Al límite

Por Venezuela Real - 8 de Octubre, 2008, 12:20, Categoría: Economía

GUSTAVO ROOSEN
El Nacional
08 de octubre de 2008

L a crisis financiera que afecta a la economía mundial ejemplifica las consecuencias de un modo de actuar al límite o sin respeto por los límites: al límite del riesgo, de las normas, de los controles, de los principios, de las posibilidades y de las responsabilidades, a un paso del vacío, con la embriaguez del juego ocultando el abismo de las consecuencias.

A despecho de quienes quisieran ver la crisis como un producto consustancial al capitalismo, resulta más honesto y productivo entenderla como efecto de una desviación, como expresión de una cultura basada en una desmedida confianza en los mecanismos de salvaguarda del sistema, en una ilusoria ilimitada capacidad de reacción, en la fruición del riesgo, en la evasión de los controles, en la disponibilidad de sofisticados vericuetos para la trasgresión, en una apuesta por la impunidad y la dilución de las consecuencias, una cultura, en fin, que termina convirtiendo la acumulación de bienes en objetivo de vida y en la cual la realidad cede espacio a la especulación.

El problema no está, ciertamente, en el mercado, sino en su trasgresión, en el desmedido poder y codicia de algunos manipuladores capaces de impulsar leyes que los protejan con desmedro de terceros; no en el sistema, sino en el olvido de las bases morales indispensables para la convivencia, y de los valores de libertad y responsabilidad.

Estas no son las únicas enseñanzas de la crisis. Cabría añadir la referida a su capacidad expansiva en virtud de la globalización y a los efectos sobre todas las economías.

Nadie puede sentirse inmune, ni siquiera quienes con más acrimonia quisieran ver en ella el fin del sistema. También la que pone en evidencia el valor de las instituciones.

La crisis se desencadena por su debilitamiento o por el incumplimiento de sus normas; se resuelve por su fortalecimiento y por su capacidad de restablecer el imperio de las reglas. Finalmente, la capacidad de recuperarse de un sistema inspirado en la libertad, la institucionalidad y la búsqueda del bienestar colectivo; la capacidad de aprender sus propias lecciones y de retomar el ideal de una sociedad que valora el trabajo, el ahorro, el crecimiento.

En Venezuela, sólo la irresponsable tendencia a magnificar los errores del otro para minimizar los propios podría explicar el acento en la crisis financiera externa con olvido de las consecuencias locales y de los riesgos generados por la propia conducta. ¿Cómo explicar, por ejemplo, que pese a los enormes ingresos por la factura petrolera, Pdvsa haya incrementado su endeudamiento en el primer semestre de 2008 en casi 6,1 millardos de dólares, 30% más que en diciembre 2007? ¿Cómo explicar que sus pasivos alcancen para junio de este año 65,5 millardos de dólares, con un incremento de 14,7 millardos en el último semestre? ¿Hasta dónde llegar sin poner en grave riesgo la salud financiera de la empresa y del país? ¿Cuánto comprometen a los próximos gobiernos o a las próximas generaciones los contratos de ventas a futuro? ¿Hasta dónde puede ser exigida Pdvsa con más gravámenes y más responsabilidades ajenas al negocio? ¿En qué momento dejará de funcionar su capacidad de apalancamiento para nuevas inversiones? ¿Dónde están los límites? ¿Cuáles serán las consecuencias de traspasarlos? La crisis financiera mundial no ha sido, ciertamente, superada. Sobran razones para anticipar tiempos difíciles.

Es, por lo mismo, momento de rescatar lo permanente: el sentido de la vida y de los valores, el fortalecimiento de las instituciones y de la norma, la responsabilidad y el respeto de los límites como principios de conducta.






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