Asdrúbal Aguiar: "El Estado nacional moderno quebró"

Por Venezuela Real - 26 de Octubre, 2008, 9:46, Categoría: Cultura e Ideas

Roberto Giusti
EL UNIVERSAL
26 de octubre de 2008

Entrevista // Asdrúbal Aguiar, abogado y profesor visitante de la Universidad de Buenos Aires
"Esa estructura se hizo vieja y ya no es sostenible porque resulta incapaz de reflejar la nueva realidad global"
Para Asdrúbal Aguiar el mundo está pasando "de la explotación del hombre por el hombre, a la explotación del tiempo por el hombre"

Su exilio voluntario en Argentina, donde ha permanecido por por cuatro años como profesor en dos universidades de Buenos Aires, le ha permitido a Asdrúbal Aguiar, ex juez de la Corte Interamericana de Derechos Humano, entre otras muchas responsabilidades, no sólo liberarse de la diatriba cotidiana nacional, sino un ir más allá e incurrir, como él mismo lo dice, en "un desquiciamiento intelectual" que es una tesis estimulada, en última instancia, por la entrevista que le hiciera El Universal a Arturo Sosa (s.j), rector de la Universidad Católica del Táchira: "Sosa decía que en Venezuela el Gobierno y la oposición tienen el mismo discurso. Y yo diría que en Argentina ocurre lo mismo. Si uno hace encuestas en ambos países determina que la mayoría no quiere a Chávez ni a Kirchner. Sólo que esas mayorías no tienen la capacidad para canalizar la voluntad general y expresarla en una voluntad de cambio.

-¿Esa situación es un hecho aislado o forma parte de un problema más complejo?
-Lo que se está ocurriendo es que cedió y quebró el Estado moderno como concepción política organizada de la sociedad. Llegó a su término final, como sucedió, en su momento, con el Imperio Romano, las repúblicas medievales o la comunidad primitiva griega. El Estado moderno, cuyo tiempo transcurre entre el Renacimiento y el tiempo actual, cede porque las referencias y elementos que le dieron origen no son sostenibles de cara a la nueva realidad que vivimos a nivel global.

-¿Cuáles son los síntomas de ese quiebre y cómo comprometen a las sociedades?
-El quiebre del Estado moderno arrastra el sistema garantista de poderes y sus correas de transmisión, los partidos políticos. Opera, entonces, una suerte de desnudez en la ciudadanía porque de la noche a la mañana perdimos el sistema de seguridades. Historiadores como Ramón Velásquez han señalado que, de cara a la experiencia venezolana, la gente dejó sus casas para irse a la calle con la disposición de no abandonarlas. La democracia es víctima de sí misma porque la gente permanece en actitud constituyente.

-¿No se asemeja esa tesis al planteamiento marxista?
-Sí, en el fondo la gente está en actitud constituyente, pero no basta, y este es el punto focal de la hipótesis, con que la gente tenga en sus manos el poder para gobernar a las mayorías sino que es indispensable dotar a las mayorías de los canales que les garanticen la posibilidad de expresarse para darle corporeidad a su voluntad.

-¿No es esa la propuesta de la democracia participativa que esgrime Chávez?
-Claro, pero ahí se genera un problema. Cuando hablo de la quiebra terminal del Estado voy a dos puntos de referencia vinculados a declaraciones de Chávez y Cristina Kirchner, quienes hablan de la muerte de capitalismo, del neoliberalismo y del Estado mínimo porque ahora se demuestra que éste debe asumir la conducción e intervenir.

-¿No tienen razón?
-Ese discurso es el de unos fantasmas de ultratumba que no se apercibieron cómo el Estado, que fue cárcel de ciudadanía y oprimió la expansión de la libertad individual, muere por sobreabundancia de sí mismo y cede en su capacidad gestionaria con la caída del muro de Berlín. Luego de ese acontecimiento (Giovanni) Sartori decía que esa era la prueba de la victoria de la democracia liberal y del Estado mínimo, donde se le dan todas las fuerzas posibles al ciuda- dano.

-Fukuyama planteó....
-Sólo que ahí observo un defecto de óptica: lo que aproximaba el socialismo real a la visión de la democracia liberal, era que ambas experiencias se construían en favor o en contra del Estado. Es decir, el Estado era un referente obligado, como expresión impersonal al cual se le traslada la voluntad general y mientras la sociedad se ocupa de sus cuestiones, hay un ente que gerencia y gestiona por ella.

