Carlos Bianchi: "El satélite se usa como estrategia política"

Por Venezuela Real - 9 de Noviembre, 2008, 11:08, Categoría: Política Nacional

LIZA LÓPEZ V.
El Nacional
09 de noviembre de 2008

El Venesat-1 puso en órbita varias inquietudes: ¿servirá para espionaje?, ¿puede llevar realmente educación y medicina a zonas aisladas?, ¿qué hay detrás de esa inversión? Los expertos desmitifican lo que aquí, en tierra, comenzó a girar desde el lanzamiento
Bianchi considera que un país debe tener una buena justificación para entrar en la carrera espacial
 
Tener un satélite es un privilegio. No hay duda. Da prestigio, y más si se está entre los 4 países latinoamericanos y las 62 naciones del mundo que gozan de ese lujo tecnológico.

Venezuela entró con el lanzamiento del Venesat-1 o Simón Bolívar, o viceversa, en un club exclusivo que tiene dominio sobre las telecomunicaciones satelitales.

Algunos terrestres de a pie sintieron (o sienten) temor de que ese aparato que orbita a 36.500 kilómetros de distancia sirva para espionaje u otros fines oscuros. Pero, según expertos no ligados a instituciones dependientes del Gobierno, como el ingeniero en telecomunicaciones Carlos Bianchi, no existe tal peligro.

Detrás de los proyectos sociales y científicos de este satélite parece haber un objetivo primario: convertirlo en un estandarte de posicionamiento, en una bandera tecnológica que refuerce el poder que el Gobierno ejerce dentro y fuera de sus fronteras.
 
–El Venesat-1 fue fabricando en tres años, pero el proyecto de un satélite venezolano no es nuevo ni se ideó en este gobierno.
–Este proyecto se está gestando desde hace más de 30 años. Comenzó en el Pacto Andino (hoy Comunidad Andina de Naciones) con el proyecto Cóndor. Había una necesidad de desarrollar esos sistemas porque en ese momento las comunicaciones satelitales eran el principal medio de comunicación a larga distancia. No se hizo por problemas financieros, y en 1994 el comité andino de autoridades en telecomunicaciones le dio un nuevo nombre al proyecto Cóndor: Satélite Simón Bolívar. La Unión Internacional de Telecomunicaciones ya le había asignado un segmento orbital al proyecto, pero tampoco se impulsó. Se convocó al sector privado y se creó Andesat en 1997, una empresa multinacional andina para explotar y operar este segmento satelital. Como no tuvo éxito en lanzar el satélite y el tiempo para usar la órbita de la CAN se estaba venciendo (había plazo hasta 2005), se le derogó ese derecho de operar a la Andesat.


–¿Fue entonces cuando el Gobierno venezolano decidió impulsar un satélite propio?
–El Gobierno, para evitar que se perdiera la órbita concedida a la CAN, propuso colocar un satélite de relleno (en desuso) para utilizar esa órbita mientras se desarrollaba el Simón Bolívar. Hacia fines de 2004, Venezuela comenzó a gestionar la fabricación de un satélite para esos fines, y la CAN respondió que no tendría derecho a utilizar ese segmento satelital sin los demás países de la región.
 
Poco tiempo después se deterioraron las relaciones con la CAN (en 2006) y no hubo concertación. Venezuela convino con Uruguay para usar un segmento satelital que tenía disponible, a cambio de concederle 10% de su capacidad.

China no era la primera opción para fabricar el satélite.
 
Primero se negoció con Rusia, pero fue infructuoso porque Venezuela exigía transferencia tecnológica que los rusos no podían ofrecerle. China aceptó la propuesta y en 2005, ambos países comenzaron a fabricar el satélite.
 
–Los jefes del proyecto han dicho que el satélite se usará en teleeducación y telesalud para poblaciones aisladas, como la de los warao en Delta Amacuro. ¿Puede realmente usarse para estos fines?
–Sí, claro. Un satélite es muy útil cuando se quiere llegar directa y rápidamente a un área geográfica extensa y a lugares remotos poco poblados. Pero para resolver un problema de teleeducación o telemedicina, no es necesario tener un satélite propio. Es posible hacer uso de un servicio satelital alquilado o prestado para ofrecer los mismos servicios.

–Pero no todos se dan el lujo de tener un satélite.
–En este caso, la ventaja de poseer un satélite es independencia, soberanía tecnológica, jerarquía. Y sí, no todos los países pueden darse ese lujo.


