Cecilia García-Arocha: "La UCV va a defender su libertad y la pluralidad"

Por Venezuela Real - 16 de Noviembre, 2008, 11:47, Categoría: Educación

MILAGROS SOCORRO
El Nacional
16 de noviembre de 2008

La ex decana de Odontología y ex Secretaria de la UCV advierte que no ganó el Rectorado por ser mujer, pero asegura que esta condición la dota de una sensibilidad especial para respetar la disidencia y conducir provechosamente la coincidencia
Es inaceptable que el máximo dirigente del país tenga un discurso violento permanentemente

–Lo mejor de haber llegado a rectora –dice la primera mujer en ocupar el cargo que inauguró José María Vargas en la Universidad Central de Venezuela, en 1827– es que lo trabajé durante años. Yo creo en la meritocracia y estoy convencida de que eso fue lo que reconoció la comunidad universitaria. Y siempre he sabido esperar, en la certeza de que lo que está para uno, llegará.

Cecilia Carlota García-Arocha Márquez tiene paciencia para esperar su momento. Pero no se tira en una hamaca a aguardar que éste llegue. Al contrario, podría decirse que empezó a prepararse para ser rectora desde el momento en que ingresó en la Facultad de Odontología (de la que su padre fue decano) y era una muchachita tímida, conocida por su excelente desempeño estudiantil.

Una vez graduada, en 1976, se convirtió en profesora de la UCV y emprendió estudios de posgrado que, curiosamente, se han orientado siempre a la formación gerencial, incluso en el nivel de doctorado. Fue decana de Odontología por cuatro períodos consecutivos (de 1993 a 2005); fue secretaria de la UCV, de 2004 a 2008, cuando se instaló en el Rectorado, que debe ser una de las oficinas más espléndidas de Venezuela. Allí está de lo más confortable, rodeada de una galería de retratos exclusivamente masculinos, entre quienes se cuenta un elenco de eminencias y alguno que otro pillastre. El lugar parece ser su escenario natural y el de rectora, el papel que mejor se aviene a su trayectoria y su guáramo.

–Desde muy joven –resume– dediqué las 24 horas a la universidad. Y cuando se acercó la fecha de las elecciones para escoger a las nuevas autoridades, sentí que había llegado el momento: tenía la edad, la preparación y el conocimiento atemperado de la vida universitaria y de las expectativas de sus miembros. Me sentía, pues, una mujer joven y, al mismo tiempo, con la experiencia necesaria para una responsabilidad de esta naturaleza.

–¿Cuáles son las prioridades de su rectorado?
–La propuesta que presentamos durante nuestra campaña electoral fue producto de las consultas hechas a la comunidad, cuyas dos grandes preocupaciones eran infraestructura e inseguridad. Por eso, desde el 4 de agosto, cuando llegamos a este despacho, nos dispusimos a rescatar la infraestructura de la UCV y a tomar medidas de seguridad, algunas de las cuales no resultaron populares pero que eran necesarias. En el año 2010 vendrá una comisión de la Unesco a hacer una inspección de rutina (dada la condición de la Ciudad Universitaria de Patrimonio Cultural de la Humanidad), y nosotros estaremos a la altura.

Ya comenzamos un proceso de recuperación de los espacios verdes; del Aula Magna; del Comedor Universitario: hicimos, totalmente nueva, la sala de producción de alimentos, y acaba de reiniciar su funcionamiento, atendiendo a más de 9.000 estudiantes que reciben alimentación gratuita en el desayuno, al mediodía y en la tarde. En el año 2012, cuando entreguemos el rectorado, dejaremos una universidad digna, como siempre fue y como debe ser.

–¿Cómo es la UCV que usted ha conseguido?
–Hemos encontrado un deterioro físico inmenso, lamentable. Un desgaste de los trabajadores, incluidos los profesores, por los ingentes pasivos laborales y la exigüidad de los salarios. Y un grave déficit presupuestario. Nosotros pedimos 1,7 millardos de bolívares fuertes de presupuesto para 2009.

Y nos asignaron 1 millardo. Es decir, 700 millones menos. Ante esta disparidad de visiones, entre lo que nosotros necesitamos y lo que el Estado nos da para nuestro funcionamiento, creo que lo más natural sería reunirnos para exponer minuciosamente en qué vamos a invertir ese dinero.

