Predecir el pasado - nos jugamos la suerte de Venezuela.

Por Venezuela Real - 15 de Diciembre, 2008, 11:07, Categoría: Política Nacional

ADRIÁN LIBERMAN
El Nacional
15 de diciembre de 2008

El antiproyecto que significa la reelección continua e indefinida de cierto ciudadano tiene distintas consecuencias en distintos niveles. Uno de ellos es el de la perversión de la historia, la torsión del ejercicio de la memoria colectiva para ajustarla a lo que el Único desea que se sepa. Si lo que se propone (porque no se puede decretar, como es el íntimo deseo de los aplaudientes) se impone, la historia de la última década recibe un nuevo brochazo de idealización.
 
En este sentido, la narración de lo que hemos sido se tuerce, para configurar la idea del único que vino al mundo en Sabaneta para iluminarnos y servirnos. No hay cabida en el recuento de los hechos a la violencia, a la traición al juramento hecho al recibir el sable de oficial, a los dobleces de acciones y pensamientos. Ni a las defecciones, amenazas, ni al intento de controlarlo todo para no controlar nada, que jalonan los últimos diez años de historia republicana. Ni a las consecuencias transgeneracionales que tiene el esquema de misiones en lugar de un Estado que estimule lo mejor de cada quien para materializar el progreso. Y lo anterior no incluye inteligir el coqueteo con los forajidos, irregulares y sociópatas metidos a políticos de toda laya.
 
Toda civilización, toda cultura, todo individuo tienen la necesidad de narrar sus haceres, de construir discursos que den cuenta de su paso por el mundo. Y esto incluye las falencias, los desaciertos y confusiones, para que la Historia sirva de herramienta didáctica de cara al futuro. Cuando la narración que se hace de uno mismo está tejida de idealizaciones, el aprendizaje que se deriva está mutilado, adolece de lo básico para ser útil. Hay que ver, por ejemplo, las consecuencias patéticas que han tenido en Alemania las tesis negacionistas del Holocausto, por ejemplo. O los traumas actuales revividos en el Cono Sur donde la "obediencia debida" ha sustraído para muchos la comprensión de lo que unos le hicieron a otros por diferencias ideológicas. La comprensión de que la Historia del exterminio nazi no se clausura con el apagamiento de los hornos crematorios, sino que requiere su pervivencia en la narración, en el discurso, es lo que previene su repetición.
 
Esta lección ha sido difícil de asimilar para muchos, y ha costado no pocas vidas. En nuestras latitudes, sin haberse perpetrado jamás un hecho de las dimensiones del Holocausto, hay experiencias terribles que muestran la necesidad de conservar la memoria fiel a los hechos.
 
La entronización de un solo individuo en el poder, la posibilidad de que se eternice, lo inviste de una cualidad superior que requiere el borramiento de sus pifias, sus falencias, su humanidad. Esto lleva a la necesidad, entonces, de hacer con él lo que los soviéticos hicieron de la historia de su partido comunista, un relato aséptico, una predicción del pasado. Los romanos, que sabían de tentaciones imperiales, colocaban a un esclavo detrás del César durante sus desfiles triunfales.
 
Mientras recorría las calles de Roma, el esclavo le susurraba al triunfador: "Recuerda que eres sólo un hombre". Ya en ese entonces se estaba al tanto de los efectos desquiciantes del poder omnímodo. Si al ejercicio del mismo se le adosa un discurso providencialista, una narración mesiánica, las peores posibilidades de lo que el hombre le hace al hombre se abren.
 
El resguardo de la libertad pasa por entender que el poder lo ejercen personas, y que éstas requieren de límites. Para ello, deben seguir perteneciendo a la clase de los imperfectos, y esto sólo se logra contando los hechos como son.






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