Hastío y enfermedad

Por Venezuela Real - 14 de Diciembre, 2008, 17:28, Categoría: Política Nacional

RAFAEL ARRÁIZ LUCCA
El Nacional
14 de diciembre de 2008

Sorprende que el Presidente de la República no advierta que los primeros que están hartos de sus abusos discursivos son sus seguidores, sus ministros, sus colaboradores.

Basta verlos durmiéndose en sus sillas en alocuciones que pueden durar horas, en las que no pueden levantarse ni para ir al baño y, a veces, reciben admoniciones como si fueran muchachitos de la escuela primaria reprendidos por un maestro malhumorado. Debe ser humillante para hombres como Aristóbulo Istúriz o Alí Rodríguez, que fueron personas con entidad propia antes de la llegada de Chávez al poder, soportar una catajarria de insultos al adversario, lecturas tendenciosas de la historia y, sobre todo, cantos cuyo único destinatario es Narciso, hipnotizado con la imagen de su rostro reflejada en el agua.
 
Para colmo, estos seguidores suyos no gozan de libertad de expresión. No pueden decir nada sin haber "cogido señas", porque el riesgo de "salir con las tablas en la cabeza" es muy alto. La verdad es que desde la oposición no se compadecen lo suficiente de esta pobre gente, obligada a asistir a las interminables misas del Presidente en las que un sacerdote se ofrece para ser el único oficiante por los siglos de los siglos. ¿De verdad creen que están haciendo una revolución? ¿Creen que el país ha mejorado en algo, que la Venezuela de hoy es mejor que la de hace diez años? Lo cierto es que cada día dependemos más del petróleo, que la economía no se ha diversificado, que vivimos de lo que importamos, que al día de hoy hay menos industrias nacionales que hace una década. La destrucción del aparto productivo nacional es algo que nadie puede negar, y no hay otra manera de medir el progreso económico, laboral y soberano de un país que su capacidad para diversificar su economía de manera tal que su vulnerabilidad se reduzca y que crezca su capacidad de gestión.
 
Uno no sabe quiénes están menos sanos, si la oposición monotemática cuyo único tema de conversación es Chávez o los seguidores del aspirante a la reelección eterna que padecen de su narcisismo decimonónico, aplaudiendo. Ambos sectores sufren de una intoxicación, eso sí es seguro.
 
En lo personal, debo admitir que me aburre profundamente el monotema nacional y no hablo de ello, pero como no puedo eludirlo lo toco con ustedes, mis lectores, con la secreta aspiración de que a quien me pregunte pueda remitirle a estos artículos donde abordo el tema político. No se me escapa que para un carácter como el del Presidente, lo mejor es siempre estar sobre la mesa, nunca por debajo, y la oposición monotemática lo complace. Cuando no encuentra eco se desespera y nos castiga con cadenas de horas y horas. ¿Habrá alguna manera de dejarlo boxeando solo, lanzándole puñetazos a su sombra? Qué daño puede hacer un solo hombre. Dan risa esas tesis sociológicas que no le atribuyen ninguna importancia a los sujetos históricos, como si los actores fuesen piezas intercambiables sin incidencia sobre los procesos sociales. No señores, un solo hombre puede enfermar a toda una nación, si no me creen pregúntenle a los alemanes de Hitler, a los rusos de Stalin, a los chinos de Mao, a los españoles de Franco, a los cubanos de Fidel. Por eso cuando dicen que "el pueblo nunca se equivoca" yo me llevo las manos a la cabeza; lo mismo me ocurre cuando afirman que Vox populi, vox Dei.
 
Los pueblos, como la gente, a veces actúan sabiamente, pero otras terminan mordiendo el polvo de sus propios errores. Por allí dicen algunos que nos merecemos a Chávez, y yo me pregunto por qué. Repito lo que dice Manuel Caballero cuando atiende el teléfono: "Usted dirá."





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