Ocho años tenía célula del ELN operando en Paracotos

Por Venezuela Real - 28 de Noviembre, 2008, 11:10, Categoría: Seguridad/Inseguridad

JAVIER IGNACIO MAYORCA
El Nacional
28 de noviembre de 2008

HAMPA  Plagiarios construyeron sótano con tecnología nunca vista en el país
La primera en llegar fue la colombiana Janeth Tangarife, presa por el secuestro de Dixon Armado Gomes. Vecinos la reconocieron

La casa de campo construida entre las montañas de Paracotos era un lugar hecho a la medida para secuestradores.

Para llegar a ella es necesario rodar por la Autopista Regional del Centro hasta la salida que conduce a esa población.
 
Desde que quitaron los peajes, la vía está totalmente desguarnecida. Luego hay que recorrer nueve kilómetros de una estrecha carretera hasta llegar al Club de Contadores Públicos. Allí hay que doblar a la derecha y seguir tres kilómetros más por una vía troncal que se torna intransitable cuando llueve.
 
Visto desde afuera nadie pensaría que en ese inmueble operaba una célula del Ejército de Liberación Nacional dedicada al plagio de empresarios en el área metropolitana.
 
Cenovia Calderón, una vecina del sector, indicó que los tres colombianos que la ocupaban de manera regular llegaron allí hace aproximadamente ocho años. La más conocida era la mujer. Primero dijo que su nombre era Cecilia. Pero luego pidió que la llamaran María. Su verdadera identificación es Janeth Cecilia Tangarife Cardona, colombiana de 29 años de edad.
 
A ella la veían regularmente cuando salía en una motocicleta Jaguar roja conducida hacia Paracotos por su compañero Oscar Andrés Rodríguez, de la misma edad. El hombre se hacía llamar simplemente Andrés, y era poco lo que dialogaba con los habitantes de la zona.
 
José Ernesto Villanueva, vecino y vigilante del Club de Contadores, dijo que la mujer solía regresar a la vivienda a las 9:00 pm. Decía que a esa hora finalizaba sus lecciones de la misión Ribas donde daba clases.

Tecnología para plagios.

La casa estaba separada de la carretera por una cerca que los plagiarios electrificaron mediante una improvisada adaptación.
 
Adentro, los intrusos son recibidos por tres perros. El más grande fue acribillado durante la operación de rescate de Dixon Armando Gomes Sánchez, de 15 años de edad, última persona que permaneció cautiva en ese inmueble. Los otros dos canes, de raza Beagle, languidecen en el recibo de la casa.
 
El inmueble, de aproximadamente 20 metros cuadrados, tiene tres camas plegables, una mesa, luz eléctrica y televisión. El aire entra a través de un ducto construido entre las paredes de dos de las habitaciones y sale por un tubo plástico que se asoma por el barranco.

Este cuarto comunica además con un patio donde está un corral y un depósito de herramientas. Si la puerta de salida está abierta no se levantará el acceso al sótano.

 
Este "cuarto secreto", de mente 150 metros cuadrados, tiene tres habitaciones y dos baños, además de un comedor, cocina y un cuarto en el que los secuestradores colocaron una televisión con servicio de cable y una computadora.
 
En las paredes, la puerta principal y las ventanas quedaron los rastros del intercambio de disparos que terminó con la muerte de dos de los plagiarios: Eliberio Palencia Agudelo, de 30 años de edad, y el propio Rodríguez.
 
Pero lo llamativo de la vivienda no está en la superficie, sino en un sótano construido con bloques colocados entre las columnas que soportan la estructura sobre un talud.
 
Para entrar es necesario activar un gato hidráulico conectando dos interruptores al mismo tiempo. Al hacerlo se abre una compuerta en el piso de una de las habitaciones traseras. Cuando está cerrada es imposible detectarla, pues se confunde con el piso de cerámica de la recámara.
 
Recordó que además de la moto utilizaban una camioneta Caribe 442 verde para trasladarse. Más de una vez lo llevaron hasta los comercios del sector.
 
"Uno nunca pensaría que esa gente andaba en eso. ¡Sape, gato!", exclamó.
 
"Nunca habíamos visto una tecnología como esa en Venezuela", afirmó uno de los funcionarios de la policía judicial, especializado en investigación de secuestros.
 
Toda la basura generada por los habitantes de la casa era colocada en huecos abiertos en el talud, cerca de una quebrada. Allí estaban los indicadores de la dieta que recibían los cautivos: arroz, pasta y galletas. Ningún lujo.
 
Pedro Mora nunca pensó que sus vecinos eran unos secuestradores, que posiblemente militaban en una de las organizaciones guerrilleras más poderosas de Colombia.





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