Las dos Venezuela

Por Venezuela Real - 24 de Noviembre, 2008, 14:31, Categoría: Política Nacional

ARMANDO DURÁN
El Nacional
24 de noviembre de 2008

Escribo estas líneas el viernes por la mañana. Imposible, pues, referirse a los resultados electorales del próximo domingo. Sin embargo, una cosa parece muy probable. En lugar de saldar con el voto la honda brecha que divide a los venezolanos en dos grupos al parecer irreconciliables (efecto balsámico de cualquier elección en tiempos de normalidad democrática), el próximo lunes (léase hoy) Venezuela amanecerá tan fracturada en dos mitades como antes. Aunque eso sí, con un nuevo grado de agotamiento colectivo.
 
A medida que pasan los años y se suceden las convocatorias del CNE a votar por esto o aquello, más son los venezolanos desengañados con unos y otros. Es decir, cada día crecen más los ciudadanos que por simple comodidad llamamos "ni-ni". Esos que todos conocemos y que quizá, algún día, reclamen indignados: ¡Que se vayan todos! Como casi todas las cosas en este mundo, el fenómeno en sí mismo no es bueno ni malo. En todas partes cuecen estas habas y no pasa mayor cosa. La diferencia radica en el hecho de que en la Venezuela de hoy esta creciente indiferencia ciudadana no es del todo pasiva y en verdad refleja un grave y peligroso malestar. Por una parte recoge la resurrección de aquel oscuro sentimiento nacional contra la actividad política (la famosa "antipolítica" promovida a partir del viernes negro de 1984 por sectores empresariales de extrema derecha decididos a arrojar por la borda a sus tradicionales operadores políticos, "culpables" según ellos de crear un Estado omnipotente), y cuyas malévolas consecuencias están a la vista de quien las quiera recordar: el Caracazo, las intentonas golpistas de 1992 y el triunfo electoral de Hugo Chávez en 1998. Por otra parte, el renacer de ese distanciamiento que cada vez separa más a los venezolanos de la cosa pública, si bien le deja abiertas las puertas del poder a los espíritus más audaces, más astutos y más inescrupulosos, por otra parte le evita a Venezuela la despiadada sangría de un enfrentamiento violento, tal como ocurrió con las elecciones municipales españolas de 1936, cuyo desenlace inmediato fue la guerra civil y más tarde la dictadura interminable de Francisco Franco.
 
Ahora bien, lo peor de esta ingrata situación de insensibilidad política que padecen muchísimos venezolanos es que profundiza el abismo que desde hace años existe entre gobernantes y gobernados.
 
La incomunicación. Y así, por mucho esfuerzo que hagamos, a la hora de depositar nuestro voto en las urnas del domingo, debemos reconocer que ese voto será (fue) un voto a ciegas. Por Chávez, por Manuel Rosales, por Leopoldo López o por Julio Borges, la vista de los cuatro clavada en las elecciones (¿?) del año 2012. Es decir, por unas instancias que nada o muy poco tienen que ver con la elección de alcaldes y gobernadores, en una república que según la Constitución vigente sigue siendo de carácter federal y gestión administrativa descentralizada.
 
No obstante, con la excepción de Chávez en todo el país y de Antonio Ledezma en la gran Caracas, el resto de los candidatos se ha cuidado mucho de formular planteamientos de fondo sobre la actual o las futuras circunstancias del proceso político venezolano, aunque tampoco han ofrecido soluciones concretas para resolver los gravísimos problemas cotidianos que afectan por igual a los ciudadanos de las dos Venezuelas: la inseguridad personal, la inflación, la crisis de los servicios de salud y educación, la corrupción y la pobreza. ¿Será acaso que basta afirmar que se luchará con máxima firmeza para destruir el pavoroso imperio del hampa, sin necesidad siquiera de insinuar el esbozo de cómo piensan hacerlo? Desde este punto de vista, todos los candidatos, incluyendo a Chávez, comparten un mismo y lamentable mutismo. Ninguno de ellos parece capaz de ir más allá de la consabida y retórica lista de solicitudes y promesas a los Reyes Magos.
 
En el marco de estas insuficiencias, esta semana florecerán las tensiones. Con el petróleo a cuarenta y pocos dólares el barril, con la amenaza cierta de seguir declinando, la única fuerza con que cuenta Chávez para seguir seduciendo a propios y extraños es la fuerza de su liderazgo. Repetir ahora la amarga experiencia del pasado 2 de diciembre equivale a su agonía política y existencial. ¿Tendrá la entereza de asumir esta realidad o perderá la cabeza y buscará su futuro en los recovecos de algún atajo irresponsable? De ello, y de la reacción opositora, dependerá sin duda el porvenir de las dos Venezuelas.






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