CRISIS CONFUNDE A LÍDERES LATINOAMERICANOS

Por Venezuela Real - 29 de Octubre, 2008, 11:14, Categoría: Economía

ALEXANDRE MARINIS
El Nacional
29 de octubre de 2008

Bloomberg – La crisis financiera mundial producirá una importante redistribución de la riqueza alrededor del mundo, y no todos los mercados emergentes la aprovecharán.
 
Las deficiencias históricas de Latinoamérica, como una dependencia excesiva de las exportaciones de materias primas y grandes limitaciones presupuestarias, están combinándose con un renacimiento de una mentalidad errada progobierno y antimercado. Si se traducen en política económica, estas debilidades afectarán la productividad, incrementarán la corrupción y harán peligrar las posibilidades de que América Latina fortalezca su papel en la economía mundial.
 
De 1970 al 2007, la cuota latinoamericana del producto interno bruto mundial se mantuvo en 5,7 por ciento, mientras que Asia aumentó su cuota de 18 a 29 por ciento, según datos de las Naciones Unidas.
 
En treinta años China sextuplicó su participación en la economía mundial, desde menos de 1 por ciento en 1980 a 5,9 por ciento en 2007, mientras que la cuota de la India subió a más del doble, a 2,6 por ciento. Latinoamérica no tuvo tal éxito. Como porcentaje de la economía mundial, Brasil cayó desde un máximo de 2,4 por ciento en 1980 a 2,1 por ciento el año pasado, México de 1,4 por ciento a 1,2 por ciento, y Argentina de 0,94 por ciento a 0,77 por ciento.
 
Estos datos deben servir de alerta a los latinoamericanos.
 
Entre 2003 y 2007, cuatro factores engañaron a la región: materias primas, comercio, moneda y crédito.
 
El precio de las materias primas subió, lo que a su vez estimuló el comercio y generó superávits comerciales importantes.
 
La fuerte entrada de capital externo fortaleció las monedas locales y permitió a los países pagar su deuda externa y acumular reservas internacionales.
 
Y aun cuando la región no incrementó su cuota de la economía mundial, sí logró una mejor posición crediticia que la ayudó a financiar una expansión mayor que el mediocre desempeño de las décadas de 1980 y 1990.
 
Tan pronto como la burbuja inmobiliaria de Estados Unidos estalló y los mercados financieros empezaron a desplomarse, la mecánica de los cuatro factores antedichos dio marcha atrás, y Latinoamérica enfrentó una dura realidad. Los precios de las materias primas cayeron, el comercio y las cuentas corrientes se deterioraron, el capital extranjero huyó, las monedas se debilitaron y las inversiones se secaron junto con el crédito.
 
Digan lo que digan los políticos latinoamericanos, el retroceso de los cuatro factores dificultará que la región mantenga una perspectiva económica positiva.
 
Los muchos líderes que sugieren que el crecimiento no se estancará niegan la historia.
 
Muchos países latinoamericanos están decididos a aumentar el gasto gubernamental para satisfacer las expectativas, mantener las inversiones a flote y sustentar el crecimiento económico. El presupuesto de México para 2009 propone el primer déficit fiscal en cuatro años, y el mayor desde 1990.
 
El Gobierno brasileño pronostica los ingresos fiscales del año entrante basándose en un ritmo de crecimiento de 4,5 por ciento, aunque los analistas de mercado prevén una expansión de 3,35 por ciento o menos.
 
El que países latinoamericanos altamente endeudados aumenten el gasto gubernamental cuando el mundo se encuentra al borde de una recesión debería ser motivo de preocupación, y de cuestionamientos: ¿Tienen los Gobiernos suficientes recursos para sustentar el crecimiento en una crisis crediticia? ¿Es eso posible siquiera? ¿Qué ocurrirá con los ingresos fiscales conforme la expansión económica disminuya? ¿Cómo responderá la dinámica de deuda de la región? ¿Cómo reaccionarían las calificadoras a un descontrol de la deuda latinoamericana? Lo que da carácter inquietante a estas preguntas es que muchos presidentes latinoamericanos parecen considerar la reciente nacionalización mundial de los bancos –un acto de desesperación forzoso– una justificación para aumentar el tamaño del Gobierno todavía más.
 
"Yo nacionalizo empresas estratégicas y me critican, pero cuando Bush lo hace, está bien’’, dijo el presidente venezolano Hugo Chávez. "Bush está volviéndose socialista. ¿Cómo está, camarada Bush?’’ Los latinoamericanos no pueden permitir que los engañen ideologías, dogmas, la amargura o un sentido de venganza. Si bien es cierto que las crisis bancarias siempre han requerido intervención gubernamental, también es cierto que los Gobiernos no pueden reemplazar a los mercados como el mejor medio de distribuir recursos económicos escasos. Del Gobierno los mercados necesitan regulación y supervisión, no oposición.
 
Si los líderes latinoamericanos siguen confundiendo los sucesos actuales como una oportunidad para inflar el Gobierno –mientras que Asia va en la dirección opuesta y China permite a los agricultores arrendar e intercambiar terrenos– Latinoamérica quedará condenada a una porción insignificante de la riqueza mundial por muchos años.






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