Pérdida y recuperación

Por Venezuela Real - 9 de Diciembre, 2008, 10:02, Categoría: Política Nacional

ANTONIO LÓPEZ ORTEGA
El Nacional
09 de diciembre de 2008

Tiendo a extrañar las imágenes del 23-N.
 
Tiendo a extrañarlas porque ni siquiera las hemos podido procesar debidamente. Vivimos en tal rapto público, la agenda política se le confisca de tal manera a los ciudadanos, que un episodio acaecido hace apenas dos semanas ya se recuerda como un fasto del siglo XIX. Memoria que se tritura desde las máximas instancias del poder; o mejor, proceso perverso que niega realidades palpables a punta de propaganda y gestos vociferantes. Pero hay que regresar a esa jornada histórica para recuperar, sobre todo, la institución del voto como palanca de cambio democrático; una institución, por cierto, que la conciencia antipolítica que nos viene dominando despreció y pisoteó hasta comicios recientes. El votante venezolano no sólo atrincheró la abstención por debajo de 35%, sino que lo hizo en paz, con mucha paciencia y conciencia ciudadana. El votante venezolano también tuvo presente que sus problemas domésticos tienen más que ver con la buena o mala gestión de gobernadores y alcaldes y menos con las acciones de un Estado que es más ogro filantrópico que conserje. El hálito de la descentralización, según muchos analistas la más importante conquista política de los últimos tiempos, sigue vivo pese a todas las confiscaciones que desde el Estado central se han hecho de manera sistemática y despiadada.
 
Pero la recuperación de la institución del voto corre un riesgo crítico cuando el mandato de los votantes no se transfiere como la soberanía popular lo ha decidido. El votante caraqueño, por ejemplo, ha determinado por clara mayoría que la administración de la ciudad debe pasar a manos de candidatos de la oposición y, sin embargo, el número de tropelías, violaciones y decisiones arbitrarias que se han tomado en estas dos semanas, ante la vista ciega y los oídos sordos de todas las autoridades que velan por el orden público, desconoce finalmente esa voluntad mayoritaria e invalida en segundos la institución que acabamos de recuperar. Se juega con fuego, me parece, permitiendo que el mandato popular se incumpla bajo estas reacciones tumultuarias, porque finalmente éstas atentan contra el sistema y contra la mínima legalidad que nos sostiene como nación. La paz relativa con la que 17 gobernadores del oficialismo se han juramentado y ocupado sus nuevas oficinas no se compara con el hostigamiento y las amenazas recibidas por quienes representan las decisiones de cambio del electorado Y sin embargo, pese a todos los desmanes, presentes y futuros, no habrá palanca mayor de cambio que la del voto, base y esencia del sistema democrático. El votante tendrá que armarse de paciencia y sabiduría, tendrá que fomentar pensamientos hondos en su conciencia, para convencerse de que el voto lo es todo y de que, tarde o temprano, más allá de las claras violaciones, el imperio de las mayorías se impone sobre los designios de cualquiera.
 
En momentos en que los propósitos de enmienda constitucional quieren capitalizar todo el escenario político, yo me refugio en las imágenes del 23-N, en las largas colas que muchos formaron desde la madrugada, en el orden prácticamente imperturbable, en las decisiones que cambian y reequilibran el mapa político. Eso es lo que importa: la voluntad de las mayorías, muy superior siempre a la de un solo hombre, por más poder que tenga y más amenazas que esgrima. Recuperar el voto significa recuperarnos a nosotros mismos, recuperar el voto significa recuperar el país.






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