Entre los planes del Gobierno está fomentar la transferencia de tecnología. Para eso se necesita tiempo y recursos. Lanzar un satélite es un primer paso. Ahora, de allí a adquirir el know how para la transferencia tecnológica y desarrollar fabricación satelital, hay un trecho muy largo. Venezuela está apenas empezando a formarse en ese campo.
 
–El presidente Chávez declaró que uno de los usos socialistas del satélite es la integración regional ¿Es posible afianzar iniciativas como el ALBA, el Banco del Sur u otros proyectos con este aparato?
–Sí. Pero también se puede hacer con satélites que ya están orbitando. La cuestión está en si conviene más alquilar ese servicio o comprarlo. Pienso que los temas de soberanía, independencia tecnológica e ideológica privaban más que lo económico. Si uno saca las cuentas, el resultado es que al alquilar otro servicio se invierte menos presupuesto.
 
–¿Será por eso que otros gobiernos venezolanos no asumieron esto como una prioridad?
–Seguramente. Hace 30 años, los sistemas satelitales eran el principal medio de comunicación de larga distancia.
 
Los medios de transmisión que ahora reinan en comunicaciones de larga distancia son las fibras ópticas, por su gran capacidad y rapidez, los sistemas inalámbricos, las redes terrestres de nueva generación.
 
–Voceros oficiales insisten en que es una plataforma de recepción y retransmisión de señales para usos civiles y pacíficos. ¿Puede usarse para espionaje telefónico o de Internet?
–No. Se trata de un satélite de comunicaciones, no de vigilancia ni de monitoreo terrestre. Tampoco tiene la capacidad tecnológica para espionaje (está situado a 36.500 kilómetros de altura y no puede captar imágenes o datos de un enemigo potencial desde tan lejos). Lo que se envía por un lado, el satélite lo recompone, amplifica y lo vuelve a bajar a la Tierra. Puede tener usos militares para comunicaciones fronterizas, por ejemplo, pero no es un instrumento de observación. Además, el espionaje es más sencillo si se hace desde la misma Cantv.



–El presidente Chávez anunció que en tres años colocarán en órbita otro satélite (el Bicentenario) y se aspira a tener "una fábrica de satélites". ¿Se justifica este segundo artefacto espacial?
–Tengo entendido que va a ser un satélite de exploración y observación. Y eso puede recorrer muchos lugares para obtener datos, imágenes, porque orbitaría a baja altura. Saque su conclusión. ¿Si se justifica? Depende de dónde uno se sitúe.
 
Cobra sentido si se piensa en el lado ideológico, de soberanía, integración latinoamericana, efecto social. Si se para del lado económico, servicios, prioridades de inversión, quizás no se justifique. Es muy ambicioso querer armar una fábrica para construir un cohete con su satélite y lanzarlo desde aquí. Eso es imposible hacerlo a corto o mediano plazo.

–¿Vale la pena una inversión de 406 millones de dólares para obtener independencia tecnológica?
–Venezuela ya no tendrá que seguir alquilando satélite.

 
No vamos a tener que rogarle a nadie para que nos dé cupo, ni nadie nos podrá boicotear los datos. Sin embargo, esta independencia debe complementarse con otros pasos. No sirve sólo lanzar un satélite y tenerlo operando. Falta mucha capacitación en el campo aeroespacial. Nuestra capacitación comenzó hace apenas dos años.
 
También hay que pensar en el orden de prioridad en el que se quieren resolver los problemas de un país. Estos 406 millones de dólares, usados en otra área como educación, salud y seguridad, pueden ofrecer un efecto mayor, multiplicador.
 
–Se informó que el satélite estará destinado a suplir únicamente las necesidades de los organismos dependientes de los poderes públicos. Eso le otorga dominio exclusivo al Estado, a través de la Cantv. ¿Qué puede pasar con las operadoras de telecomunicaciones privadas?
–Los operadores privados tienen otros satélites o servicios que pueden utilizar. Hubiera sido interesante incluir al sector privado, pero el enfoque del satélite es para aplicaciones sociales. 80% de las aplicaciones privadas no tiene esa necesidad.

 
–¿Piensa que se le está dando uso político al satélite?
–Lo político aquí es primordial. El satélite se usa como una estrategia política y de soberanía, como un estandarte de posicionamiento, una bandera tecnológica. El satélite es un estandarte estratégico para darle posición al país, un prestigio tecnológico. Y puede afianzar ese prestigio si se orquesta un plan de transferencia tecnológica a largo plazo.
 
La industria aeroespacial es de muy alta tecnología y exige mucha inversión. Sin transferencia tecnológica, el satélite es un juguete muy caro del que se está haciendo gala. Tiene que haber una buena justificación para hacer una carrera espacial".
 
 
 
 





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