El día "D"

Por Venezuela Real - 9 de Octubre, 2008, 15:26, Categoría: Política Internacional

Antonio Sánchez García 
WebArticulista.net
09 de octubre de 2008

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 "Más temprano que tarde tendrán que optar por el socialismo medio crudo del presidente Hugo Chávez o por la democracia del siglo 21". Lo acaba de señalar con todas sus letras en uno de sus importantes editoriales el prestigioso periódico estadounidense The Washington Post, refiriéndose a los socios latinoamericanos del teniente coronel, supuesto enemigo público número 1 de los Estados Unidos. Conminando de paso a la Casa Blanca a ponerle fin a toda política de subsidios y tratos preferenciales a aquellos países cuyos gobiernos le declaran la guerra, al mismo tiempo que le estiran la mano, como Ecuador, Bolivia, Nicaragua y Hondura: "¿Debieran los Estados Unidos seguir  subsidiando a gobiernos que nos tratan como enemigos?". Por lo menos no parece ser el deseo de aquellos factores de Poder que encuentran expresión en el importante periódico norteamericano, muy cercano a las esferas de la Casa Blanca y el Capitolio. Por lo visto, los aires que soplan por el Norte no son los más dispuestos a la complicidad o el cambalache con la revolución bolivariana. Y mucho menos con sus aliados. Que vayan poniendo sus barbas en remojo. Que al parecer del Washington Post  tampoco con Obama todo el campo será de orégano.

Al evidente endurecimiento de la política del Departamento de Estado hacia la región, una respuesta obvia visto los aprestos belicistas y las malas compañías de Hugo Chávez y sus aliados andinos con rusos, bielorrusos e iraníes, se suma el descalabro financiero global y la catastrófica caída de los precios del crudo en los mercados a futuro. El pronóstico que aventuráramos hace unos dos meses, cuando estando el petróleo a más de $130 presagiáramos un barril a $ 90 en los albores del 23N se ha quedado corto. El Texas ya está por debajo de los $ 90. Lo más seguro es que para las vísperas del proceso electoral ya ronde los $ 70. Con claras perspectivas de irse a los $ 60 en el mediano plazo. De creerle al propio Hugo Chávez, ese precio sería devastador para sus proyecciones. Recientemente habló de un petróleo rondando los $ 100 el barril como perfectamente manejable para nuestras finanzas públicas. ¿Qué le sucedería al estado venezolano con un petróleo treinta o cuarenta dólares por debajo de esa cifra? Mejor ni pensarlo.


Suena ridículo el ministro de hacienda llamando a la austeridad, mientras en La Florida se dilucida el monto de los estupros del régimen más corrupto, botarate y manirroto de nuestra historia. Un gobierno basado en el dispendio y la compra de conciencias como instrumento de entronización. ¿Dónde irían a parar las misiones y las becas, lazos con los que el gobierno amarra a sus volubles y nada revolucionarios seguidores y convence a sus aliados internacionales, de verse enfrentado a una crisis fiscal de proporciones, como según todos los indicios se nos avecina? ¿Cómo pagarle a un aparato clientelar tan gigantesco como el del Estado y su burocracia rojo-rojitaç


Ni este gobierno es revolucionario ni sobrevive 24 horas sometido a un auténtico e inflexible régimen de austeridad. Ante la insolvencia de la chequera presidencial vendrá el sálvese quien pueda. Y desde el generalato hasta modestos funcionarios las volteretas serán de órdago. Cuelgan todos de la chequera y la complicidad, no de la confusa e indigerible  ideología bolivariana, que no la entienden ni El Troudi ni El Aissami, los hombres de Sadam y Ahmadineyad en Miraflores. Sin mencionar los efectos de la crisis financiera global sobre nuestra arruinada economía. La falsa prosperidad de las clases medias, montadas sobre el inesperado chorro de divisas, el crédito y la sobrevaloración del Bolívar, reventará como una bomba de tiempo. Llevándose todo por delante.


A calzar alpargatas, que lo que viene es joropo.


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En este panorama nada auspicioso para los megalomaniacos proyectos del teniente coronel, más ridículo aún que la austeridad reclamada por el ministro Rodríguez Araque es la falsa arrogancia con que el presidente procede y actúa: como si el coroto le perteneciera a perpetuidad y la historia se hubiera detenido el 4 de febrero. Va a Rusia y China comprando cuanto se le ocurre y comprometiendo el crédito de la república como si fuera inextinguible. Y él su propietario.

Se convence a sí mismo y de paso trata de convencer a los pobres infelices que le acompañan en esta gesta de cartón piedra. Se consideran el estado mayor del libertador. Mientras,  su canciller acuerda convenios nucleares con el presidente de Irán o el de cualquier otra región del planeta como si su firma valiera oro. De la noche a la mañana se verán en interiores. Y que Dios los proteja, no vaya a ser cosa que se vean con un mono a rayas.
 
