La vergüenza de Guantánamo

Por Venezuela Real - 26 de Noviembre, 2008, 11:08, Categoría: Política Internacional

Sergio Muñoz Bata
TalCual
26 de noviembre de 2008

Obama anunció que uno de sus primeros actos de gobierno será cerrar la ilegal prisión para recuperar la base moral del sistema de justicia y de la política nacional que rige las detenciones de presuntos criminales

Sobre el trato que la administración de George W. Bush les da a los aproximadamente 375 prisioneros de la guerra contra el terrorismo en la prisión de Guantánamo, Cuba, no se conocen testimonios tan escalofriantes como los que abundan de la tristemente célebre cárcel de Abu Graib, en Irak.
 
De Guantánamo no hay fotografías con rastros de sangre en el suelo que delatan cuerpos arrastrados; no las hay de rostros con evidentes muestras de tortura; ni de un montón de cuerpos desnudos sirviendo de banca improvisada a un sonriente soldado norteamericano que en actitud triunfalista levanta el pulgar de su mano.
 
Tampoco hay una foto semejante a la del prisionero encapuchado parado sobre una caja revestido de alambres esperando a ser electrocutado mientras un indiferente Sargento Ivan "Chip" Frederick se acicala, recortándose las uñas de sus manos. Vea una parte del expediente

Las imágenes que conocemos del centro de detención en Guantánamo se asemejan más a las de un pulcro y moderno hospital atendido por hermanos y hermanas de la caridad, aunque todos disfrazados de soldados. Las celdas brillan por su limpieza y sobre la cama de cada detenido sus pertenencias son un dechado de orden; la comida que se les da a los prisioneros, explica el pie de foto, es la misma que se sirve a los carceleros. El Corán está al alcance de quien lo quiera y el trato que se les da a los cautivos es tan humano que el ambiente es francamente fraternal.

Vea las fotos

El problema con Guantánamo es que el gobierno estadounidense mantiene detenidas ahí a cientos de personas, desde hace varios años, sin haberles presentado cargos, y a las que se les ha negado el debido proceso de ley que debería garantizar la revisión de la base legal de su detención ante una corte.
 
Entre los prisioneros, es muy probable que haya 20 o 30 peligrosos terroristas que merecerían permanecer confinados. Hay también muchos otros, los más, que probablemente no son terroristas y que no tendrían porqué estar encarcelados. Lo inexcusable, sin embargo, es que a los unos y a los otros se les ha negado el trato que establece la Convención de Ginebra para los prisioneros de guerra. Lo terrorífico es que a ninguno de ellos se les ha permitido hacer valer los derechos legales que cualquier sospechoso de un crimen merece.
 
LAS PROMESAS DE OBAMA

La semana pasada, el presidente electo de Estados Unidos, Barack Obama anunció que uno de sus primeros actos de gobierno será cerrar la ilegal prisión en Guantánamo. La decisión de acabar con esa aberración que tanto empaña el prestigio de Estados Unidos como un país en el que reina el estado de derecho y en el que se respeta el derecho de las personas al debido proceso ante la ley, es sabia y digna de elogio por las dificultades que entraña.
 
Es indudable que entre los detenidos hay individuos culpables de atrocidades terroristas que difícilmente podrán ser encontrados culpables en una corte de ley porque fueron aprehendidos de manera ilegal o porque fueron torturados y/o maltratados, y si son presentados en corte bien podrían quedar libres. Otro problema que habrá que resolver es qué hacer con aquellos individuos que la corte declare inocentes pero no pueden regresar a sus países porque allá, sin ser juzgados, terminarían en prisión o muertos por ser sospechosos de terrorismo.
 
Una tentación que Obama debe resistir es cerrar Guantánamo y transferir a otra prisión fuera de Estados Unidos a aquellos sobre quienes pesan evidencias indiscutibles de culpabilidad pero fueron torturados. Lo que el presidente tiene que hacer es recuperar la base moral del sistema norteamericano de justicia y de la política nacional que rige las detenciones de presuntos criminales.
 
De las decisiones que tome Obama se desprenderán los principios fundamentales de su política para combatir el terrorismo. ¿Aplicará los principios de la guerra preventiva al estilo israelita matando a los sospechosos en caliente o intentará aprehenderlos, tratarlos como combatientes y respetando las convenciones internacionales que rigen en tiempos de guerra? ¿Dónde deben ser juzgados si no son aprehendidos en territorio americano? Y si este es el caso, ¿la forma de aprehenderlos imposibilitaría su juzgamiento? No olvidemos que el país está envuelto en una guerra no convencional y que la presión sobre Obama para que deje las cosas tal y como están será fuerte. Confiamos, sin embargo, en que el espíritu de la ley prevalecerá en la mente del presidente-abogado, porque él sabe que uno de los principios fundamentales del sistema de justicia estadounidense es que nadie debe ser detenido indefinidamente sin habérsele probado ante un juez que ha cometido o intenta cometer un acto criminal.


 






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