Las palabras son a veces la antesala de los puñales

Por Venezuela Real - 24 de Noviembre, 2008, 15:04, Categoría: Cultura e Ideas

Maye Primera
TalCual
24 de noviembre de 2008

Los gobernantes eficaces y modernos, dice el historiador mexicano Enrique Krauze, no tienen vocación de héroes. De allí que vea pocas probabilidades de que el presidente Chávez deje a un lado su retórica decimonónica para dedicarse a hacer una buena gestión en los años que le quedan en el gobierno

No sería decoroso describir en este espacio el mensaje que envió Andrés Izarra al historiador Enrique Krauze, en respuesta a su inquietud de volver a Caracas para presentar su libro, El poder y el delirio, donde hace una caracterización del liderazgo de Hugo Chávez y de las circunstancias que lo llevaron al poder. Krauze ya había sido recibido en julio pasado por el ministro Izarra y por otros dirigentes del chavismo que colaboraron con su testimonio en la elaboración del libro. Pero temía, sin embargo, que en una siguiente visita pudiera correr la suerte del activista de Human Rights Watch, José Miguel Vivanco, o del profesor Fernando Mires. Y no se equivocaba. "La respuesta (de Izarra) –cuenta Krauze– fue en términos muy impropios y muy descalificadores para venir de un ministro de Información. Lo que hicieron fue confirmarme que él pertenece a esa corriente radical. El libro tiene un tono de crítica pero de respeto, tener una actitud negativa con respecto a un texto escrito con ese tono, habla muy mal del régimen".

Son a esas palabras hirientes, virulentas, a las que se refiere Krauze cuando dice que en Venezuela reina hoy el discurso del odio y una división del país que no se percibía hace diez años. Es uno de los rasgos que más le preocupan del sistema que se ha procurado Hugo Chávez, que es decir bastante.

–Ahora que Obama promete cambios en la política de EEUU, ¿qué sería de Chávez sin un imperio que le sirva de enemigo?
–Si hay cambios sustanciales en la política de Estados Unidos frente a América Latina y, en especial, frente a Cuba; cambios que no se antojan muy difíciles porque es un clamor que se cierre la base de Guantánamo y que haya un deshielo en las relaciones y las remesas de dólares puedan llegar a Cuba. Porque Florida, incluso ese estado tradicionalmente tan rígido, se ha inclinado por Obama. De modo que, por todos esos motivos, hay un clima que presagia cambios. Ya entonces eso y la llegada al poder de un presidente afroamericano tiene un peso simbólico y un peso real tan grande, que bajará el valor de los bonos ideológicos de Hugo Chávez. Así como ha caído el petróleo de 140 dólares a 50 dólares, también los bonos ideológicos van a bajar de la misma manera. Él, claro, hace unos meses dijo que podía subir el precio del barril de petróleo hasta 200. La realidad lo desmintió. Del mismo modo, él puede seguir teniendo una expectativa distinta, pero si Estados Unidos demuestra con hechos que hay un cambio, realmente se va a quedar sin municiones o sin pólvora ideológica. Entonces, pueden pasar dos cosas: que venga una actitud de cordura y que en los años que le quedan Chávez se dedique a hacer un gobierno eficaz, menos vociferante; o al revés: un hombre todavía más radicalizado, que busque alianzas todavía más profundas con Irán o con Estados de esa naturaleza. Yo no podría apostar, pero por lo que he estudiado de su psicología me parece que las dos cosas son posibles, pero me inclino levemente por la segunda.

–Además, Raúl Castro ha mostrado su voluntad de cambiar la relación con EEUU.
–Estoy seguro que a Cuba no le conviene una reedición de la crisis de los misiles, no le conviene volver al libreto de los 60. Cuba lo que quiere es una inserción en la vida global que permita a los habitantes de la isla vivir mejor. El secreto a voces que todos sabemos es que la penurias de la población cubana y los sacrificios por la revolución han sido enormes. Es justo que tengan una apertura en su vida económica y eso sólo se puede lograr muy bien si Estados Unidos cambia de actitud, porque esa ha sido una de las piedras de toque de la rivalidad entre Cuba y Estados Unidos. Frente a eso, creo que Raúl Castro tendrá una actitud pragmática y no creo que le guste mucho la radicalización que pueda tener Hugo Chávez.


