Odio, guerra y sangre

Por Venezuela Real - 6 de Octubre, 2008, 11:56, Categoría: Política Nacional

ARMANDO DURÁN
El Nacional
06 de octubre de 2008

El color rojo utilizado por el chavismo simboliza la sangre

Según la revista Foreign Affaires, Caracas, con 130 asesinatos anuales por cada 100.000 habitantes, es con mucho la ciudad más violenta del mundo.

Cierto que nadie puede señalar el momento exacto en que se desató la ciega furia asesina que hoy asola al país, pero no cabe la menor duda de que si bien durante los años ochenta comenzó a notarse el incremento gradual de esta escandalosa estadística, fue precisamente a partir del 4 de febrero de 1992 que el caudal de sangre derramada por venezolanos inocentes ha crecido geométricamente.

Dos factores se hallan en la raíz del fenómeno. Por una parte, la violencia física que sirvió para definir aquel frustrado golpe militar y su igualmente sangrienta continuación el 27 de noviembre. Por la otra, un discurso presidencial estructurado alrededor de tres ingredientes inadmisibles para cualquier ser humano civilizado: el odio a los otros, la guerra sin cuartel contra quien no se someta a la voz de mando del líder máximo y el rojo de la sangre como color emblemático de un proceso que arrancó en la campaña de 1998 con la amenaza del entonces candidato Hugo Chávez de arrojar al adversario político a inmensas pailas de aceite hirviente.

Lo que hoy tenemos entre manos, fruto de esas calamidades, es a un pueblo, chavista y no chavista, casual o intencionadamente colocado por el régimen en una situación de riesgo personal permanente.

A esta sistemática destrucción del anhelo universal de vivir en paz y libertad han colaborado con Chávez sus muchos ministros del Interior, empecinados desde el primer día en negar que el miedo más extremo acose al ciudadano, sobre todo si es pobre y vive en un humilde rancho. Pero esta mentira, articulada como política de Estado con una indiferencia a todas luces nada revolucionaria, no ha conseguido ocultar, ni siquiera minimizar, el hecho de que el hampa sencillamente ha terminado por adueñarse de las calles de Venezuela y de la vida de sus habitantes. Razón por la cual, todos somos, o nos sentimos, prisioneros de fuerzas diabólicas que están ahí, invisibles a ratos, pero amenazadoramente presentes a todas horas.

Si hacemos el esfuerzo siempre molesto de poner en marcha los mecanismos de la memoria, recordaríamos que al iniciarse el actual proceso político venezolano podía pensarse que su naturaleza era esencialmente revolucionaria y socialista, aunque recubierta de una ligerísima y tramposa capa de barniz democrático. Para no asustar a nadie antes de tiempo. Diez años después la realidad es otra. El odio, la guerra y la sangre, señas de identidad del sistema, han puesto en evidencia la real naturaleza del régimen, decimonónica, cuartelaria, unipersonal y absolutista, y el uso oportunista de un disfraz revolucionario y socialista para justificar, en nombre de un ideal de igualdad y justicia que nunca ha ido más allá del enunciado retórico, la intolerancia y la maldad oficiales. Se trata, como ya percibe la mayoría de los venezolanos, de un montaje desmentido a diario por la incompetencia para gobernar, la inseguridad que nos persigue y la corrupción sin límites, como nos lo ha venido descubriendo el caso del infame maletín lleno de dólares de todos los venezolanos sustraídos de las arcas de Pdvsa para favorecer la elección presidencial de Cristina Fernández de Kirchner en Argentina. Resultado contraproducente de esta chapucera falsificación política en todos los frentes ha sido la catástrofe electoral de Chávez el pasado 2 de diciembre y el desastre que lo aguarda en las urnas del 23 de noviembre, si al cabo de tantos esfuerzos por posponer la fecha de esos comicios o suspenderlos, las circunstancias lo obligan finalmente a celebrarlos y a medio respetar la voluntad de los electores.

Sin embargo, más allá de esta patética realidad, a medida que pasan las semanas y los días, vamos comprobando que la prédica constante de la violencia, del odio, de la guerra y de la sangre, ha logrado su propósito de corroer el alma y la voluntad de los venezolanos.

A veces por miedo, a veces por pura y simple comodidad, nos hemos ido adaptando más y mejor al degradado estilo de vida que nos imponen desde Miraflores.

Cada día más anestesiados, más insensibles, más habituados a convivir con la ignominia. Y si todavía algo supera nuestra capacidad de resignación, pues nada, buscamos un montoncito de arena y allí ocultamos la cabeza. Para no ver ni oír. Es decir, para no conmovernos ni indignarnos.

Hasta llegar a ser, como advertía la semana pasada Leopoldo Castillo en su programa Alo, Ciudadano, para mayor gloria de Chávez, un país de asustadas avestruces.





TOME NOTA
de la dirección del
Nuevo Portal Principal

www.venezuelareal.org

Más información ...

Calendario

<<   Octubre 2008  >>
LMMiJVSD
    1 2 3 4 5
6 7 8 9 10 11 12
13 14 15 16 17 18 19
20 21 22 23 24 25 26
27 28 29 30 31   

Archivos

Suscríbete

Escribe tu email:

Delivered by FeedBurner

Sindicación

Alojado en
ZoomBlog