México no te rajes - ¡Ay, Jalisco!

Por Venezuela Real - 3 de Noviembre, 2008, 11:44, Categoría: Petróleo/Energía

El Editorial
El Nacional
03 de noviembre de 2008

México, país pionero de las nacionalizaciones petroleras a escala mundial, acaba de aprobar una reforma que permitirá, por primera vez en más de setenta años, la participación del sector privado en la industria de los hidrocarburos. Para quienes creen que solamente los empresarios son capaces de administrar riquezas, esto es una buena noticia. Según ellos, los inversionistas potenciarán los recursos naturales del país azteca y esto contribuirá a un mayor crecimiento económico.

Para los nacionalistas no es tan buena noticia. Después de siete décadas de control por parte de México de una riqueza que Dios puso en su subsuelo y que antes fue expoliada por los extranjeros, las necesidades inmediatas de dinero, o el simple entreguismo ante las transnacionales, van a permitir que se revierta uno de los mayores logros de la revolución mexicana. Ni uno ni otro extremo tienen razón. La enseñanza de la actual reforma es que una nacionalización de las riquezas naturales que ha sido mal manejada tiende a anularse, y lo que en un comienzo se proclamó como una nueva independencia se convierte en una solicitud de ayuda de parte de los intereses y capitales extranjeros cuando el mal manejo ya no puede ser disimulado.

Esta lección no debe verse con indiferencia en Venezuela. Cuando en 1976 se nacionalizó la industria petrolera, como culminación de la lucha de toda una generación, se pensó en que a partir de entonces se podía orientar el crecimiento de la economía nacional de una manera autónoma, sin los condicionamientos que imponían los intereses de los grandes trusts petroleros y de las grandes potencias que los respaldaban. Concientes de la experiencia mexicana, los gobernantes de la época procuraron que la empresa petrolera nacional y estatal alcanzara los máximos niveles de eficiencia y de solidez financiera.

Así ocurrió durante cerca de treinta años y Pdvsa, inspirada en la labor pionera del general Alfonzo Ravard, su primer presidente, llegó a convertirse en una empresa modelo en el mundo petrolero internacional. Lamentablemente la desidia, la ineficiencia, la ideologización y otras prácticas, que es más prudente no calificar, condujeron a que el llamado holding petrolero se desviara de esa tradición y se fuera pareciendo cada vez más a Pemex, la empresa mexicana de petróleo, que constituye un ejemplo de lo que no deben ser las empresas del Estado.

Lo grave y preocupante de este curso de acción es que si no se corrige el rumbo que se ha seguido durante la última década, Venezuela termine, como México, anulando el avance que en su momento significó la nacionalización de su principal fuente de riqueza, no por convicción o conveniencia sino porque se muestre incapaz de lidiar con la ineficiencia y la corrupción que la corroen.

No faltan quienes esperan pacientemente, Maletín Ramírez, que nuestras propias fallas terminen por derrumbarnos y obligarnos a renunciar a la ilusión de tener un país próspero, dueño de sus riquezas.





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