-Muy bien, el Estado nacional vive una crisis terminal que abre serias interrogantes para el futuro. Pero, ¿no se debe antes determinar las causas de esa crisis?
-Cuando uno mira al Estado Nación (y esto lo demuestra el efecto Wall Street) en su perspectiva global, encuentra que pasa a ser una cosa absolutamente insignificante e intrascendente para las decisiones que está planteando la sociedad global y digital. Ni EEUU logra ponerle un freno a la sangría. Lo mismo le ocurre a los europeos. A pesar de actuar como Estado.

-Si los estados nacionales y ni siquiera una fuerte confederación como la Unión Europea han podido conjurar la crisis, ¿no se plantea, como natural el Estado planetario?
-No lo sé. No puedo hacer el papel de demagogo populista ni el de profeta. Sí observo que el Estado, en relación a los grandes temas globales, pasa a ser algo insignificante.

-¿Quién detenta el poder?
-En lo interno se esta produciendo un fenómeno complejo y perverso. Al notar la infuncionalidad del Estado el ciudadano lo siente como una suerte de parque jurásico demasiado pesado por su incapacidad de responder a las demandas sociales. Decide, entonces, romper con él y con el concepto de ciudadanía para replegarse en aquello que Miguel de Unamuno llamaba "las patrias de campanario". Pero así como tienes una tendencia hacia la globalización digital, con el predominio de las autopistas de la información, donde el Estado no logra controlar ese fenómeno, en otros extremos aparece una recreación de adscripciones sociales donde la gente, no sintiéndose ciudadana de la patria de bandera, prefiere ser ambientalista, indigenista, ser parte de un consejo comunal, meterse en un grupo religioso trascendentalista o si se es joven en una de estas tribus urbanas. El problema es que quien se suma a cualquiera de estas asociaciones sólo comparte con quien se siente similar o próximo a él.

-La fragmentación.
-Están pululando una serie de retículas sociales que, en teoría, lucen como un fenómeno extraordinario porque es la recreación de la vida comunal, pero al mismo tiempo muy primaria y alimentada de una connotación fundamentalista.

Pero las sociedades modernas son complejas y el deber del Estado es abrirse a la diversidad.

-¿Cómo se hace viable el gobierno democrático de las mayorías frente a una sociedad global, con problemas tan complejos como el terrorismo, el tema de la capa de ozono o la crisis financiera, creando soluciones acordes con decisiones democráticas, colectivas y universales? Por otro lado, las grandes mayorías que no logran insertarse en el mundo global se repliegan a estas patrias de campanario, contrarias a la concepción del pluralismo.
-Al comienzo señalabas que con la crisis del Estado hemos perdido el sistema de seguridades.

-La seguridad existencial parte de la condición de la ciudadanía, que con mucha lucidez nos la dan Maquiavelo y Rousseau. De manera que aquella inseguridad medieval dio paso a realidades mucho más controlables, pero cuando la gente pierde esas seguridades regresa a los brujos. Afloran los astrólogos, los adivinadores y uno comienza a entender por qué prenden fenómenos como el de Chávez . Son, entonces, los traficantes de ilusiones quienes empiezan a llenar ese vacío provocado por una inevitable anomia social. Eso se ve en fenómenos como que las reales relaciones internacionales no pasan por las cancillerías sino por el mundo de los campesinos, de los ambientalistas, de los sin tierras, de las Ongs.

-Aunque eso, todavía, no es un fenómeno dominante, ¿cuál es el problema de que lo llegue a ser?
-El problema es que ese mundo está desarticulado, deshilachado socialmente y carece de redes de comunicación entre esa diversidad de organismos. Eso explica por qué el grupo de retículas sociales puede coincidir en un objetivo, pero resultar incapaz a la hora de cambiar una realidad por responder a mecanismos instrumentales demasiado pequeños y primarios.

-En la práctica y con todas sus verrugas, ahí siguen los partidos políticos.
-Los viejos actores convocan a los partidos y dicen que se deben recrear. Pero los partidos nacieron como correa de transmisión del antiguo Estado nacional. Para ser optimista uno admitiría que aquella democracia que nació dentro del Estado y se transformó en democracia formal y garantista (separación de poderes), pasa a ser un derecho a la democracia que le pertenece al hombre de a pie. Pero volvemos de nuevo: sin una suerte de orden mínimo garantista, la democracia no tiene futuro.

