La antidiplomacia

Por Venezuela Real - 1 de Diciembre, 2008, 17:14, Categoría: Política Internacional

El Tiempo - Colombia
01 de diciembre de 2008

Después de varios meses de calma chicha, y apenas superada la crucial jornada electoral del 23 de noviembre en Venezuela, las relaciones entre Bogotá y Caracas volvieron a ponerse al rojo vivo. La televisión estatal del vecino país divulgó una conversación telefónica entre el cónsul colombiano en Maracaibo, Carlos Galvis, y el asesor presidencial José Obdulio Gaviria, que disgustó profundamente al presidente Hugo Chávez. En la charla se devela la posición de los dos altos representantes del gobierno Uribe como partidarios de la oposición y la intención del cónsul de reunirse con miembros del antichavismo para "tomar unas acciones a nivel de gobierno". Ante la reacción desaforada de Chávez, quien considera que hubo intromisión en los asuntos internos del país, y su amenaza de expulsar al funcionario consular, el canciller Jaime Bermúdez actuó con rapidez y propició la salida de Galvis para evitar que el problema se creciera.

El episodio, sin embargo, deja muchos motivos de reflexión. El principal es que la interceptación del teléfono de un cónsul es un acto inamistoso e inaceptable. Por acción u omisión de los organismos oficiales, la 'chuzada' demuestra que el hecho de que Chávez les haya bajado el tono a sus declaraciones contra el gobierno del presidente Uribe no significa para nada que haya una mejoría estructural en las relaciones. Por el contrario, persiste la desconfianza y se utilizan prácticas más propias de la 'guerra fría' que de países amigos. La ausencia de incidentes en los últimos meses, en lo que seguramente influyó la estrategia electoral de Chávez, no significa que las relaciones sean sólidas o estén blindadas contra cualquier provocación.

En un panorama así, es imperdonable que un cónsul cometa un error tan costoso para la diplomacia nacional. El estilo irascible y el ruidoso radicalismo del gobierno Chávez son suficientemente conocidos como para saber que un representante del Gobierno de Colombia tiene que ser totalmente escrupuloso en ese país: no puede dar semejantes 'papayazos' y prestarse para que se lo acuse de apoyar a los opositores de un mandatario tan explosivo y bravucón. Ya en el golpe de abril del 2002 hubo fuertes incidentes por declaraciones de funcionarios colombianos -de la administración Pastrana- que le dieron la bienvenida al fugaz intento del empresario Pedro Carmona -hoy asilado en Bogotá- de reemplazar a Chávez. Los antecedentes y la fragilidad de la relación obligan a actuar con pies de plomo y máxima cautela.

Pero el cónsul Galvis procedió como si fuera un activista político de El Paso (Cesar), de donde es oriundo, y no como un funcionario consular. Su deber era velar por los intereses de los colombianos en Maracaibo y no asumir temas políticos que le corresponden al embajador en Caracas, y tratar con respeto las normas y costumbres de la diplomacia.

El impasse, de hecho, vuelve a poner sobre la mesa la urgencia de una política exterior profesional y seria. La metida de pata demuestra que Carlos Galvis era la persona errada para el lugar equivocado. Maracaibo es la principal ciudad venezolana en la región fronteriza. Sus antecedentes como ganadero y empresario en su departamento, sin ninguna experiencia consular, no eran los más apropiados para contar con una visión acertada y con los conocimientos necesarios.

Tampoco fue riguroso su informe telefónico al asesor presidencial, por el tono, por su tufillo intervencionista en favor de la oposición y porque se brincó los conductos regulares, que son los de la Cancillería. Como coordinador de las relaciones exteriores, el Ministerio es la entidad que, bajo la dirección del Canciller, debe recibir, procesar y distribuir la información sobre gobiernos extranjeros. El informal coloquio entre Galvis y Gaviria es una especie de manual de la antidiplomacia. El menos indicado para lidiar a un vecino tan complejo e impredecible como un Hugo Chávez recientemente herido en el campo electoral, y que utiliza episodios como estos para revivir su pretensión de perpetuarse en el poder. El ministro Jaime Bermúdez, un funcionario preparado y capaz, debe estar tomando todas las precauciones y medidas para que episodios de esta naturaleza no se repitan.





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