Pedro Nikken: Falta un trecho para llegar a la negación total de la democracia

Por Venezuela Real - 9 de Noviembre, 2008, 11:21, Categoría: Derechos Humanos

Roberto Giusti
EL UNIVERSAL.
09 de noviembre de 2008

Entrevista // Pedro Nikken, ex presidente de la CIDH
"Si bien el sistema de libertades se encuentra muy deteriorado, la democracia presenta una funcionalidad innegable"

El reino de la arbitrariedad tiene gradaciones y si Venezuela no se encuentra entre las peor calificadas en cuanto al respeto y garantía de los derechos humanos, sus calificaciones no dan para un simple "aprobado". En otras palabras, estamos "raspados" según la evaluación del ex presidente de la Corte Interamericana de Derechos Humanos, Pedro Nikken. Pero él matiza, delimita, precisa y compara para hacerle justicia a su condición de juez y, en este caso, de parte, ante un presunto imputado llamado Hugo Chávez y un Gobierno que expulsa defensores de derechos humanos (Vivanco), prohibe la entrada a luchadores sociales y políticos (Walesa) y decide extender sus poderes hasta más allá de sus límites para inhabilitar a dirigentes cuando éstos amenazan su predominio a fuerza de votos.
 
"La aproximación del actual régimen hacia los derechos humanos ha consistido, al menos en el plano conceptual, en una especie de oposición a la importancia de las libertades públicas y derechos individuales, que internacionalmente se conoce como derechos civiles y políticos, ante los derechos económicos, sociales y culturales. Esto tiene el mérito de introducir el tema, hasta entonces olvidado, de los derechos sociales en el debate político. Pero la posposición de las libertades públicas entraña consecuencias, porque no es posible la defensa de los derechos económicos y sociales sin hacer lo propio con los civiles y políticos. Con frecuencia, además, los derechos sociales son producto de las luchas de los pueblos.

-Es decir sin derechos civiles y políticos no hay derechos sociales.
-Porque los civiles y políticos no sólo son derechos en sí mismos, sino derechos instrumentales que sirven para defender otros derechos.

-En ese contexto, ¿cuál es la situación en Venezuela?
-Aquí la defensa de los derechos sociales se queda en el discurso y por tanto no hay efectividad a la hora de hacerlos realidad. Por otra parte se ha criminalizado la protesta y hechos como cerrar una calle resultan un delito, lo cual es una desproporción inaceptable. Nos topamos, entonces, con un problema conceptual: ¿cómo se entienden los derechos que emanan de la dignidad inherente a la persona humana frente al ejercicio del poder? Y es ahí donde el gobierno se separa de los estándares históricos internacionales relativos a derechos humanos.

-Si eso es así, ¿no resulta válido suponer que el mero discurso incluyente, sin una una traducción en la realidad (reivindicación de los derechos sociales), no termina siendo un instrumento para la concentración del poder?
-En la relación entre poder y ciudadano uno puede identificar el propósito de sumar la mayor cantidad de poder, durante el mayor tiempo posible, en la cabeza de una persona, es decir, en el presidente Chávez, conductor del proceso. Y allí está la gran contradicción porque un movimiento que se supone popular depende de una sola persona que busca la mayor suma posible de poder. Pero ya se sabe que no es posible conciliar los valores que representan los derechos humanos y un régimen personalista con rasgos autoritarios.

-La existencia de un régimen de esa naturaleza no implican la necesaria aplicación de criterios de intolerancia y discriminación?
-Hablamos de alguien que actúa arbitrariamente, no aplica las mismas reglas a los diferentes contendores, ni atiende a criterios vinculados con la igualdad, dignidad y derechos con los cuales nacemos todos los seres humanos. Para él todo depende si se adhiere o no a un régimen político, lo cual entraña una profunda discriminación. Así, en materia civil y política, la tendencia de los tribunales es a fallar a favor de los intereses del Gobierno. Se discrimina a quienes se pronunciaron por la revocatoria al mandato del Presidente en el año 2004. Se rechazan objeciones internacionales en lo relativo a derechos humanos como intrusiones, cuando ya el argumento de la soberanía dejó de ser un escudo en esa materia, mientras se saluda cualquier pronunciamiento exterior en defensa del régimen.

