Todos contra la reelección presidencial / III

Por Venezuela Real - 7 de Diciembre, 2008, 12:45, Categoría: Oposición/Resistencia

Movimiento 2D / Democracia y Libertad
07 de diciembre de 2008

En una palabra, el desafío de la enmienda reeleccionista nos convoca de manera dramática a oponernos al jefe de la revolución:  sólidamente unidos, sólidamente resueltos, sólidamente convencidos de que Venezuela corre un grave peligro, y debemos demostrar nuestra condición de ciudadanos que ponen por encima  de sus intereses, las prerrogativas supremas de la Patria.

El 30 de noviembre, los integrantes del  Movimiento 2D / Democracia y Libertad, dirigimos un mensaje a la nación bajo el título de "Venezuela, una y plural". Celebramos así  la gran gesta ciudadana del 23-N. Exhortábamos al presidente de la República a reconocer la realidad nacional que al amanecer del 24 de noviembre demostró su condición de pueblo que profesa el pluralismo político, fundamento de toda convivencia y de todo respeto a los derechos ciudadanos.

Escribimos entonces: "Consumado el proceso electoral, con gobernadores y alcaldes dispuestos a trabajar armoniosamente, conocidas las preferencias y la confianza que el pueblo depositó en quienes eligió- del partido de gobierno, del PSUV o de los partidos que con ellos compitieron-, exhortamos al presidente de la República  a reconocer la realidad política de Venezuela". O, sea, lo llamábamos a que iniciara una etapa política que fuera expresión del voto popular. Una etapa destinada a la solución de los graves problemas que confrontan nuestros sectores populares. Era paralelamente la expresión del gran clamor de la nación a deponer el lenguaje destructivo y las prédicas  guerreristas.

Una vez más, ¡clamamos en el desierto! La guerra no cesó. El presidente intentó las explicaciones más inverosímiles sobre los resultados del 23-N.  Con todo, en el Movimiento 2D / Democracia y Libertad, acariciamos la idea de que nuestro mensaje del 30 sería el último del año, con la esperanza de que todos nos reencontráramos en las celebraciones de Navidad.  Concluimos su texto formulando nuestros votos por unas pascuas felices. Fuimos frustrados.

Inesperadamente, sobre el país resonó el grito de guerra: "Uh, ah, Chávez no se va". En esta ocasión quien pronunció el tal grito fue el propio presidente, enardecido y desafiante, trasformado y fuera de sí. Entonces anunció que "autorizaba" al PSUV a iniciar el proceso de recoger las 2.500.000 firmas para someter a referéndum su reelección vitalicia. A los pocos días el jefe revolucionario cambió de parecer: ya no serían las firmas populares, sino que "autorizaba" a los diputados de la Asamblea Nacional a aprobar la celebración de la consulta. Bajo extraños apremios, fijó el mes de febrero "para librar la batalla final".

A lejanos cuatro años de las elecciones presidenciales de 2012, la sorpresiva explosión del jefe de la revolución bolivariana resonó  como un vejamen a los venezolanos. Como un parte de guerra, como un ultimátum destinado a impedir toda convivencia y toda reconciliación. No ocultó sus iras contra gobernadores y alcaldes electos, y volvió a recorrer el país alzando las manos de sus candidatos electos, mientras lanzaba improperios contra los otros, gritándoles que "estaban rodeados" y que no podrían gobernar porque el Poder central les negaría sus recursos. De inmediato la amenaza se convirtió en orden. Las gobernaciones y alcaldías comenzaron a ser despojadas de importantes servicios, trasferidos a ellas durante el proceso de descentralización. A todas las violaciones de la Constitución Nacional se añaden estas prácticas ilegales que hacen de las consultas populares una burla sangrienta. El voto no tiene valor alguno, según las reacciones y las medidas tomadas por el jefe de la revolución. Esa actitud no es la de un presidente. Venezuela no es una horda.
Estas preguntas buscan saber dónde estamos y qué somos: si el presidente de la República no estaba dispuesto a aceptar los resultados del 23-N, ¿por qué se jugó toda su influencia como jefe de campaña, no del PSUV, sino del propio gobierno?  Asimismo, si iba a desconocer los resultados del referéndum del 2D, ¿por qué propuso la consulta? ¿Es que, acaso, necesita el manto de legalidad al cual rehúsa someterse y tanto le molesta?
Jamás se vio en Venezuela a un presidente como jefe de campaña. Jamás, (en un país desgraciadamente permisivo), se vio a un gobierno enfrentado a todos los partidos y a todos los candidatos, disponiendo de inmensos recursos públicos para financiar la campaña y para captar votos de una manera que automáticamente los descalificaba. Prácticas que dan resultado, sin duda, pero que degradan a cualquier sistema, y aún más a un régimen "socialista" que presume de ser el vengador de las corrupciones del capitalismo. Las corrupciones metálicas no tienen parangón con la corrupción de la voluntad popular.

Quizás, como si quisieran demostrar a todo trance una voluntad de participación democrática, la oposición no enfrentó tales abusos y tal violación de la Constitución como ha debido hacerlo.  Ante el belicismo desatado contra gobernadores y alcaldes, contra el despojo de facultades y de servicios, contra abusos insólitos como el de dejar al Cabildo Metropolitano a la intemperie, teniendo que haberse instalado en el Colegio de Ingenieros, no es difícil comprobar que la democracia venezolana está siendo puesta a prueba, sin instancias a quienes ocurrir, porque los poderes del Estado callan y otorgan, y porque las iras presidenciales lo llevaron, incluso, a solicitar la renuncia de un rector del CNE, Vicente Díaz, porque se atrevió a discrepar. Insólito,  por decreto presidencial, ¡no tendremos Navidades! Por decreto presidencial, estamos condenados a volver al enfrentamiento y a la división entre los venezolanos

La pretensión del jefe de la revolución bolivariana de hacerse reelegir como presidente vitalicio atenta contra el interés de todos quienes deseamos vivir en paz, pero atenta de manera inaceptable contra los veinte millones de venezolanos menores de treinta años, cuyos derechos políticos le serán conculcados durante todos los años en que Hugo Chávez Frías controle el poder, sin límites en el tiempo y sin límites en un Estado de Derecho suplantado por la voluntad personal del jefe de la revolución.

En una palabra, el desafío de la enmienda reeleccionista nos convoca de manera dramática a oponernos al jefe de la revolución, sólidamente unidos, sólidamente resueltos, sólidamente convencidos de que Venezuela corre un grave peligro, y debemos demostrar nuestra condición de ciudadanos que ponen por encima  de sus intereses, las prerrogativas supremas de la Patria. Un llamado de esta naturaleza incluye, desde luego, a todos, sea cual fuere su pensamiento político. Por encima de las diferencias y del papel que ejerzamos en la sociedad, hay un denominador común que nos une: Venezuela.

¡Contra la ambición monárquica de poder!
¡Contra la reelección presidencial y el mal gobierno!
¡Por el respeto al pluralismo democrático de todos los venezolanos!
¡Por la defensa del futuro de las generaciones jóvenes, amenazado por el poder vitalicio!
¡Por el respeto al tiempo navideño y el disfrute de la amistad!





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