Adriana Bolívar: "Desde el punto de vista lingüístico el país es un cuartel con su comandante"

Por Venezuela Real - 2 de Noviembre, 2008, 12:56, Categoría: Imagen gobierno / Chávez

MIREYA TABUAS
El Nacional
02 de noviembre de 2008

La analista del discurso observa cuatro características del lenguaje presidencial: es militar, religioso, emocional y no permite el diálogo. Dice que el pueblo no tiene voz en la actualidad, "sigue siendo el que recibe limosnas"
Adriana Bolívar: La agresión verbal ha ido en escalada, es cada vez más excluyente y se ha llenado cada vez de más contradicciones

Adriana Bolívar asegura que casi puede predecir lo que va a exponer el presidente Hugo Chávez en cada discurso. Tanto conoce cada una de sus frases que sabe cómo funciona su oratoria. Con la misma rigurosidad científica con la que un botánico estudia las plantas o un entomólogo los insectos, esta investigadora de la Universidad Central de Venezuela tiene más de 10 años analizando las palabras que componen el discurso del jefe del Estado.
 
Bolívar, coordinadora del Doctorado de Estudios del Discurso, lee todos los periódicos a diario y además tiene archivados –como objeto clave de sus investigaciones– todos los programas Aló, Presidente. Por ejemplo, contabilizó las palabras revolución y democracia en un contexto de 1 millón de vocablos emitidos en este espacio televisivo. La docente ha trabajado, además, el tema del personalismo, el insulto, la descortesía, la violencia verbal y la polarización. Y ha diseccionado frases tan comentadas como "¿Por qué no te callas?", que le dirigió Juan Carlos de Borbón, rey de España, a Chávez durante la Cumbre Iberoamericana en Chile.
 
También utilizó la metodología del Análisis del Discurso para examinar un gesto que para muchos no pasó de ser una grosería y que, según ella, fue una estrategia política: el eructo del general de brigada de la Guardia Nacional, Luis Felipe Acosta Carlez, en enero de 2003.
 
–¿Cómo se caracteriza el discurso político del Presidente en la actualidad, a casi 10 años de mandato?
–Pienso que la política ahora está en terapia intensiva. Si analizamos el discurso presidencial actual podemos decir que, en primer lugar, es un discurso militar. Desde el punto de vista lingüístico, el país es un cuartel en el que tenemos comandante y soldados, y hay ataques. Se han hecho estudios serios sobre cómo funcionan los ejércitos, cómo se adiestra a los soldados en la filosofía del ejército y el método es insultarlos, humillarlos, bajarles la estima a tal grado que a ellos no les quede más remedio que adoptar la ideología del ejército. Pero veo una esperanza ante esto y es que los venezolanos no toleran el abuso.
 
–¿Pero es sólo un discurso militar?
 –Además es un discurso religioso, el país es una congregación. En cadena nacional Chávez ha dicho: "Padre nuestro que estás en La Habana", refiriéndose al presidente cubano Fidel Castro. Entonces, el Padre es Fidel. Y tenemos también al Presidente como el Cristo, ese hijo de Dios Padre que se sacrifica por nosotros.

 
Cávez siempre dice que se sacrifica por el pueblo, está dispuesto a morir por nosotros.
 
Tenemos un libro sagrado, que no es la Biblia, un discurso no escrito, sino oral: la palabra del caudillo. Pero yo veo otra esperanza allí, que es nuestra práctica cultural: los venezolanos no somos religiosos, ni veneramos tanto a los santos. Yo no veo a los venezolanos con ese temor de Dios tan grande ni creo que se van a arrodillar en reverencia. Además, el país es un cuerpo vivo, por eso no podemos aceptar un eslogan como "patria, socialismo o muerte".

–¿Pero hay un discurso presidencial que se dirige a la emoción y parece funcionar, pues lo ha mantenido en el cargo?
–Sí, también hay un discurso de la emoción. El país, metafóricamente hablando, es puro sentimiento. De hecho, el eslogan de la campaña de Chávez en 1998 era "representamos el sentimiento nacional". Entonces, nos movemos entre el amor y el odio. Por un lado puedes ver halagos, reconocimiento, un lado amable; por el otro tenemos los reclamos, las amenazas, las advertencias, los insultos, las ofensas. Y entre el amor y el odio tenemos la incertidumbre, la intranquilidad.

No vemos razones, sino pasiones. Los venezolanos ante este cuadro viven cambiando de estado de ánimo y eso lleva al cansancio, al aburrimiento. La política del Gobierno entonces es no diálogo porque el diálogo se define por cooperación, equidad, alternancia y reconocimiento y respeto al otro.
 
