ELSIE ROSALES : "La ausencia del Estado abre espacios que pueden ser llenados con cualquier cosa"

Por Venezuela Real - 16 de Noviembre, 2008, 11:52, Categoría: Seguridad/Inseguridad

El Nacional
16 de noviembre de 2008

Elsie Rosales advierte que surgen formas primitivas de garantizar la seguridad
"La ausencia del Estado abre espacios que pueden ser llenados con cualquier cosa"

La profesora del Instituto de Ciencias Penales de la UCV alerta sobre el surgimiento de paraestados en el país y sobre el desplazamiento a manos privadas del monopolio de la violencia estatal

Que el jefe de una banda se haya convertido en el garante forzoso de la paz de una comunidad popular no sólo puede comprenderse como una experiencia cotidiana de muchos venezolanos. Elsie Rosales, académica del Instituto de Ciencias Penales de la Universidad Central de Venezuela, opina que el hecho refleja una paradoja por la que transita el concepto de seguridad en el mundo contemporáneo.

"La seguridad se presenta por un lado como un tema capital, omnipresente; en cada momento surgen demandas de protección, pero por otro lado los discursos y prácticas no transitan según las necesidades de los grupos sociales más vulnerables". En América Latina, las expresiones del problema son más dramáticas, de acuerdo con la investigadora, por la convivencia de infinidad de espacios urbanos, y la desigualdad que arropa a la región.

–¿El Estado se repliega en sus funciones?
–La literatura ha examinado el problema político de la legitimidad del Estado. Un tema fundamental lo planteó Max Weber a principios del siglo XX: el del uso de la fuerza como un monopolio legítimo del Estado. Hay una especie de delegación de las personas, un mandato para que el Estado lo haga porque la fuerza es crucial para determinar la conducta de los demás, para ejercer el dominio. La idea del acuerdo tiene un sentido: lograr el imperio de los derechos de todos.


–Es una relación de dar y recibir...
–Si lo vemos de una manera sencilla. Ejercer la soberanía supone un dominio territorial concreto con el objetivo de garantizar los derechos humanos; entre ellos, derechos individuales de suprema importancia como el de la vida y el de la integridad, que son gravemente afectados por la violencia bélica o delictiva. Se abren espacios que pueden ser llenados con cualquier cosa si no se cumple con la base del acuerdo político, máxime en espacios tan sensibles, si hay una ausencia del Estado. En la teoría política más tradicional, se genera un nuevo orden si hay esa situación de abandono, de desregulación, por lo que surgen los paraestados...

–El concepto de nuevo orden correspondería con una situación como de la que venimos hablando...
–Sí. Pero la caracterización del asunto apunta también a un proceso de reprivatización de la seguridad. El conflicto privado se coloca justamente en manos del Estado, un tercero imparcial, que debe evitar que la violencia se multiplique con una intervención justa, proporcional, de modo que no quede déficit de impunidad o se dé una respuesta excesiva, de abuso de poder.

Si esto no ocurre, entonces la realidad se abre caminos y hay un nuevo desplazamiento a manos privadas. Esto puede ir en una línea democratizadora, que amplíe y mejore los derechos, o en una línea primitiva. No quiero decir que toda fórmula de reprivatización de los asuntos públicos sea mala, pero en determinados temas, como el del uso de la fuerza, el asunto es delicado porque hablamos en el fondo de la posibilidad de que el pez gordo se coma al más pequeño.

–Es obvio que esto puede ser muy problemático...
–Sí. En el caso venezolano tenemos una sociedad marcadamente verticalizada que en conjunto demanda protección, a veces de manera excesiva, por la dimensión subjetiva de la seguridad.

Esa demanda trata de resolverse por la vía institucional, pero en segundo plano va por la solución privada. ¿Qué ocurre? Que hoy en el mundo entero hay más vigilantes que policías. El que tiene dinero puede pagar y tiene más posibilidades en un mundo desigual. Pero también pueden surgir fórmulas más primitivas. Entonces podrás ver pequeñas zonas territoriales, seudodominadas por grupos de personas que de manera coyuntural ejercen control gracias al uso de la fuerza y con cierto acuerdo tácito de personas que, presas del temor, ceden ante esas fórmulas de protección. O pueden surgir fórmulas de autodefensa o de toma de justicia por la propia mano. Aunque no dudo que en los barrios también haya mecanismos creativos y efectivos de arbitraje y de mediación.

–¿Pero se puede hablar de paraestado?
–En todas partes del mundo el sistema penal que usa el Estado para controlar el delito tiene recursos muy limitados. Insisto en que hay que tener prioridades. Pero también se crean vacíos porque el Estado es manipulado para que se ocupe de otras cosas. Ocurre que un uso de la fuerza que debe estar regulado y controlado pasa a estar diluido en fuerzas privadas que no tienen regulación, control, y se impone la arbitrariedad. Es un poco lo que ocurre cuando se producen los linchamientos, por ejemplo. Así surgen los paraestados. Hablamos de esferas locales, donde hoy no hay capacidad de desmontar el Estado, aunque su legitimidad queda comprometida.








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