-¿No resulta una paradoja que mientras más se avanza en el desarrollo de la tecnología y de las comunicaciones, sea menor el poder del Estado democrático?
-Hay un salto de la edad de la materia a la edad virtual. Un paso del tiempo apocado y elefantíasico del Estado institucional a una sociedad de vértigo, donde las cosas cambian cada 24 horas. En EEUU está ocurriendo lo que debía ocurrir: Bush envió una moción legislativa al Poder Legislativo y la opinión pública, desesperada, demandaba respuestas inmediatas a la crisis. Pero la disfuncionalidad entre el Estado nación y los reclamos de una sociedad global que está cambiando cada segundo impedía una respuesta rápida. De manera que la muerte del Estado no implica, necesariamente, la muerte de la democracia. Todo depende de cómo entendamos la expresión democrática.

¿No fue eso lo que ocurrió en la sociedad de entreguerras del siglo pasado? ¿La puesta en cuestión de los estados liberales democráticos, la crisis de los partidos tradicionales, el surgimiento de iluminados y del fascismo?
-Pero la lógica del Estado Nación seguía siendo dominante. El cambio que se produce entreguerras consiste en que la relación entre el Estado absoluto soberano, que coexistía en paridad con el resto de los estados, obliga, para el sostenimiento de la paz, a la creación de un mecanismo institucional mínimo, por sobre los estados, de manera de garantizar los principios básicos de la paz y el respeto a los derechos humanos. Pero la lógica de la Liga de las Naciones y de la ONU era la del Estado soberano. El drama es que esa estructura impersonal, funcional y garantista, de cara a las nuevas realidades (el mundo de la inteligencia artificial) se hace pequeñito. Y en el orden interno resulta incapaz de resolver los nuevos miedos: hambre, enfermedades, inseguridad y problemas cotidianos.

-La crisis del Estado nacional plantearía problemas como las nuevas formas de organización político-administrativa y territorial.
-El concepto sobre el cual se construye el poder del Estado es el del espacio geográfico, de los límites. ¿Cómo plantearle, entonces, a la generación del Nintendo el valor de una frontera o de unos mojones que definen los límites entre estados?

-¿De qué manera?
-Discursos como el sostenido por los seguidores del socialismo del siglo XXI no sólo resultan retrógrados y antihistóricos sino que pretenden recrear estructuras muertas para siempre. Mientras tanto, el discurso de quienes hemos sido demócratas liberales no se muestra funcional de cara a las nuevas realidades. De manera que si ellos son viudos del muro de Berlín, nosotros somos viudos de la Revolución Francesa. El tiempo que viene por delante no será mejor ni peor, debe ser distinto.

-¿Qué significa distinto?
-Para nosotros la primera regla era la universalidad de los derechos humanos, pero ¿cómo sostienes esa tesis (filosóficamente es posible sobre la base de la dignidad humana) dentro de la multiculturalidad, el cruce de religiones y civilizaciones y en donde todo se relativiza? Lo mismo ocurre con el principio de la igualdad ante la ley, cuando resulta que la realidad, que cambia cada segundo, está obligando a la desestructuración de la ley y aquí se dicta leyes para los indígenas, para el medio ambiente, para los sin tierra, para quienes la tienen y para quienes la van a perder. Hay una fragmentación de las referencias legislativas que le quitan al Estado de Derecho su carácter sistemático, impersonal y general. Un tercer ejemplo es el de los partidos ante una ciudadanía que reclama nuevas formas de organización social, primarias, porque las sienten más cerca de su realidad. Ya no se entiende la noción del partido estructurado, integrador de intereses generales, ante retículas sociales que no tienen sino intereses particulares. Luego están los medios, que del papel de contralores del poder desde afuera, pasaron a convertirse, dentro de la sociedad que se monta sobre las autopistas de la información, en el poder real y en el único estructurador de coyuntura ante la carencia de instituciones capaces de reflejar la realidad. En ese escenario la autopista de la información es el único factor que mantiene la sintonía entre todo esos entes aislados entre sí. De allí que ahora sea más intensa la pelea entre gobiernos y medios por el mercado de la opinión pública.


 





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