escena fue Lamastra. Afirman que miró hacia los autos en los que cargaban las valijas y lanzó una orden al vacío: "Paren esos autos y traigan las valijas. Hay que revisar todas". Los choferes lo miraron como si fuera de plástico y siguieron con lo suyo. Ante la Justicia y bajo juramento, Lamastra negó haber dicho eso.

Lamastra sí recuerda haber dicho a Antonini: "Acompáñeme". Juntos fueron a una oficina de la Aduana en el sector de vuelos comerciales, donde en las siguientes cuatro horas se contó y se repartió el dinero, y se redactó el acta.

Antonini se mostró locuaz. Demasiado. "Por mí, esta maleta quédensela, quémenla, háganla desaparecer. Hagan lo que quieran porque no es mía". Dijo en Miami que señaló a Uberti como el hombre al que debían llamar, sea para que admitiera los dólares como propios o para que resolviera el desmadre.

Entonces, apareció María Cristina Gallini, una mujer gordita y adormilada que le apretó un brazo. "Cállese la boca", relató Antonini que fueron sus primeras palabras. "Yo fui enviada para arreglar esto." Además de Telpuk, fue la única mujer que firmó el acta, junto con el "valijero", Ingrosso y Lamastra. Pero, pese a todo, al menos un agente de la PSA, Marcelo Veloz, escuchó las exculpaciones de Antonini. Declaró como testigo ante la Justicia, que lo escuchó clamar: "Esa valija no es mía".

LA NACION consultó a Gallini meses atrás, cuando obtuvo la primera versión disonante de la oficial. "Lo suyo es una impertinencia -replicó ante la llamada-. Formo parte de una institución del Estado. Yo declaré ante la Justicia y no tengo nada que contarle", dijo.

Para cuando llegó la firma del acta, Antonini y Uzcátegui le habían dejado dos mensajes a Bereziuk en el celular. Y el dinero ya había sido contado en otra oficina de Aeroparque. El "Gordo" no presenció el recuento, pero sí Daniel, por momentos. Salió para ir al baño, fumar y llamar por teléfono. Su celular no paró de sonar las 36 horas que siguieron.

Otra vez, las versiones difieren. En Miami, Antonini afirmó que, cuando entró a esa oficina, Uzcátegui acaparaba dólares y que luego le contó que también le había dado su tajada a Ingrosso; en Caracas, Uzcátegui da su versión de que el fue el "Gordo" quien repartió dinero.

Al hablar con LA NACION, Daniel Uzcátegui se indignó ante la pregunta de si el dinero era suyo. "¡Claro que no!" En Venezuela habló un poco más. Dijo que la gente de Aeroparque le preguntó cuánto dinero contenía la valija. Y, como no sabían, que los pusieron a ellos a contar cada fajo. De ser cierto, toda una curiosidad procedimental.

Lejos de allí, Telpuk siguió con su trabajo. Sólo la llamaron para firmar el acta. Lamastra, según cuentan, le pedía disculpas a Antonini por las molestias.

Ante LA NACION, también Lamastra se excusó de hablar: "Dije lo que sé a la Justicia. Quédese con esas tres o cuatro versiones que ya tiene de lo que pasó".

Amanecía cuando Antonini y Uzcátegui salieron del Aeroparque en un auto que condujo un chofer de Uberti. En sus habitaciones del Sofitel, reservadas por Bereziuk, los esperaban sus valijas. Al norte de allí, Uberti fatigaba su teléfono. A las 7.57 llamó por primera vez al secretario privado de Néstor Kirchner. Un minuto después, discó la quinta de Olivos. A las 9, se reunió con el Presidente. Le llevaba malas noticias.

"Tengo un poco de miedo"
•    La ex agente de la Policía de Seguridad Aeroportuaria (PSA) María del Luján Telpuk, la joven que descubrió los 800.000 dólares la madrugada del 4 de agosto del año pasado, llegó ayer a Miami para declarar en el juicio que se sigue en Estados Unidos contra Franklin Durán, un ex amigo de Guido Alejandro Antonini Wilson acusado de actuar como agente encubierto de Venezuela en EE.UU. "No es fácil estar acá: estoy en el territorio de [Antonini] Wilson; esto es nuevo para mí. Tengo un poco de miedo", dijo al llegar ayer a Miami. En su primer contacto con los medios al arribar, Telpuk agregó que aceptaría participar de un careo con el propio Antonini si se lo pidiera la Justicia.





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