In Latin America, subsidies go to the wealthy (tambiein version en español)

Por Venezuela Real - 11 de Diciembre, 2008, 12:49, Categoría: Prensa Internacional

ANDRES OPPENHEIMER
Miami Herald
December 11, 2008

Here's an interesting proposal for cash-strapped Latin American countries: Take advantage of the world financial crisis to put an end to massive subsidies to the rich, and use that money to help the poor.
d this idea a few months ago in an interview with Marcelo Giugale, a senior World Bank economist specializing in Latin America poverty reduction strategies. Since then, Giugale has been touring the region spreading his seemingly simple but politically radioactive message.

It goes more or less like this: For decades, most Latin American countries have maintained ''universal subsidies'' for gasoline, electricity, water, college education and many other services that are handed out to all their citizens, regardless of their capacity to pay.

OTHER EXAMPLES

In Venezuela, gasoline sells for 12 cents a gallon -- cheaper than a liter of bottled water -- regardless of whether you are poor or a millionaire. About 44 percent of the $12 billion spent by Venezuela in oil subsidies every year goes to the richest 20 percent of the population. The subsidy amounts to two times what the government spends in its social programs, according to World Bank estimates.

In Mexico, the government spends $7.6 billion a year in subsidies that allow college students at state-owned universities to get a free education, regardless of their capacity to pay. Fifty-one percent of that money goes to the richest 20 percent of the Mexican population, the World Bank figures show.

`MADNESS'

Most of these subsidies were adopted more than half a century ago. They have helped millions of Latin American poor rise to the middle class, and to stay in it. That has made it politically difficult for governments to dismantle them.

But now, things have changed dramatically, Giugale says.

Thanks to technological improvements, governments can use meters at people's homes to find out whether residents are using water to bathe, or to fill up their swimming pools. And the quality of household surveys has improved, allowing governments to know who can afford to pay for public services.

Because government budgets are strained, this means that poor children are deprived of vaccines, books or even food so that rich adults can pay less for a car ride, a hot Jacuzzi or a college degree, he said.

''The global crisis is a unique opportunity to stop this distributional madness, and to focalize these subsidies'' Giugale said. ``Who, today, can be against charging the wealthy for the real cost of the electricity they consume?''

HOW TO DO IT

Asked how governments could target their subsidies, Giugale said that in the cases of water, electricity or natural gas, you set a subsidized-consumption average for a household's basic needs, and eliminate subsidies for whatever use exceeds the average. If you want to fill up your swimming pool, you pay a full price for your extra water consumption.

In the case of gasoline, you can subsidize public transportation, and reduce subsidies to cars, or planes. In the case of college tuition, you guarantee education for all, but force those from higher-income families to pay, either while they are in school or after graduation.

Overall, Latin Americans spend between 5 and 10 percent of their gross domestic product in subsidies, and a good rule of thumb is that at least a third of those subsidies goes to the richest 20 percent of the population, Giugale said.

''That amounts to triple the conditional cash transfers to the poor that have been fashionable in the region in recent years,'' Giugale said. ``The unfolding global crisis, with all its associated pressures for public action, is an excellent time to end this practice.''

MORALLY WRONG

My opinion: Many middle-class Latin Americans reading these lines will say it's easy for a World Bank economist sitting in Washington, D.C., or for a journalist living in Miami to advocate cutting subsidies in Latin America.

I agree -- and so does Giugale -- that there is nothing wrong with subsidies. But when a sizable part of these subsidies is captured by the richest 5 percent of the population, in countries with high poverty rates, it's morally wrong, and economically senseless.

A GREAT EXCUSE

When I visited China and India, I could not help thinking that if communist- and socialist-ruled countries ask their college students to pay tuition unless they can prove that they can't, there should be no ideological obstacles for Latin American countries to do the same.

The current crisis could be a great excuse to cut their subsidies to the rich, and spend more money for the poor.


Versión en español

He aquí una idea interesante para varios países latinoamericanos: aprovechar la crisis financiera mundial para poner fin a sus masivos subsidios a los ricos y usar ese dinero para ayudar a los pobres.

Escuché esta idea por primera vez hace unos meses durante una entrevista que le hice a Marcelo Giugale, jefe del departamento del Banco Mundial encargado de estrategias de disminución de la pobreza en Latinoamérica. Desde entonces, Giugale ha estado recorriendo la región difundiendo este mensaje aparentemente simple, pero políticamente radiactivo.