–¿Sólo el Gobierno niega el diálogo o también es responsable la oposición?
–Las dos partes lo niegan desde el momento en el que entran en el juego de los insultos. Por ejemplo, el candidato Manuel Rosales dijo hace poco que el Presidente lo insultaba en las campañas electorales. Y tiene razón, en todas las campañas hay insultos, el problema es hasta dónde se puede llegar, hay que poner límites, y para ello están las instituciones. Me llamó la atención que leí en el periódico que Fidel le había preguntado al presidente Chávez por qué la gente se le volteaba. Y Chávez había respondido: "Porque no tienen conciencia". Es una descalificación a su propia gente, es quitarles la capacidad de pensar. Eso no puede ser democracia. En el panorama venezolano las descalificaciones han llegado a un límite, creo que la esperanza está en que nosotros, como ciudadanos, exijamos a las instituciones (el Tribunal Supremo de Justicia, el Consejo Nacional Electoral, la Asamblea Nacional) que cumplan con su papel y su responsabilidad de mantener la democracia y el diálogo.

–¿Pero esas descalificaciones siempre provienen del Gobierno y la oposición es reactiva?
–Sí, es reactiva. El gran iniciador fue el Presidente en el momento en que se juramentó, alteró el texto constitucional y dijo: "Juro sobre esta moribunda Constitución". Al decir esto estaba yendo contra la Constitución misma y alteró un texto que no podía cambiar.
 
En ese momento lo hizo desde un cargo oficial. Hay una diferencia entre el insulto de candidatos electorales y cuando están legitimados.

–¿Por eso son tan fuertes las reacciones cuando Chávez insulta a mandatarios de otros países?
–Ese uso de los insultos funciona como una estrategia de autolegitimación como líder latinoamericano.
 
Es un discurso de resistencia oponerse a la hegemonía de Estados Unidos, buscar la integración latinoamericana y lograr la atención de los medios, porque no hay nada que le guste más a un medio que un discurso trasgresor. Pero es un arma de doble filo, porque también lo deslegitima; se espera que un jefe de Estado mantenga un lenguaje políticamente correcto y sea diplomático para mantener la paz mundial. Al venezolano no le gusta esto, sabe que hay cosas que no están bien.
 
Richard Watts, analista de la cortesía, dice: "Cada cultura sabe hasta dónde puede llegar". Tengo una esperanza y es que se logre el equilibrio en Venezuela, porque como cultura somos democráticos.
 
Y las tradiciones culturales de un pueblo no pueden cambiarse, aunque hayan pasado 10 años.
 
–¿Y el discurso de Chávez ha cambiado?
–La agresión verbal ha ido en escalada, es cada vez más excluyente y se ha llenado cada vez de más contradicciones. Además, Chávez está permanentemente violando con su discurso las reglas. El CNE ha dicho que no se puede hablar de campaña electoral y el Presidente dice entonces en su programa: "No podemos hablar de la campaña electoral, pero necesitamos tener todos nuestros gobernadores".

 
Es una estrategia del discurso ideológico que se llama concesión aparente. Está diciendo que no va a hablar pero sí lo hace.
 
–¿El pueblo ha tenido más voz durante el Gobierno de Chávez?
–Sigue siendo el mismo pueblo acostumbrado a recibir dádivas y limosnas. Cuando el Presidente habla con alguien del pueblo le pregunta, por ejemplo, "¿Qué estás haciendo con el crédito que te dieron?".
 
Y la persona dice: "Ya monté un negocio". Entonces él responde: "Para eso es la revolución, porque nosotros ayudamos al pueblo". El pueblo pasa a ser una cosa que se usa para un propósito. El pueblo sigue siendo el que recibe limosnas.
 
Quisiera que hubiese un espacio en el que hablara el pueblo, a ver si lo dejan. Sólo lo hace en las protestas para reclamar su estado de indefensión. Con las llamadas telefónicas de Aló, Presidente hay algo interesante: en los momentos de crisis se acaban las llamadas telefónicas. Lo paradójico es que se llama Aló y nació para darle la voz al pueblo y el pueblo no habla casi. Conté y en 1 millón de palabras, más de 700.000 eran sólo de Chávez y el resto era del pueblo.

–¿Seguirá siendo Chávez objeto de estudio?
–Ahora estoy trabajando con todos los presidentes latinoamericanos, ya sé cómo Chávez hace las cosas, no es un reto para mí porque su discurso es tan predecible que se ha vuelto fastidioso. Cuando él dice: "No voy a hablar de algo", ya sé lo que viene: hablará. Considero Aló, Presidente un género discursivo emergente, porque en Venezuela no habíamos tenido ese tipo de género. Caldera tenía un programa que duraba media hora y era pregunta-respuesta. Los otros presidentes leían discursos que se escribían antes, los de Chávez son orales e improvisados, introdujo un estilo diferente de hacer política. Y, culturalmente, el venezolano confía más en la palabra oral que en la escrita. Pones un letrero para que la gente llegue a un lugar y la gente lee el letrero, pero va y le pregunta a alguien para confirmar.
 
–¿Entonces, el discurso básicamente oral del Presidente le otorga poder?
–Por eso se ha mantenido, le ha dado un acercamiento. El que tiene la palabra tiene el poder, por eso él habla tanto.






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