Cambio, sí nosotros podemos Fernando Ochoa Antich

Por Venezuela Real - 9 de Noviembre, 2008, 10:07, Categoría: Política Internacional

Fernando Ochoa Antich
El Universal
09 de noviembre de 2008

El eslogan electoral del nuevo presidente de Estados Unidos es un claro reconocimiento del inmenso reto que tiene que enfrentar su gobierno. Es un tiempo sumamente complejo para Estados Unidos. La profunda crisis económica; el delicado problema de la inmigración clandestina; el riesgo del terrorismo; las guerras de Irak y Afganistán; el desafío Iraní; el Medio Oriente; los nuevos equilibrios mundiales; la exigencia de Rusia y de China de una zona de influencia; su dependencia del petróleo extranjero y en general la lucha que significa continuar siendo la primera potencia mundial en un mundo que se transforma de unipolar a multipolar. Sin lugar a dudas, tiene muchas circunstancias a su favor: un sólido liderazgo entre su pueblo; un creciente prestigio internacional; una importante mayoría en el senado y en la cámara de representantes; una indiscutible autoridad en su partido; un claro reconocimiento entre los republicanos de la necesidad de colaborar para poder enfrentar la profunda crisis nacional y pare usted de contar. Es, sin lugar a dudas, uno de los presidentes de Estados Unidos que alcanza el poder en medio de los mayores augurios. Un buen ejemplo de sus particulares condiciones personales fue su discurso ante sus seguidores en el momento de anunciar su triunfo.

Nunca fui partidario de la candidatura de Barack Obama. En mis artículos de opinión siempre consideré que había sido un error del partido demócrata haberlo seleccionado en lugar de Hillary Clinton. Pensé que los sectores conservadores de Estados Unidos votarían masivamente en su contra. En verdad, no me equivoqué. La derrota de John McCain no fue tan contundente como pareciera señalar el número de representantes en los Colegios Electorales. El sistema de mayoría absoluta que se aplica deja por fuera el sentimiento de importantes sectores de la población norteamericana. Ojalá que entre las reformas que impulse el nuevo presidente imponga el voto directo y la representación proporcional de las minorías.  De todas maneras es imposible negar que Barack Obama logró su triunfo al motivar a importantes sectores del pueblo norteamericano: los jóvenes, los negros y los hispanos. La presencia masiva de esos sectores en las urnas electorales fue decisiva. También hay que reconocer su capacidad organizativa que le permitió crear una estructura para recolectar  fondos populares durante su campaña. Tampoco se puede olvidar su elocuencia y manera directa de dirigirse a los norteamericanos. 

Una de las grandes incógnitas de su acción de gobierno es la política que aplicará en sus relaciones con América Latina.  Muy poco se debatió ese punto durante la campaña electoral. Es verdad que la votación masiva que recibió de la minoría hispana y la creciente importancia que ha empezado a tener en Estados Unidos lo obligará a diseñar una política que mejore sustancialmente las relaciones con nuestros países. Tiene un buen ejemplo en Franklin Delano Roosevelt. Ni antes ni después de ese gran presidente, América Latina ha sido realmente considerada por los gobiernos de Estados Unidos. Kennedy fue quizás una excepción. ¿Qué puede esperar América Latina de Barack Obama? Esa pregunta se la hizo Simón Alberto Consalvi en un reciente artículo de opinión: "Los Estados Unidos no está en condiciones de volver a los tiempos de Kennedy o Marshall. Nos bastará que gobierne con inteligencia y reconozca nuestros derechos a la democracia pluralista, a la equidad económica, que se normalicen las relaciones  entre Estados Unidos y Cuba después de un siglo de conflicto". Corregir el desdén del gobierno de Bush hacia nuestros países exigirá un importante esfuerzo. Barack Obama tiene suficientes condiciones personales para hacerlo. Ojalá no se envanezca.

Hugo Chávez cree equivocadamente que Barack Obama se dejará engatusar. No entiende que la única manera de poder normalizar sus relaciones con Estados Unidos es que su gobierno acepte y practique los valores fundamentales de la democracia: elecciones transparentes, equilibrio en los poderes públicos, alternancia en el ejercicio de la presidencia de la República y fundamentalmente libertad económica y de opinión. Estoy seguro que dentro de pocos meses escucharemos de nuevo las filípicas del teniente coronel Chávez ofendiendo al presidente Obama. La diferencia va a ser las consecuencias. Los venezolanos y el mundo entero rechazarán esa acción. No será lo mismo enfrentarse a George Bush y a su decadente política exterior que a Barack Obama. Al contrario, veremos a Estados Unidos acercarse de una manera muy trascendente a los gobiernos de izquierda moderada. El radicalismo sencillamente pasará de moda.





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