La idea es, a grandes rasgos, la siguiente: durante décadas, casi todos los países latinoamericanos han mantenido ''subsidios universales'' a la gasolina, la electricidad, el agua, la educación universitaria y otros servicios que ofrecen a todos los ciudadanos, independientemente de su capacidad de pago.

En Venezuela la gasolina se vende a 12 centavos de dólar el galón --más barato que una botella de agua de un litro--, independientemente de si uno es pobre, o millonario. Alrededor del 44 por ciento de los $12,000 millones que Venezuela gasta en subsidios a la gasolina va para el veinte por ciento de la población más rica del país. El subsidio a los ricos equivale a dos veces lo que el gobierno venezolano gasta en sus programas sociales --o Misiones-- para los pobres, según cifras del Banco Mundial.

En México, el gobierno gasta $7,600 millones por año para dar educación gratuita a los estudiantes en las universidades estatales, independientemente de si los jóvenes pueden pagar o no. Cerca del 51 por ciento de este dinero va para el veinte por ciento más rico de la población, según el Banco Mundial.

La mayoría de estos ''subsidios universales'' se crearon hace más de cincuenta años y ayudaron a millones de latinoamericanos a subir a la clase media y a permanecer en ella. Eso ha contribuido a hacerlos políticamente difícil de eliminar.

Pero las cosas han cambiado desde entonces, dice Giugale. Gracias a los progresos tecnológicos, los gobiernos pueden usar medidores en los hogares para saber si los residentes usan agua para bañarse o para llenar sus piscinas. Y la calidad de las encuestas hogareñas ha mejorado mucho, permitiendo a los gobiernos saber quién puede pagar por los servicios públicos.

''La crisis global es una oportunidad única para acabar con esta locura distributiva, y para focalizar estos subsidios'', explicó Giugale. ``¿Quién podría estar en contra, hoy, de cobrarle a los ricos el verdadero precio de la electricidad que consumen?''

Cuando le pregunté cómo podrían hacer los gobiernos para focalizar estos subsidios, Giugale dijo que habría que hacer lo que hacen muchos países en todo el mundo. En los casos del agua, la electricidad o el gas natural, se podría dar un subsidio generalizado para cubrir las necesidades básicas de una casa y cobrarle a los más pudientes cuando exceden ese promedio.

En el caso del combustible, se puede subsidiar el transporte público para todos y reducir los subsidios para los autos o los aviones, señaló. En el caso de las universidades, se debería garantizar el estudio a todos, pero obligando a los estudiantes de familias más pudientes a pagar, ya sea mientras estudian o después de graduarse.

En total, Latinoamérica gasta entre el 5 y el 10 por ciento de su producto bruto interno en subsidios y, como regla general, al menos un tercio de esos subsidios son otorgados al 20 por ciento más rico de la población, señaló Giugale.

''Eso suma el triple de las transferencias de dinero a los pobres que se han creado en los últimos años en la región'', dijo Giugale. ``La actual crisis global, con todas las presiones sociales de acción gubernamental que trae aparejada, es una excelente oportunidad para acabar con estos subsidios''.

Mi opinión: Muchos latinoamericanos de clase media, leyendo estas líneas, se estarán diciendo a sí mismos que es fácil para un economista sentado en Washington D.C., o para un periodista en Miami, proponer cortes de subsidios en América Latina. Estoy de acuerdo con ellos --y también lo está Giugale-- en que no hay nada intrínsecamente malo con dar subsidios.

Pero cuando una buena parte de estos subsidios son capturados por los más ricos, en países que todavía tienen grandes tasas de pobreza, es una práctica moralmente dudosa y económicamente disparatada.

Cuando visité China y la India, no pude evitar pensar que si los estudiantes universitarios en países con gobiernos comunistas o socialistas exigen que los jóvenes paguen por sus estudios universitarios a menos que puedan probar que no tienen dinero, no debería haber obstáculos ideológicos para que los países latinoamericanos hicieran lo mismo. Hasta el gobierno socialista de España hace pagar a los universitarios que pueden hacerlo.

La crisis actual podría ser una buena excusa para eliminar los subsidios a los ricos y gastar más dinero en los pobres.





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