Pensar: un peligro

Por Venezuela Real - 16 de Noviembre, 2008, 11:59, Categoría: Testimonios

Gloria Cuenca
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16 de noviembre de 2008

He contado en varias ocasiones cómo llegué a la conclusión de que pensar podría ser un peligro. Me encontraba en un país, de los del “socialismo real”. Narro la experiencia otra vez. Creo, como docente, que la repetición puede ser una forma de aprendizaje. En China, ante mis constantes preguntas, ante mi curiosidad periodística y en la obsesión por descubrir la verdad de las muchas cosas que se me habían dicho sobre las maravillas del socialismo real, no podía desperdiciar la oportunidad de preguntar hasta fastidiar a intérpretes y funcionarios encargados de nuestra visita en la China de Mao.

Como mujer, pienso que los detalles son fundamentales a la hora de conocer y comprender las cosas. Por recomendación del Dr. Inocente Palacios, (Qepd) había leído varias biografías del presidente Mao. Algunas editadas en Occidente, otras escritas en China, por periodistas amigos del “Gran Timonel”. La historia de sus cuatro esposas era bastante conocida en Occidente, pero los jóvenes chinos no conocían la verdad sobre el presidente Mao, ignoraban su condición de casado cuatro veces, y tampoco sabían lo mujeriego que era. ¡Claro, así no podía ser un dios! En su casa de Shan Sha, había fotos de dos de sus esposas. Una, fusilada por los japoneses (una heroína, ciertamente) y su esposa en ese momento, jefe de la Banda de los Cuatro, Chian Ching (presa, se suicidó más de una década después).

Con impertinencia periodística, insistí ¿y, la novia niña? ¿y, la que repudió durante la Larga Marcha para casarse con Chian Ching? La angustia que se generó entre periodistas, funcionarios y camaradas fue grande. No sabían qué responder ante mis constantes argumentaciones. No me convencieron. Era un detalle más para inventar el mito de la perfección de Mao. De su fidelidad y seriedad, de su amor a la familia. Todo esto era una gran mentira. El intérprete, de gran calidad humana, me confesó: “Es mejor no pensar tanto, tampoco cuestionar, se puede volver uno contrarrevolucionario”. A partir de ese momento me puse en guardia y me di cuenta de que pensar era un peligro para ellos, se podía correr riesgo de vida y muerte.

Entonces empecé a amar la democracia venezolana y la libertad de expresión. Vi las cosas de desde otra perspectiva.

Pensé, analicé y comprendí.

Periodista / Prof. universitaria





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