-¿Cómo señalar, entonces, que en Venezuela hay una democracia?
-Ciertamente hay un deterioro importante de los valores democráticos en la forma como se ha venido ejerciendo el poder en Venezuela, pero no podemos afirmar que vivimos en una negación absoluta de la democracia y de sus valores. Tenemos unas elecciones con cuya realización no estamos enteramente satisfechos, pero tampoco podemos denunciarlas como una aberración, cuando es posible rechazar por el voto el diseño de un modelo político que se nos quería imponer. Ahora, estamos ante la incapacidad de reconocer en el adversario político a alguien que tiene los mismos derechos que yo y por tanto con razones que debo escuchar. También se pretende imponer el concepto militar del enemigo, no del adversario y por lo cual a este hay que destruirlo. Pero, repito, no podemos decir que hay una negación absoluta de los derechos democráticos. Todavía falta un trecho por recorrer para llegar a ese punto. Hay, sí, razones para suponer que en el propósito del Presidente estaría avanzar por ese camino.
 
-¿No ha sido el freno democrático de la sociedad el que le ha impedido culminar ese trecho decisivo?
-En todo caso los venezolanos debemos felicitarnos. Sea porque el Presidente no tiene la intención de culminarlo o porque se lo hemos impedido. Hay, claro, una manipulación del discurso y tenemos una democracia más deteriorada que otras, pero que conserva una funcionalidad innegable.

-¿Cómo puede funcionar una democracia que el Gobierno pretende utilizar para lograr su propia destrucción, como ocurrió con la propuesta de reforma constitucional, cuando se le pedía a la gente que votara por la supresión de sus derechos, aprobara el secuestro del poder popular y consagrara el centralismo y la reelección presidencial indefinida?
-Hay valores fundamentales que son emanaciones de la naturaleza humana o conquistas logradas a través de luchas sociales largas y costosas. Pero, en todo caso, se trata de conquistas irreversibles e irrevocables que no pueden someterse a un régimen de mayorías porque dependen de la persona, son inherentes a ella. Si esa reforma hubiese sido aprobada, se habrían presentado problemas muy serios de legitimidad intrínseca porque ahí podría haberse estado conculcando derechos que no le pertenecen a la sociedad sino a la persona. Claro, esa es una discusión teórica porque la reforma no pasó y aun cuando no estoy contento con lo que tenemos creo que resultaría contraproducente exagerar su negatividad. De manera que si decimos que tenemos un régimen de partido único, tipo Cuba, no sólo estaremos faltando a la realidad, sino que pondríamos al Gobierno en la disposición de llegar hasta ese punto "Si ellos creen que eso es así, hagámoslo". Por eso debemos ser muy equilibrados en el juicio.

-Eso puede ser cierto, pero ¿qué destino le espera al país con un régimen que se quedó sin el proyecto (aunque insiste en aplicarlo) y navega entre dos aguas: el totalitarismo fracasado y la democracia precaria? ¿Cree usted que tiene un futuro asegurado?
-No. Es una situación que algún día debe tomar una camino determinado. Las instituciones funcionan muy mal, tenemos una Constitución formal y la real depende de la voluntad del jefe del proceso. Al ex presidente Pérez se le destituyó porque habría utilizado la partida secreta de manera impropia, cuando pagó la seguridad de la Presidenta de Nicaragua. Pero las irregularidades cometidas por este régimen en ayuda internacionales ha sido infinitamente mayor. Y yo me pregunto si a alguien le pasa por la mente, siquiera remotamente, que pueda establecerse el antejuicio de mérito para determinar si esos hechos son ilegales. Eso es imposible bajo este régimen porque el Presidente tiene el control y si cualquier jurista declara esos hechos como irregulares, ya sabemos que el (la) fiscal no iniciara ningún proceso al cual el TSJ le de vía.

-El remedio para democracias en crisis es más democracia, pero estando la venezolana tan deteriorada, ¿es posible aún administrar ese remedio o es por eso (la debilidad democrática) que al final afloran el conteo de cañones y las salidas indeseables?
-Uno podría, como la vieja izquierda, asumir la tesis sobre la necesidad de que se agudicen las contradicciones (si las cosas están mal lo mejor es que empeoren). Pero esa es una suposición suicida.Lo que corresponde es seguir usando los espacios democráticos para defender la democracia y ésta pueda recuperar la plenitud de su vigor. Que aproveche lo aprovechable de este proceso y no piense que todos los tiempos pasados fueron mejores y hay que volver a ellos. Cualquier aproximación distinta a la democracia nos conduciría a escenarios más indeseables que los actuales.
 


 





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