¿Elecciones regionales o presidenciales?

Por Venezuela Real - 8 de Noviembre, 2008, 10:28, Categoría: Política Nacional

Elías Pino Iturrieta
El Universal
08 de noviembre de 2008

Nadie advierte las pésimas condiciones de la salud, de las escuelas, la inseguridad...
 
Nadie puede saber a ciencia cierta cuál sea el objetivo de las elecciones del 23 de noviembre, si se atiene al protagonismo de los candidatos y al contenido de la campaña electoral. Se ha hecho una convocatoria para la selección de autoridades en las regiones, pero la contienda ha sido orientada hacia horizontes panorámicos que han encubierto con un pesado telón la escena sobre cuyos detalles se debería discutir antes de decidir el voto. La situación se tornaría insólita, si no reflejara el interés del mandón por encumbrarse sobre todas las vicisitudes de la sociedad, sobre la heterogeneidad de sus vivencias y sobre los plazos que la Constitución establece para el cambio del mandato presidencial. La situación se tornaría insólita si no reflejara el afán del mandón por convertirse en eje de la vida venezolana, gracias a la imposición de una voluntad capaz de procurar exclusividad sobre el resto de las voluntades y de disimular los estragos de su acción.
 
La mandonería ha logrado hasta ahora un resultado que le favorece. Debido a su presencia ubicua y al deseo de suplantar a los candidatos del PSUV, los perplejos electores no han podido mirar hacia el horizonte que transcurre frente a sus narices. Los gobernadores y los alcaldes del oficialismo, con alguna excepción, han efectuado gestiones desastrosas que oculta un único discurso trajinado por quien se presenta como figura estelar de la contienda. Por ver a Chávez, o porque Chávez quiere que lo vean únicamente a él, nadie advierte a cabalidad las calamidades de la inseguridad, las rémoras de las vías de comunicación, las pésimas condiciones de salud e higiene, la multiplicación de las masas depauperadas, las escuelas y los liceos destartalados, el deterioro descomunal de la calidad de vida, una cadena de incurias y dejaciones que no puede registrarse en el paso de las administraciones anteriores a la última década, por mucho que los analistas rebusquen. En el fondo se experimenta un teatro de urgencias cuyo testimonio se desmenuza en las entidades regionales que un régimen escandalosamente desfachatado ha convertido en infiernos particulares, en abismos repartidos en todos los rincones del mapa, en fragmentos de miseria y dolor que sienten quienes los padecen en los estados y los municipios. Un envolvente operativo de distracción ha querido borrar la topografía del retroceso para que las sensaciones se concentren en la figura de un regenerador.
 
La maniobra no deja de ser eficaz, en la medida en que ha puesto a disparar a los electores hacia el blanco equivocado, pero también es peligrosa para quien la ejecuta. Hasta ahora, quién sabe por cuáles maromas de la psiquis colectiva, el mandón se ha salvado de los reproches que merece su insólito desgobierno, pero es probable que ahora, dada su insistencia en presentarse como hombre orquesta a quien corresponde el cuidado de las poblaciones y las aldeas, de las campiñas y los caseríos cuya atención depende de funcionarios locales, desaparezca la distancia que lo separa de la gestión de los subalternos. Empeñado como está en suplantar a los candidatos que él mismo escogió y cuya función debe ser la administración de problemas exclusivamente regionales, seguramente los electores caerán en cuenta de cómo existe un solo desastre con un culpable indiscutible a quien el azar ha salvado de los dardos de la opinión pública. En consecuencia, la confusión provocada por quien se proclama como gran elector puede derrumbar el sitial en el cual se ha mantenido sin que el barro le salpique de veras el uniforme, mientras sus colaboradores pagan los platos rotos de una interminable vajilla.
 
En realidad se trata ahora de escoger funcionarios regionales, y conviene evitar el anzuelo del taimado pescador que revuelve las aguas para alcanzar sus metas. Sin embargo, también los electores están en capacidad de arrojar la red para que la faena sea provechosa, es decir, para que caigan juntos las sardinas y el tiburón. Pesca es pesca, según la filosofía elemental del capitán Garfio. Para atrapar sardinas, para tomarle gusto a la adquisición de menudencias puede uno conformarse con mirar hacia el entorno circundado de aprietos, hacia esa escena cercana que se ha pretendido escamotear y de la cual son responsables los habitantes minúsculos del océano; y para quedarse con el pez gordo apenas basta con mirar hacia la cabeza del cardumen. No parece esta la hora apropiada para la captura del tiburón, pero nadie ha decretado su veda, especialmente cuando el escualo ha querido nadar en aguas turbulentas. La idea no es dejarlo el 23 gimoteando en la playa, porque todavía falta un tiempo para ese propósito supremo, pero le podemos aserrar los colmillos.





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