Al rescate de los ineptos

Por Venezuela Real - 10 de Diciembre, 2008, 11:25, Categoría: Economía

Sergio Muñoz Bata
TalCual
10 de diciembre de 2008

En EEUU, el Congreso y el Gobierno usarán el dinero de los contribuyentes para proponer un rescate de la industria automotriz, sin que ésta haya demostrado porqué cayó en bancarrota
Los empleados de General Motors protestan ante la soberbia de los ejecutivos de la empresa, que no reconocen su culpa en la crisis de la industria automotriz
 
E n 1952, Charles Wilson, presidente de General Motors, asombró al mundo al declarar que lo que era bueno para General Motors lo era también para Estados Unidos. A más de medio siglo de distancia, las arrogantes palabras de Wilson no sólo se han vuelto proféticas. En la globalización, su visión del mundo ha ampliado su significado y sus consecuencias.
 
Esta semana, todo indica que el Congreso y el Ejecutivo estadounidense encontrarán la manera de disponer del dinero de los contribuyentes para proponer un rescate temporal y muy acotado en términos de dinero, para la industria automotriz nacional. General Motors, se ha dicho en las audiencias congresionales, no sobrevive el año en curso sin una infusión de dinero.
 
El préstamo de 15 mil millones de dólares que se maneja, aunque importante, es una especie de paliativo a un problema que requeriría de unos 125 mil millones de dólares si lo que se busca es resolver los problemas del largamente anunciado fracaso de las tres grandes plantas de vehículos.
 
Sin el préstamo, sin embargo, las repercusiones del estrepitoso fracaso se sentirían directa e indirectamente no sólo en Estados Unidos sino en México, Colombia, Brasil, Alemania, Francia, España, China y Australia, entre otros países.
 
Del cuarto de millón de empleados que actualmente trabajan en la General Motors, 152 mil laboran fuera de Estados Unidos. Y mientras que en este país las ventas de automóviles y camiones de GM han bajado 24% en los últimos tres años, en el resto del mundo muestran un crecimiento de 28%.
 
Fuera de Estados Unidos, GM vende casi dos tercios de todos los vehículos que produce.
 
Y esto es así, entre otras cosas, porque en el exterior, las plantas de General Motors no sólo pagan salarios competitivos a sus empleados sino que producen el tipo de vehículos que los consumidores de esos mercados demandan al tiempo que la compañía se beneficia utilizando los servicios de cuidado de la salud subsidiados por los gobiernos de los países donde opera.
 
Las causas de la declinación de la industria en Estados Unidos son muchas, aunque habría que resaltar que la principal es su terca incapacidad para asumir el cambio que se manifiesta en su modo de operar, en los términos de sus contratos de trabajo, en su chata visión de la innovación.
 
COMPRAN HUMMERS
 
Justo cuando las circunstancias del mercado petrolero mundial demandaban la manufactura de automóviles modestos y eficientes, GM compraba los derechos para producir Hummer´s, una especie de tanque de guerra que consume cantidades industriales de gasolina, demostrando así su legendaria inhabilidad para producir vehículos que satisfagan las preferencias de los consumidores y su consecuente torpeza para competir con vehículos de importación en precio, eficiencia y confort.
 
General Motors también han contribuido al fracaso de la industria el exorbitante costo del seguro médico a sus empleados; las restrictivas leyes que rigen el otorgamiento de franquicias; los elevados salarios que ganan sus obreros y, por supuesto, las descomunales compensaciones que reciben sus ineptos ejecutivos.
 
En 2007, por ejemplo, el presidente de la Ford Motor Company, Alan Mulally, recibió unos 22 millones de dólares mientras que Rick Wagoner, de General Motors, se embolsó aproximadamente 16 millones de dólares. La compensación total de Robert Nardelli, el presidente de Chrysler sólo la conocen él, sus contadores y los miembros de la junta de directores de su compañía.
 
De sus testimonios ante el Congreso lo que se desprende es una vaga sensación de que a pesar de que este grupo de privilegiados debería sentir el agua en el cuello, a la fecha siguen sin producir un plan que muestre que entienden por dónde va la solución a los problemas de una industria en bancarrota. Abogando por el rescate, su argumento principal ha sido muy semejante al utilizado por Charles Wilson en 1952 y que consiste en subrayar que el costo de no rescatarlos sería catastrófico para el país.
 
Con las medidas que ahora adopta el Congreso y la administración de Bush es probable que la industria sobreviva hasta el primer trimestre del año próximo. De ahí en adelante, el problema lo heredará Barack Obama, quien hasta el momento ha adoptado una posición prudente pero ambigua pues si bien por un lado ha dicho que entiende que la industria automotriz es la columna vertebral de la industria de la manufactura en el país, también ha señalado que no debemos darle un cheque en blanco a la industria automotriz.
 
Así las cosas, lo más terrible es que para el ciudadano común el alegato se ha vuelto rutina en un escenario en el que lo único que cambia es el elenco de inútiles y sinvergüenzas. Hoy actúan los directores de la industria automotriz, ayer eran los presidentes de los bancos, anteayer los de las instituciones financieras y un poco antes, los de la industria hipotecaria.






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