Alí en Sodoma

Por Venezuela Real - 5 de Octubre, 2008, 12:09, Categoría: Gente de Chávez

MILAGROS SOCORRO
El Nacionanl
05 de octubre de 2008

Como un destello de decencia en medio de la perversa maraña oficial, el ministro de Economía y Finanzas, Alí Rodríguez Araque, hizo lo que los reporteros llamaron un exhorto al país para inducirlo a vivir en austeridad. Rodríguez Araque, sobre cuyos hombros pesa el tremendo papel de constituir la única reserva moral del régimen, la solitaria referencia de formación académica, seriedad y ascendente ético, hizo una especie de ritual de los abanicos, y en un instante mostró un atisbo de su antigua entereza para formular un llamado "a todos los venezolanos para que apliquen la política del ahorro y la austeridad".

Ese fue el rápido centelleo, como un chispazo atisbado a través de la celosía, que se permitió el ministro de Araque de clamar por un poco de austeridad en este festín de Baltasar.

Es como si un niño se hubiera detenido a recoger su docena de metras en medio de una bacanal. Muy pronto el ministro iba a reponerse de este rapto de rectitud para retomar la letanía alabadora de las políticas del Ejecutivo que, según Rodríguez Araque, tomó medidas tan sabias que lograrán mantener a Venezuela a salvo del remezón económico internacional.

Pero no quiero dialogar con el Alí Rodríguez obligado a hincarse de hinojos ante el trono, sino con el que por un momento, como un personaje de Shakespeare, se dirigió al público para susurrar una angustia que lo muerde por dentro.

Arrebatado por un momento de sensatez, Alí se condujo como los ángeles que llegan a Sodoma para tratar de detener la concupiscencia a la que se han entregado. Y le pregunto: ministro Rodríguez, ¿a quién se dirige usted en su clamor? No será a esos más de 2 millones de venezolanos desnutridos debido al desempleo y la inflación. No será a los pobres, concentrados en hacer malabarismos para sobrevivir. No será, tampoco, a la clase media empobrecida, esforzada en mantener cierto decoro en su cotidianidad, que destina buena parte de sus ingresos a la educación de sus hijos, porque sigue apostando por la preparación como vía para acceder a una vida digna. No habrá escogido, tampoco, como interlocutor a los intelectuales y profesores universitarios, exiliados desde hace años de las tratorías donde terminaban sus veladas de cine, porque si compran un libro ya no pueden permitirse esa modesta cena de tortellini confeccionados por mano experta.

¿A quién debe pedírsele austeridad en este momento venezolano? ¿Quién reparte los recursos del país, sin autorización de la Asamblea Nacional, ni de nadie, sin importarle las precariedades a que se condena a nuestra población al arrebatarle los fondos que deberían invertirse en su desarrollo y bienestar? ¿Quién tiene el poder para exigir que los millones que salieron de Petróleos de Venezuela con destino al carriel de Cristina Kirchner regresen a Venezuela? ¿Quién se ha echado al hombro a Bolivia, a la cuenca caribeña, para darles una asignación mensual de muchos millones de dólares.

Usted fue embajador en Cuba, usted sabe cuántos recursos se le han quitado a los venezolanos para regalar a Fidel Castro.

Usted sabe lo que se ha gastado en estos diez años en las recepciones de la embajada de Venezuela en La Habana.

¿Quiénes cobran comisiones millonarias hasta amasar fortunas que exhiben exultantes? ¿Es el pueblo de Venezuela? ¿Quiénes disponen de los automóviles y los aviones de la Fuerza Armada para hacer viajes a Margarita y a La Orchila con sus amigotes y sus familiares? ¿Son los taxistas, son los maestros, los bomberos, los peluqueros? ¿O serán los generalotes, los comandantes de fuerzas? Lo otro es que así como hay una austeridad en lo económico y en la administración de los recursos, también debe haber una austeridad moral. El gobierno que Alí Rodríguez representa ha dilapidado las posibilidades de bienestar de los venezolanos del presente y del futuro, pero, además, ha desbaratado el patrimonio simbólico, histórico y ético al levantar monumentos a Tirofijo, cuyo único oficio fue el crimen.

Lo más conveniente para Alí es que no vuelva a mencionar la austeridad en la casa del botarate. Podría pasarle como a los ángeles que fueron a Sodoma con la ilusión de echar un parado en aquel delirio de pecado... y terminaron asediados por los pecadores, determinados a abusar de ellos. Es decir, a sodomizarlos.





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