–Usted menciona en su libro, parafraseando a Raúl Baduel, que Chávez posterga la solución de los problemas para contro lar el poder, a fuerza de clientelismo.
– Todavía con el petróleo a estos niveles y con esa riqueza y con el gran poder de su carisma y con esa vocación social que, a pesar de todas mis críticas, yo le reconozco –quienes niegan esa vocación, están negando la realidad–.Esa vocación social, su carisma y la riqueza que tiene el Estado petrolero, todavía puede hacer persistir la ilusión de que un Estado proveedor y una mayoría clientelar solucionan los problemas de Venezuela. Ojalá no sea así, porque el despertar de ese ensueño va a ser muy doloroso. Yo esperaría a que, sin renunciar de ninguna manera a su vocación social y a muchos de sus programas, se concentre en hacer un buen gobierno, porque eso lo fortalecerá para la vida política que pueda llegar a tener él después del 2013. Pero mientras le digo estas soluciones, siento que estoy hablando de una utopía, por que cuando las confronto con las declaraciones de Chávez de todos estos días y su actitud absolutamente guerrera, implacable contra la oposición, cómo puede esperarse una actitud de cordura con esa emotividad desbordada y delirante.


Por eso llamé a mi libro El poder y el delirio.

–No es el plan del "héroe" hacer un buen gobierno de aquí al 2013, ¿no es así?
–Ese es el corazón de mi libro.

Creo que en la mitología del héroe, en su veneración y en la construcción de su propia estatua heroica está la clave para entender a este señor. Y claro, uno nunca piensa en el presidente Lula como un héroe, sino como en un gobernante moderno y eficaz. Los gobernantes modernos y eficaces no quieren ser héroes; sólo quieren ser eso: gobernantes modernos y eficaces.

Pero Chávez quiere ser un héroe; y en lo último que pensaría un héroe es en un gobierno cuerdo, sensato, discreto.

–¿Cómo surge un liderazgo como el de Chávez en la democracia más antigua de América Latina, en la que la izquierda, en comparación con la socialdemocracia, contó con tan poco arrastre popular?
–Desde los griegos se sabía (está en Aristóteles y en Platón) que las democracias son creaciones humanas frágiles, las democracias se pierden cuando no se cuidan. Y yo creo que la segunda generación de presidentes después de Betancourt y Caldera, la segunda generación de Punto Fijo, sencillamente descuidó la vida democrática. En vez de consolidarla, la despilfarró. Desatendieron las necesidades sociales, dejaron de tener sensibilidad social, hubo corrupción, irresponsabilidad, ineficacia.

Hubo una actitud faraónica en las creaciones del Estado. Se desprestigió la vida política. Todos los límites que había puesto Betancourt en términos de evitar el peculado, ser discretos hasta en la forma de comunicarse con la gente, se perdieron. Vino la crisis de la caída del petróleo, algo, por cierto, no muy distinto a lo actual. Todas esas circunstancias hicieron que las elites rectoras de Venezuela casi conspiraran para acabar con la propia democracia. Y si los que tienen que defender la democracia no la defienden, es natural que surja el caudillo, el hombre providencial. En nuestros países latinoamericanos, que tan difícilmente han podido ir construyendo sus democracias, cuando éstas no se fundamentan, no se consolidan, lo que nace de las entrañas de nuestros países son los caudillos. No es nada casual que haya surgido, entonces, Hugo Chávez. Pero también a él hay que darle el mérito de ser un líder carismático auténtico porque de esto qué duda cabe.

