Miedo y enmienda

Por Venezuela Real - 7 de Diciembre, 2008, 12:32, Categoría: Cultura e Ideas

RAFAEL ARRÁIZ LUCCA
El Nacional
07 de diciembre de 2008

S abe infundar el miedo en los otros, también lo padece con intensidad y frecuencia.
 
Entre las cinco emociones universales establecidas por Johnson-Laird y Oatley, es el miedo la que puede conducir a la inmovilización, junto con la tristeza; mientras la alegría, la furia y el asco, suelen movilizar a la gente. Chávez ha demostrado ser un maestro en infundir miedo en sus adversarios, incluso rebasando los límites tolerables en una democracia, insuflándolo desde atalayas autoritarias.
 
Sobre el tema del miedo contamos con el clásico de Jean Delumeau, El miedo en Occidente, al que se suma Anatomía del miedo –Un tratado sobre la valentía– (Anagrama, Barcelona, 2006) de uno de los grandes filósofos de nuestro tiempo: José Antonio Marina. Tanto uno como otro contribuyen a comprender el uso político de esta emoción básica, ya sea en su vertiente histórica (Delumeau) o en la de nuestros días (Marina), pero en ambos casos sustancial para los venezolanos, que hemos visto oficiar durante nueve años a un mago del miedo. No obstante, la oposición democrática venezolana ha ido aprendiendo, ha ido destejiendo los recursos del oficiante de la intimidación.
 
Escuché decir hace diez años a un camarada que pronto se decepcionó de Chávez, cuyo nombre no puedo revelar, lo siguiente: "Él descubrió en la juventud que sí tú arropas con afrentas, humillaciones y amenazas al enemigo, lo paralizas de miedo. Eso es lo que hace constantemente".
 
El 2-D y el 23-N los venezolanos descubrieron que podían vencer el miedo con votos y, también, que con cada victoria, lejos de apaciguar al administrador de la furia, se le enardece más, dominado por el desafuero. Ahora estamos recorriendo una nueva etapa de este crucero narcisista y autoritario: quiere derribar los obstáculos para elegirse por siempre. Para esto recurre a una ecuación abiertamente fascista: él encarna el pueblo.
 
Esto no lo pretendió Stalin, que se colocaba en el imaginario soviético como el Padre: suerte de Zeus que devoraba a sus hijos. Sí lo pretendieron Hitler y Mussolini. El primero creía ser una reencarnación del "Dios de la Guerra" (Wotan) y del pueblo alemán cobrando las afrentas sufridas por el Tratado de Versalles. El segundo se tenía por un ungido cuya tarea era regresar al pueblo italiano a las grandezas del imperio. Los dos terminaron mal, quizás porque no se juega con la mitología impunemente.
 
Ahora, en un juego de espejos, ante el miedo que siente Chávez por la crisis económica que se le viene encima, que coloca su futuro al borde del abismo, inicia una huída hacia delante.
 
Sabe que si no convoca a votar la enmienda cuanto antes, sus posibilidades de permanecer en el poder son nulas; pero, si no lo hace de inmediato, pues la oportunidad de eternizarse en el mando ya forma parte del pasado. Le queda un mínimo resquicio por dónde meterse: infundir terror en sus adversarios, sembrarlos de desesperanza y hastío, llevarlos hasta la exasperación, enfermarlos con su prédica de odio, acusar injustamente a las nuevas autoridades, amenazarlos con la cárcel, acorralar a la sociedad, neurotizarla y, finalmente, imponerse con las aguas del temor en la mano.
 
No obstante lo anterior, puede que la jugada le salga exactamente al revés y el Presidente lo sabe, pero asume el riesgo porque su único norte no ha sido otro, desde 1998, que permanecer en la Presidencia de la República hasta el fin de sus días. ¿Hay algún otro proyecto de mayor importancia que éste para él? No se vislumbra. ¿Lo seguirá la mayoría de sus partidarios en este paso final? "No le arriendo la ganancia".






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