La hora de la vocería

–El profesor chileno Francisco Mires fue detenido en el aeropuerto de Maiquetía cuando salía del país, tras pronunciar una conferencia por los 70 años de la Facultad de Economía de la UCV. ¿De qué es sospechosa la Central?
–De libertad. El miedo que le tienen a la UCV es que es una institución de pie, que va a defender su libertad, su país y la pluralidad. La UCV es una institución autónoma, libre y democrática. Y así será siempre. Aprovecho la oportunidad para expresar mi mayor repudio, como venezolana y como rectora de la UCV, a la detención injustificada del profesor Francisco Mires; y mucho más la presunción de que venir a la UCV constituya algún tipo de irregularidad. Debe saber éste y cualquier otro funcionario que la Central es una institución histórica, que ha librado grandes batallas por un país libre y por su autonomía; y que, en vez de mirarla con recelo, debería estar orgulloso de ella.

–¿Cómo definiría el contexto nacional en que se desenvuelve la universidad?
–Tradicionalmente, los universitarios teníamos la preocupación por los presupuestos justos; ahora a este problema se añade el hecho de que nos encontramos en un país dividido y con un discurso totalmente inaceptable, que proviene de las altas esferas del poder.

Esto lo digo como profesora y como mujer: es inaceptable que el máximo dirigente del país tenga un discurso violento permanentemente. Todo el país debe rechazar esto, con independencia de su posición frente al Gobierno.

–Usted ha dicho que ésta es una hora estelar de la universidad.
–Me refiero a la oportunidad de contribuir a la transformación de la universidad y de hacer aportes desde la academia a los graves problemas de Venezuela. Además, es la hora de tener vocería, de tener presencia en el país como factor democrático. Si alguna revolución se está produciendo en Venezuela, ésa es la que llevamos adelante las universidades, porque impulsamos transformaciones en el marco de un profundo espíritu democrático.


–Igual que el presidente Chávez, usted deja su mandato en 2012. ¿Cómo quisiera que se produjera esa salida?
– Cua ndo l leg ué a l Au la Magna como rectora electa, recibí un gran aplauso que me emocionó mucho. Cuando termine mi período quisiera recibir un aplauso aún mayor, que sea el espejo de una gestión altamente provechosa para la institución.


Quiero irme enriquecida de experiencias; satisfecha por lo que haya hecho bien, y más madura por las reflexiones ante mis desaciertos. Me iré tranquila porque dejo esta gran casa en manos de una persona idónea, eso sí, a otros rumbos: a seguir trabajando por mi país.

–¿Está pensando en la Asamblea Nacional?
–Estoy pensando en servir a mi país donde le sea más útil.

 Siete Días
Los bachilleres las prefieren autónomas
Al preguntarle por las expectativas de los estudiantes, la rectora responde con aplomo. Sus criterios al respecto se basan en el contacto directo que dice tener con los bachilleres. "Los jóvenes –afirma– aspiran ingresar en la universidad... pero cuál universidad. Porque para insertarse exitosamente en el mercado laboral, nacional o extranjero, es preciso que el título tenga un valor. Cuando a mi padre le preguntaban qué odontólogo necesitaba el país, él decía: `Uno solo. Uno bien formado’. Eso no ha cambiado. Venezuela necesita un solo tipo de profesional: uno bien formado, que tenga sensibilidad social y domine muy bien su disciplina. Los jóvenes aspiran a ingresar en una universidad de calidad, que les asegure la oportunidad de mejorar su condición socio-económica. Esto es muy legítimo. El estudio debe considerarse como la gran oportunidad de ascenso social". La parte mala es que, explica, la UCV de hoy no puede satisfacer plenamente las expectativas de estos jóvenes "por múltiples razones". –La UCV –dice– fue creada para 5.000 estudiantes y en la actualidad tenemos casi 46.000, de pregrado, y 12.000 de posgrado. Luego, venimos arrastrando un déficit presupuestario desde hace muchos años; y, sin embargo, con las mismas condiciones salariales (muy precarias), con los mismos profesores (en número decreciente porque los jubilados constituyen 60% de la nómina) y con muy pocas posibilidades de renovar el plantel docente, de 8.000 estudiantes que ingresaban hasta el año pasado, subimos a 10.000 este año. Desde luego, no pueden entrar todos los bachilleres que quisieran. Y esto se aplica a la UCV y a todas las universidades hermanas. Lo digo con propiedad: en la última solicitud de asignación de los estudiantes, la gran mayoría manifestó su voluntad de ingresar en universidades públicas, autónomas y democráticas. El estudiante quiere una universidad de calidad, con historia, con los mejores recursos, con los mejores maestros, con libertad, con posibilidad de disentir. Eso es lo que quiere el joven. Y lo que merece.






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