¡Vinieron por ti!

Por Venezuela Real - 30 de Noviembre, 2008, 11:12, Categoría: Política Nacional

Carlos Blanco
El Universal
30 de noviembre de 2008

"Chávez quiere vengarse de los que votaron contra él y busca a los que purgarán esa culpa"

El Presidente está en la etapa mórbida de la negación. Quiere tapar el sol con un dedo, y tapar el dedo con otro dedo, y tapar el último dedo con una reunión del ALBA. El país vive el momento en que el Supremo Comandante de los Ejércitos Bolivarianos levita de la amargura y no puede entender lo que acontece. Es el momento en que dice "no es verdad", "no me mientan", "es imposible". Cuando alguien de su entorno intenta susurrarle, "Comandante, es cierto; sí, perdimos aquí y allá", el hombre zapatea y entra en el vértigo de la rabia que suplanta al desánimo, sólo para anticipar de nuevo el tormento. Claro que se calmará; entenderá que hubo pérdidas asombrosas e inesperadas; comprenderá, como le sucede a los omnipotentes, que la eternidad es un santiamén. Le toca discernir que cansa; que la magia se diluyó; que sus anécdotas repetitivas no arrancan ni una sonrisa; que se le tolera como a los enajenados; que se ha convertido en un descomunal fastidio que gravita como una nube tóxica sobre sus compatriotas. Mientras tanto, arrebata y quiere vengarse de los que votaron contra él; como no los puede castigar, busca a los que purgarán esa culpa: los medios de comunicación y los que han sido elegidos fuera de su corral.

El Plebiscito.

Quiso convertir las elecciones en un plebiscito. En la mayoría de los estados a los cuales dedicó su mayor furia, su grosería y sus amenazas, obtuvo una respuesta negativa y la oposición ganó. Cuando colocó el dilema entre el opositor y él, como presión para obligar a las definiciones, lo logró pero, en sentido contrario. Si había que escoger entre un opositor y Chávez, la mayoría se inclinó por el opositor. De esta forma se diluyó el nombre del candidato democrático para convertirse en "el otro", el que podía derrotar al Presidente.


En algunos lugares no se logró el candidato único, entre otras cosas porque no se aplicaron métodos democráticos para obtenerlo; las elecciones primarias pudieran haber sido un instrumento que dejara menos heridos en el camino, aunque tampoco, por sí mismas, garantizaban victoria alguna como lo demuestra Aragua. En los sitios en los cuales los resultados aparecen estrechos, queda la duda, como en Barinas, sobre la posibilidad de manejos fraudulentos contra la disidencia democrática.

Ahora se observa al Pitágoras barinés en unas lamentables reflexiones sociológicas que, más bien, parecen sociopáticas. Ha intentado demostrar con fantasías numerológicas que los ricos y blancos le dieron la victoria a los opositores, como si esos "ricos" y "blancos" no hubiesen elegido en el pasado a Aristóbulo, a Rangel Ávalos, a Diosdado y otros oficialistas que han gobernado. De ser como dice este Pitágoras, se demostraría que bajo el gobierno de los rojos sólo los blancos con plata habrían proliferado; se comprobaría que bajo el sol bolivariano se habría incrementado el racismo. Argumentos idiotas que sólo puede proferir, con el desparpajo de los compulsivos, quien no respeta ni su palabra ni los oídos que las reciben.

Sin embargo, Chávez tiene un punto que no es poca cosa. El gobierno ganó la mayoría de las alcaldías y aumentó su presencia con respecto al período precedente. Es posible que una de las causas haya sido la división en las filas opositoras; pero hay algo más. Los partidos a los que correspondía la movilización y el activismo de base, están muy mal. Esto no es para contentar a nadie, sino un hecho. No es cierto que los partidos estén ahora fuertes y recuperados. Confundir la votación obtenida con una fortaleza política no ayuda sino que distorsiona las situaciones y las necesidades planteadas hacia adelante. Los ciudadanos votaron por los partidos como instrumento para derrotar al chavismo; pero, en la base, en los municipios, los resultados son magros.

El papel de las organizaciones partidistas en los municipios es muy relevante. Allí están los activistas de base y allí se revela una importante debilidad que constituye un desafío intelectual, político y organizativo.

Los Vencedores.

Hay de distinto tipo y trayectoria. Uno de los más interesantes es Antonio Ledezma. Este dirigente ha demostrado que es un fajador a quien nadie le apostaba un cobre hace unos meses. No era posible, se decía, que un discípulo de Carlos Andrés Pérez, un "adeco", un "abstencionista", pudiera ganar en Caracas. Sin embargo, se mantuvo en la pelea; impulsó la abstención cuando creyó en ésta; la participación electoral cuando le pareció conveniente. Poco a poco se ganó el respeto de muchos y cuando el régimen inhabilitó a Leopoldo López, a pesar de las maniobras de opositores que piensan enano, nadie estaba mejor colocado que él para la Alcaldía Mayor.


Este caso, como otros, demuestra que nadie está predestinado ni a la gloria ni a la tumba en forma prematura. Todo depende de las políticas que se representen, de la perseverancia y el coraje, sobre todo en un tiempo en que las personalidades cuentan mucho más de lo normal dada la debilidad de los partidos. El de Ledezma es un caso interesante porque muchos poderosos se le sacudieron y su campaña fue hecha con las uñas. La inmensa ventaja es que llegó sin hipotecas y su tarea es no adquirirlas ahora.

El Sándwich.

Los opositores victoriosos han dicho que quieren trabajar conjuntamente con el gobierno nacional. El crimen, por ejemplo, no puede ser combatido en una circunscripción electoral sin el concurso de los niveles de arriba. Chávez, en estos días de furia, se ha radicalizado, especialmente contra los medios a los cuales atribuye la victoria opositora; además ha procedido a despojar de atribuciones, bienes y recursos a gobernaciones y alcaldías, especialmente la Alcaldía Metropolitana. Si sigue así, refractario a sus obligaciones, la estrategia oficial será la del sándwich: comprimir por "arriba" y por "abajo" a las nuevas autoridades. Por "arriba", al negarles recursos del poder nacional, al hostigarlos, al negarles la sal y el agua; por "abajo", desde las alcaldías y municipios controlados por el gobierno, para exacerbar las demandas contra los mandatarios regionales, que se verán imposibilitados de cumplirlas y así -piensan- los liquidarían fácilmente. Es una estrategia peligrosa porque si bien puede hacer fracasar la gestión de los nuevos gobernantes, puede también desatar furias contra el régimen que la promueve; el rechazo a Chávez, ya creciente, puede incrementarse. En estas circunstancias, el intento de enmienda para satisfacer su obsesión de eternidad, puede deshacerse más rápido.


Peligro.

La reacción del régimen es descontrolada. Así como no aceptó la derrota en la reforma constitucional y ha tratado de imponerla, puede intentar desconocer la voluntad electoral del 23-N. Si así lo hace, el conflicto político escalará a niveles asombrosos y peores.







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