El salvavidas del capitalismo

Por Venezuela Real - 26 de Noviembre, 2008, 10:16, Categoría: Economía

María Elena González Deluca *
TalCual
26 de nobiembre de 2008

Tras la depresión de los años 20 cambió, como en otras partes del mundo, el concepto de Estado. Además de sus funciones políticas, debía asumir otras que aseguraran el bienestar de la población. La capacidad reformista y de autotransformación del capitalismo inventó este salvavidas que funcionó en el siglo XX. Y es probable que el salvavidas siga funcionando, aunque a estas alturas no sabemos si lo que viene es recesión o depresión

La sucesión de altibajos de los valores de la Bolsa de Nueva York, hace exactamente ochenta años, demostró que el sistema financiero es la parte más vulnerable de la economía capitalista. Esto también se observa en la crisis actual, pero antes que hacer paralelos apresurados, basta subrayar algunos parecidos y contrastes.

Para empezar, el mundo de hoy está más globalmente urbanizado y más articulado, en un sentido tecnológico, económico y geográfico. En estas semanas hemos comprobado, si hacía falta, que la globalidad también funciona en tiempos de crisis.

Las acciones suben y bajan, con las diferencias horarias astronómicas, en las bolsas de Asia, Europa y América, incluso Islandia, un lugar de tan escasa presencia en las noticias, está en los medios informativos como parte de la dimensión global del fenómeno.

Si en los años veinte había claramente un epicentro, ahora es más difícil ubicarlo. Incluso se observa que los movimientos no siempre coinciden, en determinadas jornadas unos mercados suben y otros bajan, pero también ocurre que un anuncio, o una palabra inconveniente o alentadora en boca de algún poderoso los mueve en una dirección.

Los capitales se movilizan hoy en un mundo que casi no distingue fronteras, sin más acción que el movimiento de los dedos en un teclado. La interconexión de los capitales y de la información determina un nivel de unificación de las reacciones que no existía antes, de modo que las crisis se contagian rápidamente y forman un extenso fenómeno arracimado. Esto hace muy difícil identificar una causa única, o las mismas causas en diferentes partes del mundo.

En la crisis de nuestros días se ha mencionado como causa, las hipotecas subprime, concedidas a clientes con baja capacidad de pago, gracias a la baja del interés y a la abundancia de dinero. Irónicamente se acusa al crédito de haber descalabrado al mercado al extenderse a un público con pocos recursos, es decir al democratizarse.

Igualmente en los años veinte se extendieron facilidades de crédito que los corredores de bolsa emplearon para vender acciones de la bolsa, también a crédito, a una multitud de pequeños ahorristas.

En los dos casos esa "democratización" del consumo a través del crédito fracasó cuando éste se encareció y empezaron los incumplimientos. Entonces como ahora, las cadenas de financiamiento se rompieron, las quiebras atemorizaron al público y los valores se vinieron abajo. Entonces y ahora, la opinión culpó a la ambición de los poderosos y a la falta de intervención.

Es cierto que en los 20 el ingreso nacional se concentró desproporcionadamente en los grandes capitalistas, es cierto que las empresas se sobrecapitalizaron con los valores en ascenso y que el trabajo se devaluó como vía posible hacia la prosperidad. También se hizo más ostensible que el deseo de tener y de tener más mueve al capitalismo, pero no es el sistema sino los hombres y mujeres los que tienen deseos. En este juego, la ambición de los poderosos se sostiene gracias a la ambición de los que tienen menos y quieren más, y unos y otros avanzan en sus objetivos sin mirar hacia los que tienen menos y, a veces, sin mirada clara para ningún lado.

EL ABRAZO DEL OSO

La falta de intervención legal fue entonces y ahora el otro señalamiento a la hora de fijar responsabilidades. ¿Es así? Cierto es que la libre iniciativa y la libre competencia es el credo del sistema capitalista. Pero eso es en los libros. En la realidad histórica, el país que más se acercó a ese ideal fue Inglaterra en el siglo XIX. Estados Unidos, el ejemplo modelo de nuestra civilización burguesa, escribía Lenin, fue siempre menos liberal de lo que se dice. Siempre tuvo una política de protección aduanera y desde el siglo XIX tuvo regulación de precios y de ganancias, y leyes contra los monopolios.

En la primera guerra, el gobierno federal amplió su influencia y al volver la normalidad conservó algunas facultades interventoras. La economía financiera, sin embargo, carecía de regulaciones que mantuviera las operaciones dentro de límites prudentes. En 1928 la Reserva Federal, organismo de control de la circulación monetaria creado en 1913, se hizo eco de las voces de alarma ante el mercado alcista e intervino aumentando las tasas de interés, a fin de encarecer el crédito y limitar el endeudamiento irresponsable. Pero la bolsa operaba en una dinámica que no atendía las alarmas y la tendencia alcista siguió hasta estrellarse. El abrazo del oso terminó por sofocar al toro.

Desde luego, esto indica que no hubo intervención o advertencia efectiva que pudiera evitar el crash de 1929. Tampoco hubo acciones de gobierno responsables de la expansión financiera. Ni la bolsa ni los bancos operaban con base en regulaciones que fijaran límites y responsabilidades en el manejo del crédito y de las operaciones. No puede decirse lo mismo hoy, cuando la economía está mucho más regulada que entonces; sin embargo tampoco se pudo esta vez evitar la crisis. Esto ocurre, en parte, porque desde el 9/11 había un claro interés del gobierno en estimular la actividad económica mediante los mecanismos tradicionales para allanar el crédito: intereses bajos y controles menos rigurosos. Sin embargo, el incremento indiscriminado del crédito, las operaciones poco transparentes, el aumento del gasto federal y otros factores como los altos precios del petróleo, actuaron en contra. Las quiebras bancarias fueron el efecto más inmediato en 1929, cayeron cientos ese año y miles en los siguientes. Esto restringió el crédito y en consecuencia la producción industrial comenzó a bajar, el desempleo aumentó, el consumo se redujo, y se formó así un circuito que retroalimentó la crisis. Así, la recesión dejó de ser temporal y se transformó en la depresión que duró hasta la II Guerra

*Doctora en Historia, Master en Historia Económica de London School of Economics.







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