Uno de los factores centrales de por qué la democracia liberal en Venezuela entró en un estado tan precario, es la fuerza del líder carismático, que concentra el poder en su persona de un modo no distinto en el que lo concentraban los líderes carismáticos del siglo XX: Mussolini, etcétera.

–Además de la caída del petróleo, hoy en día se repiten en Venezuela la corrupción, la creación de ministerios para cada necesidad, la actitud faraónica. Pero eso que le hizo tanto daño a la democracia, ahora no parece hacerle daño a Chávez, a juzgar por las encuestas, que siguen restándole responsabilidad a él en la ineficacia del gobierno y atribuyéndosela al entorno.

–En mi libro explico las causas históricas de eso. Nuestros pueblos tienen una cultura política muy antigua. En términos históricos, la cultura política de nuestros pueblos se mide en siglos, no en años. Nuevos pueblos tienen la cultura política de la veneración al caudillo. Y antes de la veneración al caudillo, era la veneración al monarca. Por tres siglos, los monarcas españoles gobernaron América sin que ninguno de ellos tuviera necesidad de venir a América. Entonces, en la tradición y cultura política ibérica, el rey o el monarca siempre tiene la razón; los que fallan son los subalternos o los gobernantes menores o los alcaldes. Yo hago la referencia en mi libro al teatro español del siglo XVII, donde el culpable era el alcalde de Salamea, y el pueblo se levantaba contra el alcalde, el gobernador y el magistrado concreto y siempre había "vivas" al rey. Es la idea de que el monarca es bueno y, si fallan las cosas, es porque a él lo engañan o no lo sabe. Es una actitud de ingenuidad muy propia de la cultura política de nuestros países, y sólo irá cambiando poco a poco, conforme vayan acumulándose las decepciones.


–Usted ha dicho que Venezuela ha perdido a sus líderes civiles, ¿cuánto falta para recuperarlos?
–Mi impresión es que todavía les falta un camino muy largo. Los estudiantes, por su propia naturaleza, son una condición temporal, transitoria, y son muy jóvenes.

Hasta Betancourt tardó muchos años en madurar del joven de 20 años que se enfrentó a Gómez, al político consumado que fue. Por otro lado, creo que se decapitó a una o dos generaciones en ese momento en el que se suicidó casi la democracia liberal en Venezuela. Ahí hay figuras que he conocido, apreciables, pero evidentemente todavía no hay un grupo o un liderazgo. Ni siquiera los partidos han podido recuperarse del desprestigio que tiene hasta la palabra partido. Esa es la impresión que tengo yo. Es más lo que la propia población ha ido percibiendo para ir poniendo sus límites, que el liderazgo. Pero en la historia suele ocurrir que los líderes aparecen cuando uno menos los espera. La oposición cometió muchos errores, incluso en el período del propio Chávez, que parece que eran una cadena de suicidios. Han sido muchos años de cometer torpezas y de negarse a sí mismos.

–¿Sigue convencido de que el movimiento estudiantil durará o cree que en el último año los consumió la vanidad?
–Algo de eso último. Cuando hablé con ellos en diciembre les dije `lo único que importa es que ustedes hagan que esto dure’. Y no sé si me entendieron muy bien lo que les quise decir, porque para que eso durara tenían que haber organizado algo, unos clubes, una especie de movilización continua y pacífica. No estoy seguro de que esto se haya estado haciendo y algunos de ellos ya tienen un poco de protagonismo. Es muy complicada la vida política y tampoco se les puede pedir experiencia, porque una generación antes de ellos, las personas que están en sus 30 o 40, ¿dónde está? Si tuviera algún consejo que dar diría `trabájese muy fuerte para elecciones parlamentarias’ y formen grupos, no necesariamente partidos, que sepan que esta es una carrera larga. Hay que consolidar una oposición contra viento y marea, y contra lo más grave que vi allí, contra el discurso del odio. Las palabras son a veces la antesala de los puñales.







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