El hartazgo

Por Venezuela Real - 3 de Noviembre, 2008, 11:45, Categoría: Imagen gobierno / Chávez

ARMANDO DURÁN
El Nacional
03 de noviembre de 2008

Lo nunca visto. El pasado jueves, Chávez sostuvo que no está en campaña. Por su parte, Tibisay Lucena, entre una visita a la Asamblea Nacional y otra al Tribunal Supremo de Justicia, ponía una vez más a prueba la bondad y la resignación de los venezolanos. Según ella, el CNE no ha recibido ninguna denuncia sobre la presunta participación presidencial en la campaña.
 
Para redondear la burla oficial, Andrés Izarra denunciaba a los medios de comunicación privados de restarle importancia al ingreso de la Venezuela bolivariana en la carrera espacial (el ministro declaró que Últimas Noticias y Vea fueron los únicos diarios que destacaron la noticia en primera página), como si el lanzamiento desde China de un satélite de tecnología francesa (Alcatel) hacia una órbita asignada a Uruguay y cedida a Venezuela a cambio de no se sabe qué fuera una hazaña nacional suficiente para abrazarnos a Chávez en esta suerte de arrebato patriótico que lo hizo anunciar que pronto Venezuela inundará el espacio exterior de satélites bolivarianos.
 
¡Por favor! Lo único cierto de esta semana de desmesuras oficialistas es que Chávez sí está en campaña. Las 24 horas del día.
 
Con una larga y tediosa cadena de varias horas alrededor del mediodía y un avance informativo, también de varias horas de duración, cada tarde, por el canal de todos los venezolanos. Naturalmente, porque se siente débil, más débil que nunca, y sabe que dentro de tres semanas exactas deberá finalmente afrontar su destino. ¿De ahí sus insultos soeces y sus terribles amenazas? Si Chávez fuera un gobernante democrático, asumiría este reto con el talante con que Luiz Inácio Lula da Silva o Michelle Bachelet asumieron los reveses que sufrieron sus partidos en las recientes elecciones municipales celebradas en Chile y Brasil. Desde la perspectiva absolutista de Chávez, sin embargo, aceptar que su proyecto político ya no hace levitar a mucha gente, ¡ah, la sombra tenebrosa del referéndum constitucional del pasado 2 de diciembre planeando sobre su conciencia!, es una alternativa categóricamente imposible. Dentro del esquema unidimensional de su visión del mundo, la vida es una elección dramática permanente: todo o nada. Vaya, socialismo o muerte. Como ha repetido muchas veces, sin medias tintas ni pendejadas.
 
Desde esta perspectiva, la derrota de un candidato chavista hasta en algún municipio sin importancia adquiere características de auténtica catástrofe. Ya lo dijo hace pocos días al repetir la famosa frase de Lenin. El socialismo es todo el poder para los soviets.
 
Es decir, todas las alcaldías y todas las gobernaciones para sus candidatos. Una obsesión que no admite la existencia de ningún obstáculo que impida la coincidencia total de la realidad política y social del país con sus deseos de grandeza extrema. Y si la naturaleza (o sea, la realidad cada día más adversa) se opone, pues nada, venceremos a la naturaleza y a los candidatos del imperio.
 
¿Se pasea Chávez por la idea de que tras 10 años de entrometerse a todas horas en la vida de los venezolanos, chavistas y no chavistas ya están hartos de verlo y oírlo todos los días a todas horas? ¿Se dará cuenta de que su presencia física constante y su discurso de profeta bíblico anunciando a su manera el fin del capitalismo, del dólar y de la historia ya sólo es capaz de provocar un hartazgo irremediable en la mayoría de los venezolanos? ¿Que su magia de antaño ha terminado por convertirse en una sensación de fastidio y fatiga insoportables? ¿Creerá de veras que su figura en movimiento perpetuo hará posible la milagrosa (en este caso dialéctica) multiplicación de los panes, de los peces y los votos? ¿Es que ninguno de sus asesores comunicacionales se atreve siquiera a insinuarle que el efecto reiterativo de una imagen y un mensaje más allá de cierto punto de saturación se hace irremediablemente contraproducente? ¿O será más bien que Chávez sabe todo esto y que su muy equivocada y perjudicial blitzkrieg apenas es su forma desesperada de llevar la crispación y el hartazgo de los venezolanos hasta un punto de explosiva ebullición si en los días que aún faltan para que los electores emitan su juicio, no sobre este o aquel candidato, sino a favor o en contra del mismísimo Chávez, se producen, por ejemplo, las inhabilitaciones de Manuel Rosales y de Henrique Salas Feo? ¿Será este hartazgo resultado de la más pura torpeza de Chávez al final de su laberinto o este hartazgo inducido es su verdadera estrategia para provocar la crisis histórica que también nos coloque a todos ante el dilema de optar por todo o por nada?






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