Ojalá

Por Venezuela Real - 19 de Octubre, 2008, 13:27, Categoría: Testimonios

MILAGROS SOCORRO
El Nacional
19 de octubre de 2008

E n 1969, cuando Fidel Castro llevaba 10 años en el poder, Silvio Rodríguez escribió una canción, titulada "Ojalá", cuyo verdadero significado he venido a comprender ahora, cuando Venezuela experimenta el agobio de tener un autócrata durante una década; y cuando esa larga hegemonía, como ha ocurrido con el tirano de Cuba, en vez de haber calmado su egocentrismo y saciado su necesidad de estar en el centro de todo, ser el pivote de todo y el polo de tensión de todo, no ha hecho sino avivar su narcisismo, su patológico egoísmo.
 
En estos días, la tragedia de Venezuela se ha profundizado. A la inseguridad ciudadana, que en los últimos tiempos suma la mirada como causal de homicidio (sí, cada vez se registran más asesinatos cuyo móvil fue un desliz de ojos destellando hacia el rabillo, gesto ínfimo que el criminal consideró intolerable); a la inflación, que ya nos ha mordido el salario tragándose casi la mitad de un tarascón; al caótico funcionamiento de los servicios públicos, se ha sumado una crisis internacional, que nos está resollando en la nuca y que tarde o temprano nos hincará el colmillo. El territorio nacional está erizado de protestas. La gente clama por justicia, por viviendas dignas, por planteles para todos los niños de la república, por agua, por energía eléctrica, por trabajo... y frente a este cuadro estremecedor, el Presidente opta por pararse en los escenarios regionales a insultar a las autoridades locales o aspirantes a serlo. Cuando los problemas se agravan y el país necesita claridad para evaluarlos, sensatez para enfrentarlos y unidad para superarlos, Chávez anda por los caminos insultando unos hombres, afrentando a sus seguidores y humillando a sus familiares.
 
El nubarrón que se cierne en el horizonte de Venezuela, por la sumatoria de los errores del Gobierno y el catalizador que supone el cataclismo financiero global, es más oscuro que todo lo que hemos visto antes.
 
Y creo que nadie se engaña al respecto. Los venezolanos de todos los sectores sabemos cuánto se ha despilfarrado en estos años y ahora tenemos delante el brusco descenso de los precios del petróleo (con el agravante de que Chávez anda por ahí hablando de las reservas, lo que indica que va extendiendo sus voraces garras hacia esos ahorros, como en su oportunidad hiciera Lusinchi, con los resultados conocidos). Queremos confiar en que alguien está pensando en un plan que nos proteja de la debacle.
 
Necesitamos como nunca del diálogo; entre otras cosas, porque ya la polarización dio lo que iba a dar y no ha sido nada bueno. No soportamos más la confrontación. Estamos exhaustos de los insultos, de las faltas de respeto, de los agravios; de un mandatario gritando como un loco, desgranando incoherencias, alienado de la realidad, sustraído a la premura de la hora. Las lluvias han regresado con sus peligrosos efectos y con sus malos recuerdos, y el Presidente de la República ni se entera porque está en campaña, lo que para él es equivalente a andar por el país sembrando la discordia y malponiendo los ánimos.
 
Qué pesada se ha vuelto esta lápida: necesitamos sosiego para hacer frente a lo que viene, pero no podemos reunir jirones de paz y de conciliación porque Chávez lo impide. El Presidente se ha convertido en el gran obstáculo de Venezuela. Es como una tapia instalada en la boca de una cueva. Es como un borracho que se hubiera quedado dormido sobre tu chaqueta. Es como si el Coloso de Rodas se hubiera derrumbado justo en la puerta de tu casa. Es un incordio. Es un cadáver de mamut atravesado en la salida del ascensor.
 
Es un dolor de muelas instalado en la eternidad. Es como si a Dios le hubiera dado mal de Alzheimer y se la pasara intentando hacer el grito de Tarzán.
 
Algo absurdo e insoportable.
 
Cómo entiendo al pobre Silvio Rodríguez, cifrando versos para gritarle a Fidel Castro: "Ojalá se te acabe la mirada constante, / la palabra precisa, la sonrisa perfecta. / Ojalá pase algo que te borre de pronto: / una luz cegadora, un disparo de nieve, / ojalá por lo menos que me lleve la muerte, / para no verte tanto, para no verte siempre / en todos los segundos, en todas las visiones: / ojalá que no pueda tocarte ni en canciones".
 
Ay, si pudiéramos cancelar la cloaca que gorgotea en tu garganta y "tu viejo gobierno de difuntos y flores".





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