Utopía e igualitarismo

Por Venezuela Real - 26 de Octubre, 2008, 11:40, Categoría: Cultura e Ideas

MASSIMO DESIATO
El Nacional
26 de octubre de 2008

Una de las razones teóricas del fracaso del comunismo, de su práctica desvirtuada en bolchevismo estalinista y dictadura progresiva, gradual eliminación de las libertades democráticas, inclusive las sociales, participativas y protagónicas, radica en la relación entre utopía e igualitarismo simple. De no resolverse este problema no hay paso al socialismo del siglo XXI, sino al bolchevismo de los caudillos tropicales, paso a las órdenes del comandante, aberración del comunismo que no aporta democracia en los distintos lugares, escuelas, familias, fábricas...

Podemos decir que existen al menos dos comunismos que deben ir juntos para resolver el asunto: el comunismo utópico, que nace entre los outsi ders de la burguesía que, por una razón u otra, escapan a sus condicionamientos de clase; y el comunismo igualitario, que se desarrolla entre las clases trabajadoras manuales de la sociedad. Estas clases suelen ser, desde el punto de vista de lo teórico y su repercusión práctica, ajenas a ciertos problemas que terminan, al no ser encarados, por destrozar todo el movimiento.

El utopismo debe su procedencia a la perspicaz visión de hacer del comunismo algo para todos los hombres y no la bandera resentida para polarizar, perseguir, excluir de vuelta. El comunismo igualitario ha sido creado no por visiones, sino por necesidades materiales urgentes, particulares, si bien de un gran sector social (80% en Venezuela, o más). El primero trata de encauzar la economía, las necesidades y la urgencia más allá de la mera satisfacción, pasando de las visiones a doctrinas y teorías para la práctica (no, por tanto, teoría para teoría). La teoría transforma tanto la realidad como la práctica, pues una práctica sin teoría termina siendo ciega. Teoría sin práctica, algo meramente vacío.

La lucha por los intereses de clase no debe dejar fuera las "visiones-teorías" para una práctica organizada, eficiente, que une al pueblo mediante redistribuciones e incrementos de riquezas para distribuir.

Es cierto: las clases oprimidas sólo pueden liberarse poniendo en marcha un movimiento general de la sociedad, pero, dada la pluralidad de estos sectores, y sus diferentes prácticas, se requiere de un fin desarrollado no por el partido sino por las "visiones-teorías".

¿Dónde está el instituto estatal (después de Marx no se puede omitir el papel del Estado y la burocracia, tal como lo viera Max Weber) encargado de desarrollar el cuerpo doctrinario que, resolviendo las cuestiones de la historia del marxismo y de su historiografía, escriba el nuevo texto? No está. Hay intelectuales valiosos pensando, pero en los "internados" universitarios, en las reservas: "Vaya, piense y no joda". No lo hay porque el comandante, ni siquiera el partido, reemplaza ese instituto. No estoy abogando por la "inteligencia" ni por la "vanguardia del partido", sino por acompañar el comunismo igualitario como intelectual que recorre un camino que no ha abierto, pero que evita encrucijadas dispersivas. Nada de comunismo posmoderno. El comunismo es modernidad y, como tal, constante revisión crítica de todo su "corpus". El otro comunismo, el bolchevique, es pétreo, construye muros y se da de cabeza contra ellos.

Al muro preferimos el diálogo con un capitalismo que está haciendo lo mismo: se corrige siempre sobre la marcha. ¿De verdad no es posible un diálogo entre la tradición comunista y la tradición liberal? ¿Es una provocación hablar de un comunismo liberal?





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