La enfermedad silenciosa

Por Venezuela Real - 19 de Noviembre, 2008, 9:42, Categoría: Economía

GUSTAVO ROOSEN
El Nacional
19 de noviembre de 2008

Se evita hablar sobre ella.
 
Pocos la quieren nombrar. Pendientes, supuestamente, del presente, su consideración queda siempre relegada para mañana. Sin embargo, como sucede con las enfermedades silenciosas, cuando se manifieste en su gravedad su control será poco menos que imposible. Su nombre: ausencia de un sistema de pensiones y jubilaciones viable, presencia de pasivos pensionales imposibles de satisfacer.
 
Además de la confianza en la riqueza del país, para muchos "inagotable", hemos alimentando la seguridad de que somos un país de jóvenes. Y, aunque sigue siendo verdad, lo es cada vez menos. La tendencia muestra un país cuya pirámide de edades comienza a transformarse significativamente con una presencia cada vez mayor de población adulta y anciana. El hecho implica un nuevo cuadro de realidades: cambio de condiciones de vida, mayores necesidades, creciente base de pensionados, incremento de gastos médicos, todo lo cual implica, a su vez, mayor peso sobre la población económicamente activa, las empresas y el Estado.
 
Cuando se observa el impacto que están teniendo en las empresas norteamericanas fabricantes de autos los crecientes pasivos por concepto de pensiones y jubilaciones, sólo cabe preguntarse dos cosas.
 
La primera, cómo entender una gerencia que permite crecer esos pasivos sin una base financiera suficiente para responder. Y la segunda: qué puede ocurrir en un país carente de un sistema de pensiones manejable, preso de una política que atiende más a las presiones que a las posibilidades reales, a las promesas que a la capacidad de cumplirlas, a la ilusión de abundancia que a la generación de valor.
 

Para empresas como General Motors, el problema tiene que ver con planes de pensiones que ya no son cumplibles, que no pudieron ser capitalizados oportunamente. Para Venezuela, con el crecimiento de su población adulta, la presencia de más de 2 millones de empleados públicos y 5 millones de personas en la economía informal, un esquema de contratación que aspira como modelo a la indexación de las pensiones, la existencia de fondos de pensiones manejados sin transparencia o carentes de sistemas administrativos que garanticen su crecimiento sin sacrificio de su función esencial. La indexación como modelo afecta el porvenir de las empresas y su capacidad empleadora. Ofrecida como beneficio se convierte finalmente en amenaza para la estabilidad de la empresa y la seguridad de los propios pensionados. Presentada como solución termina arrastrando la promesa de seguridad al tobogán de la insolvencia.
 
El país ha perdido una década sin formalizar una política que se apoye en la capacidad de ahorro de la sociedad, ofrezca respuestas viables a la realidad de un número creciente de pensionados, involucre en la solución a las propias personas, a las empresas y al Estado, abra las posibilidades para hacer de esos fondos factores de activación de la economía. No se ha respondido la pregunta clave de cómo mantener un servicio de pensiones universal y un servicio de salud viable para toda la población.
 
Al postergar el tema, el Estado está en mora. Y gobernar, como gerenciar, es tomar decisiones, considerar opciones .
 
Aceptar compromisos imposibles de soportar, tanto por parte de las empresas como por parte del Estado, sólo serviría para abrir los caminos de la catástrofe. Pero gobernar es también anticiparse al futuro, con previsión, sin la falsa seguridad de que el mañana está garantizado. ¿Ha percibido el Gobierno la enfermedad silenciosa que nos amenaza?






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