Falsificar la historia

Por Venezuela Real - 23 de Noviembre, 2008, 10:17, Categoría: Historia Oficial

Fernando Ochoa Antich
El Universal
23 de noviembre de 2008

Falsificar la historia es una tendencia natural en los regímenes totalitarios y autoritarios, que siempre buscan  interpretar el pasado, de manera interesada, para poder justificar sus arbitrariedades en el ejercicio del poder. Así ha venido ocurriendo en Venezuela en estos últimos diez años. Hugo Chávez ha querido reescribir nuestra historia a su conveniencia. Por suerte, algunos de los más prestigiosos intelectuales del país han combatido con gran fuerza tan absurda posición. Así lo han hecho Manuel Caballero, Germán Carrera Damas, Simón Alberto Consalvi y Elías Pino Iturrieta. Sus inteligentes intervenciones han aclarado muchos de los desaguisados a que nos tiene acostumbrado Hugo Chávez en sus largas y fastidiosas intervenciones. De todas maneras pienso que el tema no está agotado. Se necesita reflexionar largamente sobre esas mentiras para lograr que las nuevas generaciones no sean engañadas por la permanente prédica que se hace mediante el uso abusivo de los medios de comunicación del Estado. Esa falsificación de nuestra historia la inicia Hugo Chávez desde el descubrimiento y la prolonga hasta los últimos cuarenta años de trascendente gobierno civil. Aprovecharé el tiempo navideño para analizar estos temas. Es de gran interés colocar los puntos sobre las íes.

 Negar la importancia que tuvo la presencia española en la América, y en particular en Venezuela, es casi una necedad. Es cierto que en algunas regiones de nuestro continente existían culturas medianamente desarrolladas, pero sin duda en un Estado de menor evolución del que tenía la España del siglo XVI. Esta verdad surge de los propios hechos. No es difícil demostrar que en ese choque de civilizaciones se impuso la visión cristiana del hombre y los valores representados por la cultura occidental. La religión que permaneció en el tiempo fue la católica; el Estado, la monarquía española; la lengua, el castellano. Esta verdad no quiere decir que la cultura autóctona americana y la negra africana no influyeran de alguna manera en nuestra formación como pueblo. Simón Bolívar, con su inspiración genial, en la Carta de Jamaica nos definió como un pueblo distinto al español y al indígena: "nosotros somos un pequeño género humano; poseemos un mundo aparte, cercado por dilatados mares; nuevos en casi todas las artes y ciencias, aunque en cierto modo viejos en los usos de la sociedad civil… Por otra parte, no somos indios, ni europeos, sino una especie media entre los legítimos propietarios del país y los usurpadores españoles".

Es entendible que Bolívar tuviese, en medio de la guerra, el peor concepto de España y de su pueblo, pero también es innegable que él era nieto de conquistador español y en cierta forma beneficiario de los privilegios que ellos habían obtenido mediante la fuerza. La conquista española tuvo rasgos de crueldad e injusticia. Era imposible que una acción militar de esa magnitud no tuviese esas características. Además, esa era la forma normal de actuación del hombre de ese tiempo, coincidiendo con  la evolución de la comunidad internacional. El conquistador español del siglo XVI tenía, como muy bien lo explica Rufino Blanco Fombona, "la virtud del heroísmo. Fueron individualistas, de estricto fanatismo religioso y tuvieron la dureza muy racial, pero también muy de su época, que los parangona a los guerreros contra el islam. Fatalistas, dieron al azar  en sus empresas más cabida que al cálculo. Carecieron de curiosidad intelectual ante el espectáculo único de civilizaciones interesantísimas que veían desmoronarse. El anhelo de obtener fortuna con poco esfuerzo, degeneró en ellos en feroz codicia". En verdad, virtudes y defectos en su personalidad que caracterizaron el inmenso e inigualable esfuerzo de la conquista de América.

 Esas mismas condiciones tuvieron criollos y españoles durante la Guerra de Independencia. Heroicos fueron nuestros libertadores, pero en más de una oportunidad utilizaron la crueldad en medio de lo que significó la Guerra a Muerte. También lo hicieron los españoles. El recuerdo sanguinario de Boves y Morales siempre permanecerá en nuestra consciencia como pueblo. Negar a España es negarnos a nosotros mismos. Es nuestro vínculo con la cultura occidental y con Europa. Insistir, como quiere Hugo Chávez, que nuestro pasado está estrechamente unido a las culturas autóctonas de  América es querer transformarnos en pueblos sin historia.





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