Es la gran, la tremenda diferencia entre estos capitostes y los de la Cuarta. Por más que se encumbraran, adecos y copeyanos sabían que tenían los días contados y actuaban en concordancia. Salvo Caldera, quien por razones de idiosincrasia estrictamente personal se ha creído el ungido de los dioses, todos los restantes presidentes venezolanos, desde Rómulo hasta Ramón Jota Velázquez han sido hombres humildes y sencillos que han sabido entrar y salir de sus cargos sin armar la más mínima alharaca. Se sabían mortales. Y respetaban las reglas del juego
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No es el caso de Chávez, quien por razones más cercanas a la psiquiatría que a la ciencia política, se ha creído el cuento de ser la propia reencarnación de los héroes patrios. Cosa más que asombrosa es que tal resurrección de la carne la han comprado todos cuantos le han seguido y se le han subordinado. Como personajes de La Guerra del Fin del Mundo, la novela de su archienemigo Mario Vargas Llosa. Prueba más que suficiente de la apabullante mediocridad y bajeza de sus mesnadas. Aunque en ello no les falta razón: ¿qué hubiera sido de la vida de Nicolás Maduro o Cilia Flores, de Willian Lara o Pedro Carreño, de Luis Tascón o Diosdado Cabello, de Mario Issea y Carlos Escarrá, de Chacón Escamillo o Freddy Bernal de no mediar la apocalíptica aparición del delirante y fragoroso teniente coronel
 Chóferes de ómnibus, buhoneros, tinterillos, secretarias, espalderos y policías. ¿Cómo no permanecer fieles a quien les permitió este asomo hacia la grandeza formal de cargos de campanillas y riquezas mal habidas? Cuando se les acabe la fiesta despertarán de un sueño en technicolor a una pesadilla en blanco y negro: se verán a sí mismos en el espejo de su infinita ruindad. Sombras serán de despojos del Poder, como el brujo López Rega o el tenebroso Vladimiro Montesinos. Actores de reparto de una pésima telenovela de política ficción. No les alquilo las ganancias.

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 Entre tanto, la oposición ha hecho con esmero y prolijo cuidado lo que mejor sabe hacer, que es no hacer nada. Que cuando hace, la catástrofe parece inevitable. Aunque debemos reconocer la auténtica proeza de haber unido sus fuerzas para enfrentar el día D. Salvo dos o tres gobernaciones y algunas alcaldías, ha obtenido un consenso que nadie imaginó posible hace unos meses. Y aún hay tiempo para que se terminen por solventar las diferencias existentes en el Zulia, en Bolívar y en la alcaldía Libertador. La responsabilidad ya no recae en partidos, sino en personalidades: Saady Bijani y Pablo Pérez en el Zulia, Andrés Velásquez y Rojas Suárez en Bolívar, Claudio Fermín y Stalin González en Caracas
 Es doloroso comprobar que en esas tres regiones, la unidad aseguraría un triunfo holgado de la oposición. Y que, por tanto, la derrota sería estricta responsabilidad de los actores y el fracaso de los partidos en encontrar la fórmula más justa para dirimir las diferencias. En el Zulia, la responsabilidad mayor recae en Manuel Rosales, que no ha sabido ejercer su liderazgo atendiendo al gran desafío democrático que significa asegurar el futuro antes que atornillarse al presente. En Caracas, gran parte de la responsabilidad recae asimismo en su partido, UNT. Y en Bolívar es absolutamente incomprensible que Primero Justicia y el MAS no hayan tomado la unívoca decisión de respaldar a un candidato que tiene todos los merecimientos para ocupar el cargo, como Andrés Velásquez. Como se demostró en el Táchira, la opción lógica era y sigue siendo acudir a primarias. Son no sólo confiables, sino que movilizan a la ciudadanía más consciente y preparan el camino para una masiva participación el 23N.

Sería un grave error pretender que el mandado está hecho y que la victoria de la oposición en regiones claves para asegurar la transición hacia la democracia es cuestión de coser y cantar. La ciudadanía parece suficientemente motivada como para participar masivamente en los comicios. Pero asegurarle la defensa de su voto y el cumplimiento de su mandato es harina de otro costal. Es prioritario preparar las condiciones para reducir al mínimo posible el fraude y asegurar una participación tan notable, que por su cantidad haga cuesta arriba burlar su decisión.

Creemos, en este sentido, que el 23N se juega una partida muchísimo más importante que la del 2D, de la que saliéramos airosos. Es preciso reconocer que por más que el presidente de la república desconozca la voluntad soberana e imponga un paquete de decretos que atropellan la soberanía popular, sus leyes son fetos que no podrán ejercer ningún poder real sobre el curso de la historia. Nacieron muertos.

Recuperar Carabobo, Miranda, la Alcaldía Mayor, Mérida, Táchira y los otros estados en que luce perfectamente factible hacerse con la administración regional, provocará un cambio en el escenario y la correlación política que ninguna ley de reordenamiento territorial podrá desconocer. Se produciría un enfrentamiento entre la verdad y la falsedad, entre la legitimidad y la ilegitimidad, entre la soberanía popular y un régimen de facto. Una dualidad de poderes que anticipa el combate final y el logro de nuestra anhelada aspiración: la transición hacia la democracia y la recuperación de la decencia y la dignidad nacional.

En este sentido, las regionales del 23 de noviembre, nuestro día D, son comparables al plebiscito que en 1988 terminara por catapultar del Poder a Augusto Pinochet y su nefasta dictadura. Las semejanzas no son aparentes. Podrían llegar a ser históricamente determinantes.





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